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Archive for 15 julio 2005

  Me dispongo a escribir las últimas líneas de este blog. Las últimas hasta que vuelva de mis vacaciones, en unas dos semanas. Ha sido una experiencia gratificante el escribir por aquí, y espero haber conseguido cuatro o cinco lectores habituales que se diviertan, reflexionen o se entretengan leyendo mis artículos diarios. Quizá fallase en la distribución del espacio, en el apartado publicitario del asunto, en darlo a conocer más; pero es igual. Como ya comenté, no me resulta complicado escribir, sino encontrar un tema para cada día. Así que, lo más probable es que, cuando regrese, haga un artículo por semana en vez por día, que siempre permitirá tener más originalidad, profundidad y frescura. También aviso que en el apartado de archivos (donde pone junio y julio) están todas las entradas hasta el momento, para quien quiera leerlas. Dichas entradas no pueden estar siempre en la página principal porque sólo permiten tener hasta veinticinco, con lo que lo de los archivos es útil. Y por último, tal vez meta algún otro cambio…, mientras no sea tan hortera como el nuevo logo de Movistar (olvídaMe o esfúMate).
 
  En cuanto a las vacaciones, por una vez hablar de mí y decir que me gusta eso de desconectar una quincena con mi ambiente y rutina normales, pudiendo tener tiempo para leer libros de todo tipo (este año Chesterton, el tradicional Stephen King y algunos sueltos) y para meditar a gusto lejos de los estruendos y humos agobiantes de la ciudad. Y maldita sea, pese a que le he nombrado en el paréntesis, Stephen King es el autor idóneo para el verano. Sus novelas son fáciles de leer, escritas en un estilo muy claro, personal y directo que conecta con el lector, llenas de detalles, curiosidades y referencias a otras de sus novelas; y siempre nos enseña una historia humana, de miseria y locura, de grandeza en el interior de cualquier hombre (venga, a por la quinta batalla contra el Rey Carmesí). Aunque claro que no es comparable a Chesterton. Y ya que estoy, recomiendo una novela que leí hace poco: El curioso incidente del perro a medianoche. Es un libro revelador que, siendo simple y translúcido, emociona por tener un narrador un tanto especial. No es de la talla de Holden Caulfield, pero casi.  
 
  Por fin acabo con esta sarta de recomendaciones y les dejo tranquilos, caballeros. A quien le interese o incumba, mi venida se producirá en domingo, con lo que escribiré de nuevo el uno de agosto. Me voy entonces con algunas canciones de Springsteen para el camino (siempre viene bien para un viaje), dejando aquí socios, reformas, series y proyectos. Y, por supuesto, a ustedes, caballeros. Si alguien tiene una postrera queja o crítica que hacerme por ser un niñato pérfido y listillo  que pega tiros sin ton si son y por haberme metido con los progresistas y con Buenafuente y su patético Neng, que se moleste en dejarla, que siempre sirven para el escándalo y la controversia. ¡Oh, qué mensaje tan egoísta, tonto y recatado! Fríanse.
 
Till the next goodbye
 
Fdo. Capitán Vinagre.
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  Lo molesto del progresismo de nuestros tiempos es que, fiel a su nombre, quiere progresar siempre y avanzar en cualquier dirección, sea o no equivocada, meditada o no, esté o no a favor de las personas. La secta de los progresistas ha acabado ya fuera de la realidad, divagando en la dimensión de las propuestas disparatadas y los sueños de un mundo mejor, manipulados y guíados de la mano tanto o más que sus odiados enemigos, en el cual se hace lo que ellos ya han considerado de antemano mejor. Si algo lleva el sello de progresista, ya parece que es merecedor de alabanzas y sonrisas, y pobre del que intente luchar contra ello, porque será  tildado de franquista sanguinario o de esbirro a sueldo del PP, o quizá sea que atenta contra " el bien común". Ellos, que se suponen combaten al conservadurismo férreo e intolerante, se han vuelto férreos en avanzar siempre adelante como un burro con parches que le impiden ver a los lados e intolerantes al no respetar a los que discrepan de ellos y se oponen a su desenfreno social. Mucho mejor es pensar en uno mismo antes de decir " Qué bien que decidan sobre mi vida privada y casi me obliguen a parecer un condenado gilipollas, ¿eh niños y niñas, amigos y amigas, frailes y frailas? ".
 
  Y hablando del progresismo, son ellos quienes pretenden acabar con la fiesta brava (se sulfuran como pilas podridas al escuchar esos términos). Hace unas semanas, unas señoritas canadienses, miembros de alguna insignificante asociación ecologista, protestaban en cueros en Madrid contra las corridas de toros. Por mí, pueden seguir enseñando sus encantos cuanto quieran (mientras no entren hombres en sus filas), pero no conseguirán nada. A la gente le gusta ver muerte y no hay más discusión. La Naturaleza ha hablado, o tal vez nuestro cerebro descompuesto. Es igual. Los grupos de presión de este tipo, como los que están en pro de los derechos de los animales o los vegetarianos, tienen un aspecto enfermizo, verdoso, que provoca el rechazo inmediato. Y es que vivimos apenas setenta años de media, llenos de preocupaciones, trabajo, problemas y tristezas como para que vengan unos cuantos diciendo que está feo comer carne y cazar animales, amén de matar toros en las plazas.¡ Pobrecillos animales que no dudarían en destrozarnos si tuviesen la oportunidad!. Lo que faltaba para el duro. Sólo el hombre podía ser tan imbécil como para preocuparse de lo asqueroso que es comer animales cuando aún medio mundo se muere de hambre.
 
  Confieso que me aburren las corridas de toros, en su ambiente castizo y arenoso. Pero las defiendo, pues no creo que haya que ver al toro como si fuese un igual, sino como un animal que sirve casi exclusivamente para morir allí. Por otro lado, es una de las muchas válvulas que alivian nuestra violencia inherente. ¿Cruel? ¿La humanidad es un cáncer? ¡ Minucias! Así somos los egoístas y ambiciosos humanos, y hay que disfrutar de los pequeños placeres. Es conveniente atender a otras visiones menos dramáticas, como la que da Waugh en una de sus novelas: dos mujeres viajan a un país africano para supervisar el cumplimiento de los derechos de los animales, donde: " Y no veas, querido. Dimos de comer a los pobres perros callejeros, pero unos niños sarnosos quisieron quitarles su alimento y tuvimos que espantarles de allí ". Dichoso progresismo ciego.
 
Fdo. Capitán Vinagre.

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  Un coche de lujo, una gabardina negra, un rostro arrugado y cansado, unos ojos azules y vidriosos que escrutan la creciente oscuridad, el eterno disco rojo y brillante en la boca y la mano que se acerca al cigarrillo para retirarlo y poder expulsar una andanada (bocanada se queda corto) de humo y odio. Se trata del Cigarette Smoking Man, de Expediente X (el Fumador para las audiencias españolas). Su papel es el de villano central que recuerda a Mulder y a Scully el constante peligro que les acecha por meterse donde no deben. Como buen malvado, se dedica a jugar con las vidas de otros y a experimentar con los buenos, tiene sicarios, una misteriosa relación con el pasado de uno de los protagonistas, fuma en lugares públicos, aparece inesperadamente y vota al PP. Abominable el tío, oigan. Genialmente interpretado por William B. Davis, el Cigarette Smoking Man era una importante pieza dentro del Sindicato, un grupo de poderosos oligarcas a favor de una eventual colonización extraterrestre de la Tierra.
 
  El malo que aparece en todos los capítulos y a todo momento acaba cansando y siendo previsible. En cambio, el Cigarette Smoking Man se hace desear y es una amenaza muy superior para los agentes especiales del FBI Dana y Fox que la de jovenzuelos come-cerebros, veteranos mutilados capaces de proyectarse astralmente y necrófagos piraditos por los dedos de las pelirrojas. Sus apariciones siempre conllevan la revelación de más verdades o misterios en la trama argumental interna de la serie. Una serie de calidad, muy celebrada, ganadora de premios y, también, debido a sus nueve años en antena, muy parodiada; como en Expediente Springfield, un capítulo de Los Simpson (inolvidable aquello de:  Mulder: " Han vuelto a ver otro Ovni en el corazón de América. Creo que tenemos que ir enseguida "; Scully: " Oye, Mulder, también tenemos ese envío de drogas y armas ilegales que llega esta noche a Nueva Jersey "; Mulder: " No creo que ese asunto sea de la competencia del FBI ").
 
  Volviendo al Fumador (al que también llaman Hombre Cáncer, porque, como supones ahora, avispado lector, tiene cáncer), no revelaré nada de sus acciones o de su presunto final. Tampoco es posible determinar si es un malo o un maldito. Quizá sea una mezcla de ambas cosas. En todo caso, es un personaje que ocupa un sitial de honor en mi galería de villanos favoritos, porque lo merece con sólo la continua demostración de estilo que hace y por su cigarrillo imperturbable. Y para el final, elijo la escena en la cual le encañonan con una pistola y dice: " Ya me han apuntado otras veces con un arma. No temo a la muerte. Está sonando el teléfono, ¿ va a dispararme de una vez o puedo cogerlo?" , y acto seguido se oyen tres secos disparos. Descubran el resto. Descubran la verdad.  
 
Fdo. Capitán Vinagre.

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  Hoy toca hablar de los pijos, ese grupo social creído con el que todo el mundo es irreverente, o, mejor dicho, se ríe de él cualquiera (menos sus adeptos, claro). La verdad, creo que entre ellos difícilmente se llamarán pijos, porque suena fatal. Llegar a un sitio y anunciar "soy pijo" debe quedar de un gilipollas increíble. Aun así, pese a que oculten su estado social grupal, es fácil distinguir a un pijo: polo o camiseta colorida y llamativa, peinado a lo peluca más antinatural y aplastada posible, pantalones ajustados (tiemblo),el detalle pueblerino de las alpargatas, ropa interior a la vista y otros complementos tales como pulseras, collares o yo que sé, lazos rosas mismamente. Los pijos se han apuntado al carro de la igualdad entre sexos y, de hecho, en muchas ocasiones no se puede distinguir si el que viene por allí es un pijo o a una pija, ya que su apariencia y maneras son prácticamente iguales. Añadiremos a sus características el uso desenfrenado del móvil, el intento de engolar el habla y que los bañadores floridos y largos son muy de su gusto. Por cierto, entre ellos circula la absurda creencia de que son una especie de clase alta, una elite (que para ser elite ya son demasiados, joder).
 
  Sus cuarteles generales y centros de reunión suelen ser las discotecas, donde se les trata como a un rebaño especialmente productivo y dócil, que cree formar parte de una sociedad poderosa y que compite dentro de ella para subir escalafones. Existe el derecho reservado de admisión, y es normal. Pero el derecho de admisión según se vaya vestido conforme a unos cánones (la ropa de marca o de moda no le concede a uno ir bien vestido o tener estilo) es un requisito inaceptable, que les debe hacer pasar por una gran  humillación; la cual dicen compensar con ligues y copas. No lo creo. Poco más que una mano pervertida tocando culos en la penumbra y algún lío fugaz en los baños. En cuanto a la bebida, lo único decente será lo que se tome el dueño de la discoteca, mirando a través de un espejo opaco a sus lelos contribuyentes y gorgoriteando de placer por lo bajo. Quizá sea un bourbon. En cualquier caso, el baile queda descartado como algo divertido o siquiera interesante, porque en realidad no es un baile, sino un movimiento masivo y desordenado con el solo propósito de generar excitación sexual y más consumo de bebidas. Caen en un engaño tras otro, y lo mejor es que se enorgullecen y alegran del mismo.
 
  La crema pija acaba teniendo acceso a las zonas VIP (Very important people) de las discotecas y ostentan el noble rango de relaciones públicas, véase imbécil que hace publicidad y distribución gratuita de las discotecas, una especie de emisario a lo camello pero que en vez de ofrecer droga ofrece entradas. El ciclo pijo se cierra cuando empiezan a hacer la carrera de Administración y Dirección de Empresas (la famosa ADE) y creen, los muy ilusos, que se convertirán todos ellos en adinerados ejecutivos y que seguirán acudiendo a su cita de los viernes noche. Luego se dan el batacazo. Lamentable. Y lo es tanto, que voy a acabar de una vez, dejándome cosas en el tintero. Mañana hablaremos del Cigarette Smoking Man, que no es tan guay como un pijo pero fuma.
 
Fdo. Capitán Vinagre.

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  Ah, qué tiempos aquellos, allá por el 1999, cuando aún los problemas y disputas se resolvían declarando la guerra al enemigo, las batallas eran a pedradas y a globos de agua recargados, no había ocasión para el diálogo ni para los mediadores, subyacía el honor en algunas personas y no había ni Msn Messenger, ni móviles, ni pijos en cada esquina. Eran buenos tiempos. Al decir guerra me refería, por supuesto, a guerras casi territoriales entre chicos ingenuos, valientes y ávidos de gloria y de aplastar al enemigo. En cuanto al honor, claro que una cosa era tenerlo y defenderlo, pero la cuestión es que estaba allí muchas veces, flotando en el campo de batalla. En el 2005, el honor se ha ido a pasear al callejón del gato, para divertimento de Valle Inclán y compañía. Decía que no había tanta falsedad ni hipocresía, ni sonrisas de cartón apenas. La sociedad de la imagen, la moda y de ser mejor que el otro mediante cosas materiales daba risa. Las conspiraciones se llevaban a cabo como es debido, en reuniones y consejos. Ahora todo sería a través de móviles, con mensajitos saturados de abreviaturas. Vaya sicalipsis, caballeros.
 
  Y es que es el fin de la inocencia. El estúpido deseo del ser humano joven de ser (aparentar) mayor está ocasionando estragos, y apenas hay ya grupos, bandas o ejércitos medianamente organizados y con un objetivo común, dirigidos por un cabecilla, como sí los había en mi 1999. Aunque esto suene bizarro, es necesario que todo chico permanezca el mayor tiempo posible sin ser corrompido por la sociedad y no pase a ir a las discotecas a hacer el mono, diga que los del PP son malo malísimos, se ría con los chistes de Buenafuente y se compre una pulsera contra el racismo (las características son incompatibles). No me sería muy difícil demostrar que alguien de doce años es mucho más sagaz y despierto que alguien de diecisiete (suponiendo los comparados sean gente normal). Y tal hecho se debe a que según crecemos, nos vamos llenando de filtros que nos condicionan (manipulando nuestra realidad) a seguir a los demás y a volcarnos en los gustos de mayorías idiotizadas. Tales filtros nos obligan también a hacer cosas que no queremos para satisfacer a otros, o a comportarnos como no somos, o a no hacer lo que realmente queremos. No hay coherencia, y al final la gente cree que es eso lo que quería hacer, porque ha olvidado sus sueños.
 
  Parece imposible pensar que hoy día sucediese algo como lo que escribe Stephen King en su relato El otoño de la inocencia (aquí traducido de forma infame como El cuerpo), que es todo un canto a la amistad y a la defensa de valores ya perdidos. Y meto la literatura porque, al fin y al cabo, es la cultura lo que nos libra de una sociedad llena de tentáculos y armas, de gilipollas vociferantes. La cultura y el siempre anteponer el "yo" al "tú", y aún más ante el "vosotros", y del todo ante el "ellos". Y que los del 1999 se sigan apedreando, disparando con tirachinas, construyendo barreras y defensas y soñando con dominar el barrio (mundo). Y de paso, qué jodidamente bien suena The house of the rising sun, y cómo me recuerda a aquellos tiempos.
 
Fdo. Capitán Vinagre (¿ Realmente alguien esperaba que lo cambiase?).

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Estado: no conectado

  No deja de ser bastante irónico que me disponga a criticar al servicio del que precisamente me valgo, en una de sus funciones, para escribir en un blog. En cualquier caso, me gustan las ironías. Y en verdad quiero arremeter contra el Msn Messenger, ya que siempre me ha parecido un servicio pernicioso y que lleva a la gente a cometer idioteces y a perder el tiempo miserablemente. Es por ello que procuro usarlo lo mínimo. Por otro lado, no niego la utilidad del correo electrónico. Pero lo que es el Messenger en sí, el chat, la conversación a través de una ventana llena de botones y opciones, es una aberración informática en toda regla. Un aborto humano, que tan sólo engendra conversaciones insípidas y falsas, en las que se puede mentir y aparentar demasiado, en las que se derrocha mucho tiempo a lo tonto y que son casi siempre insustanciales y vulgares. Una conversación por Messenger, por más larga y bonita que pueda parecer, no vale un duro de madera. Es quizá un medio de comunicación puntualmente útil, pero a largo plazo es absorbente y enajena a las mentes débiles.
 
  Si ya el teléfono es cargante y pesado, un instrumento infernal que ocasiona injerencias constantes en tu vida privada, el Messenger te da la opción de estar siempre conectado, siempre comunicado, siempre hablando, tecleando abreviaturas como un poseso y añadiendo iconos divertidos para amenizar el asunto. Y se trata de estar siempre conectado a la sociedad; pero ni siquiera a una sociedad real, sino a una sociedad intermitente de nicks ingeniosos y perfiles con fotos que aspiran a ser graciosas y originales. Aunque ahora dicha sociedad se ha mejorado gracias a la multiplicidad de funciones absurdas (la de enviar un "guiño" a un "amigo" es particularmente repelente) que han añadido en las diferentes actualizaciones, en las que aprovechan para meter más publicidad en las ventanitas de la izquierda. De hecho, podemos hasta informar automáticamente de cuál canción estamos escuchando, en una amalgama cada vez mayor de control de la población a lo Gran Hermano versión cutre. Bill Gates ya se perfila como el nuevo dueño del mundo, con permiso del G-8 y de la Trilateral. Bueno, y del Opus Dei, que todo son caras furiosas por aquí.
 
  Uno puede acabar hipnotizado por los sonidos de aviso de  mensajes instantáneos, o ser abducido en cualquier momento por algún anuncio que se impresiona de repente en pantalla. Además, nadie puede tragarse en su sano juicio lo de amistad por Messenger, aunque es más fácil entablar relaciones debido a lo artificial del asunto, que anula cualquier expresión, sentimiento, tono de voz y mirada, lo que hace muy fácil fingir ser alguien genial cuando en realidad se es un mediocre. Y que conste que no lo digo por experiencia. Decididamente, voy a atacar con zumbidos a todo contacto indeseable. No lo desinstalaré, claro, que hoy en día es un delito social mayor no tener Messenger que no tener móvil. Dios nos pille confesados. Cierro la sesión.
 
Fdo. Capitán Vinagre.

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Senderos terroristas

  A estas alturas, con lo de Londres fresco, todo el mundo tiene muy claro que el terrorismo no va ganar; a base de consignas fáciles, frases rimbombantes, señas triunfales y sentencias terminantes, los políticos dirigentes siguen dando leña a la historia de que la batalla final contra el terrorismo se va a ganar, porque somos la leche. Pero mientras vencemos y llega el duelo final y tal y Pascual, el ciudadano medio va a tener que joderse bastante entre bomba que va y bomba que viene. Qué se le va a hacer. Poco se puede combatir a priori. No es tan difícil cometer un atentado terrorista en un tren o en un metro. Explosivos, algo de organización, electricidad y suerte. La imposibilidad de vigilar constantemente esos medios hace el resto. Otra cosa es lograr escapar. Pero a los terroristas islámicos les da igual porque están alienados y se hacen autofelaciones con su religión. Y la verdad, ¿ganar en qué sentido? No creo que se pueda erradicar así como así este tipo de terrorismo sin antes aplastar y cortar de raíz el Islam (las religiones siempre tan problemáticas), su pilar más visible.
 
  El segundo pilar, que ya sería  causa, es menos claro, o al menos se evoca menos. Allá, por el pobre Oriente, el mundo islámico está harto de los metomentodos occidentales liderados por Estados Unidos; ya desde la aparición de Israel, injusta para los palestinos. Y más actual es la guerra de Irak, que ha calentado mucho los ánimos de ¿Al Qaeda? Por Jano, tal organización no es factible. Más bien, Al Qaeda es la agrupación virtual de muchos pequeños grupos terroristas que se apoyan en la Yihad y tal. Que exista un jefe supremo, de nombre Bin Laden, es algo completamente risible y fuera de lugar. Al fin y al cabo, son sólo una panda de moros fanatizados que atentan cuando buenamente pueden. No estamos hablando del jodido Ejército Cobra, que con toda la publicidad y protagonismo que les dan, ya parece eso. De acuerdo en que son peligrosos para una sociedad occidental dormida y atrofiada, débil de mente y espíritu, pero cualquier general con pocos escrúpulos les mandaba rápido a tomar por culo.
 
  Mas, como no soy un general sin escrúpulos (que me gustaría serlo), no voy a decir cuáles serían mis pasos para vencer al terrorismo islámico. Lo que sí que puedo aportar, sin embargo, son dos cosas: que sería interesante buscar las causas profundas del terrorismo para atacar ahí (en cualquier sentido de atacar); y que se acabe de una vez la moda hortera de, día en el que ha pasado algo de relevancia considerable, día que se transforma en 7-J, 11-M, 11-S. Las elecciones del 14-M, la manifestación del 5-J… Es una nueva tendencia periodística sumamente estúpida y odiosa, como si no se atreviesen a mentar el día entero y verdadero, no sea que traiga mala suerte. Lagarto, lagarto.
 
Fdo. Capitán Vinagre.

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