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Archive for 26 noviembre 2005

  Cuando uno llega a mi colegio, en un mal sueño que tenga, lo primero que le llamará la atención será el asta de la bandera, que, pese a lo mucho que prometía, no tiene bandera, no tiene enseña, no tiene colores al viento. Más tarde, cabe dentro de lo posible que le muestren nuestro "carácter propio" por medio de la cutre y enésima presentación con ordenador de la directora, una monja muy feliz, de enorme talla… religiosa. Ayudada por ella, la profesora de Historia de España, en su día, nos representó la farsa de salir para el África negra un viernes, en misión humanitaria, y estar de vuelta al lunes siguiente. Las fotos que nos mostraba del fructífero viaje estaban retocadas con la más rancia técnica de la tradición del Photoshop. También conviene recordar un suceso tan sonado como el robo del portátil de la directora, caso nunca esclarecido por la gris autoridad del centro (las monjas, no la vieja Policía Armada).
 
  De entre el variopinto profesorado que le acongojará, cuya inmensa mayoría de miembros llegó allí por influencias y enchufes, destaco, primeramente, a la profesora de Historia del Arte, quien, con su desagradable verbo y su enfermiza manía de construir discursos a base de falacias, está empezando a poner en contra de los intereses occidentales a una buena, y estúpida, parte de la clase. Debo recordar que, cuando se sube a la tribuna del marxismo y del progresismo exacerbado, lo hace vestida con un polo de esos de marca, del señor Tommy-no-sé-cuántos. Eso sí, las rayas del polo son bien rojas. En segundo lugar, no me olvido de aquella señora consumida y siseante, con media cara quemada, que nos daba Tecnología. Al parecer, llegó borracha a casa, sonó el teléfono y, en vez de ponerse el auricular en la cara, se puso la plancha candente.
 
  Y demos a conocer una pizca, una chispa del alumnado. Hay un invertido, de los que están de moda, que fue a una manifestación. Y no era la del orgullo gay, sino la que iba en contra del matrimonio gay. Es católico, ya se sabe. También está el vil grupo de señoritas preuniversitarias, izquierdistas ellas, que buscan obligar a nuestra demoniaca sociedad egoísta a hacer un reparto equitativo de los bienes, a dejar de ser tan ricos, opulentos y cabrones, vamos. Su reproductor de música embotellada es como un cencerro blanco, las viste su mamá y sus casas se hallan valladas y tienen portero. Van a salvar el mundo. En fin, les digo que tan sólo queda una persona cuerda en todo el curso, en todo el colegio, y, cínicamente, egocéntricamente, espero ser yo.  
 
Fdo. El Espantapájaros.
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  Hoy, sábado, estaba en la Vaguada cuando me ha entrado una verdadera repugnancia por lo que veía. Pero, más concretamente, ha sido en el Alcampo. Si a la Vaguada se la llama Madrid 2, al Alcampo de dicho centro comercial se le debería llamar Barrio del Pilar 2. Razones más que obvias me permiten realizar esta afirmación: desde los niños de sucia cara vestidos con chándales deshilachados de algún equipo de fútbol, hasta los viejos con boina y mirada perdida, pasando por las personas maduras con el fracaso grabado a fuego en sus destinos. No estoy diciendo que me den asco tales personajes, por Zeus, pero cuando llevaba allí un buen rato, por culpa de una maldita lista de objetos domésticos que no hay en lugares decentes (hilo de metal galvanizado y arcilla), me he sentido hastiado de vulgaridad y he escapado al coche.
 
  Estos pútridos grandes almacenes estaban saturados de consumidores y de objetos de consumo. Los estantes, desbordados de mil y un enseres, en completo desorden, son sometidos a la rapiña de compradores fanatizados y embrutecidos. Antes había una sola crema hidratante, Nivea, pero ahora las hay a porrillo, y las señoras, como para cualquier adquisición, tardan horas en decidir cuál le vendría mejor a su cutis de momia reseca. Muchos se sumergen literalmente en enormes canastas llenas de bragas y sujetadores, o de camisetas y calcetines, o yo qué sé. El manoseo es constante, el tráfico imparable, el ruido exaspera y el caos y la tensión se mascan en el ambiente. No menos de cinco goteras son paliadas con sufridas cajas de plástico. De repente, una voz de grulla, de pedorra, llama a un compañero, pidiéndole que acuda a la caja.
 
  Y en las cajas hay una barahúnda de gente, atascada en una veintena de filas, cargada con cestas o arrastrando carros de metal que rezuman paquetes de filetes y cartones de vino. La espantosa marca del pulgar levantado, el más barato, hace su inevitable aparición y recuerda a la masa en qué degenerado sistema se encuentra inmersa. Las cajeras, meras autómatas, hacen su trabajo con indolencia. Algunos, los afortunados, ya se van por las amplias puertas tras un rápido vistazo por parte del guardia de seguridad, un peruano, tal vez. ¿Reír o llorar? Demasiada mierda por hoy, caballeros.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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Más de 1500 visitas…

  …, proclamaba con tono solemne el título del artículo de aquel sábado de cielo encapotado. El odioso y misántropo personaje que regenta este horrible feudo conservador, dijo el lector, meneando la cabeza, debe de haber tenido uno de sus acusados delirios y ha llevado al paroxismo lo del perro, dándole a su espacio este lavado de cara tan bizarro, Por lo menos, intervino su sinuosa novia, se ha dignado a poner algunos enlaces, que ya era hora. El lector hizo una seña a la chica, que se dirigió a la cocina y volvió cargada con una bandeja sobre la que reposaban dos humeantes tazas de café y un pandoro muy especial, tanto así, que se llamaba Il Pandoro Di Venecia. Ni el moro de Venecia, observó el lector, llevándose un pedazo a la boca, no sin antes haberlo mojado en la taza. Al parecer, el espacio en cuestión había alcanzado más de mil quinientas visitas en seis meses. Menuda nimiedad, pensó el lector.
 
  A mí el tipejo este me da sincero asco, declaró la novia, sorbiendo el café con sus gruesos labios, no sólo se ha atrevido a criticar al bien amado Msn, a Francia, a la política, a los pijos, a la Santa Iglesia Católica y a la madre que nos parió, sino que, encima, el muy rufián, se jacta de ser un cínico y se dice diferente, cuando no es más que una vulgar rana vestida con un sayo rojo para distinguirse de nosotros, que somos verdes, Puede ser, dijo el lector, pero hay que reconocer que, aunque lo más seguro es que sea un farsante y un loco, tiene sus buenos momentos, sus gracietas y sus comentarios vitriólicos, Agh, no merece la pena ni perder cinco minutos en leer cualquiera de sus infectos escritos, no hace más que coger un tema, atarlo a un poste y disfrazarlo de payaso para dejarlo en franco ridículo. El lector miró la hora en su reloj y dijo, Es hora de irse, la manifestación va a comenzar, Cómo se puede hacer tan mal una ley para que no satisfaga ni a padres, ni a alumnos, ni a políticos y ni a curas, se preguntó la novia.
 
  En otra parte de Madrid, mientras nuestra pareja se movía dificultosamente entre la masa de gente, portando una pancarta que rezaba Viva la Iglesia, su educación y nuestros huevos, poco antes de que los antidisturbios les disolviesen a palos y a manguerazos, con pelotas de goma y gases lacrimógenos, que ya es hora de que la Iglesia se dedique a otros menesteres más espirituales y se deje de chuminadas, un chico, joven pero descreído, solitario pero manipulador, escuchando una vieja canción de los Rolling Stones, sonrió viendo la azulada luz de las cientos de sirenas reflejada en su ventana, donde ya resbalaban gotas de agua. Un coche ardía a los lejos. Va a ser un gran siglo, decidió.
 
Fdo. ¿El Espantapájaros?

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  Octubre de 2005. Norte de Marruecos; en plena crisis de las avalanchas humanas. Nuestra historia comienza con una angustiada mujer escribiendo una carta que va a colgar en la Red. Su intención es denunciar lo que sus ojos están viendo y lo que está sufriendo. Hacinados allí, mantiene ocultos a varias personas, a las que más tarde procurará poner a salvo. Tiene mucho miedo, y no es para menos, pues está amenazada de muerte por el gobierno de Marruecos y por el gobierno de España, que, con su caridad, ya ha tocado bastante las narices del poder. Como para hacer más física su advertencia, Zapatero, que ya más que Anticristo es Antisantísimatrinidad, ha apostado alrededor de la humilde casa de la mujer a una cincuentena de desalmados guardias civiles. En su carta, la mujer descubre al mundo la manipulación llevada a cabo por los medios de comunicación y por los gobiernos para ocultar la verdad.

  Y la verdad es que son, al parecer, quinientos mil los subsaharianos que intentaban saltar las famosas vallas. Y de golpe. Eso es un porrón de gente, se lo aseguro, caballeros. Unas siete veces el total de efectivos de las Fuerzas Armadas de España. Mas la solución es sencilla, según cuenta la mujer: " ¡ Armas! ¡Rodilla a tierra! ¡Fuego!", rugen los malvados sargentos antes de que sus hombres se lleven por delante cientos de vidas. A los que sobreviven, les echan a patadas al lado marroquí, donde les encierran en un campo del fútbol situado en medio del desierto que ni el del golpe de Estado de Pinochet en 1973. Una vez presos, les exterminan de alguna forma que no se llega a mencionar. Además, en la tremenda carnicería, un policía español, el agente "piiiiii", está " matando a machete" (no se especifica si en grandes cantidades o utilizando dicho instrumento). Las imágenes que nos llegan del conflicto son sistemáticamente retocadas. La insidia y el ocultismo priman en esa olvidada tierra.

  Por si acaso lo piensan, no es que esté planeando guionizar un capítulo de Expediente X, sino que tal disparatada narración nos fue contada, en clase, por la profesora de Historia de España, quien, todo hay que decirlo, estaba totalmente convencida de la veracidad de lo que había leído y nos exhortaba a desconfiar de los medios y a buscar la información en la Red. Faltaría más. Le he dado un estilo propio a la historia, claro, pero no he inventado nada: así nos la relató (e incluso tiene la dichosa carta), con gran dramatismo y algo exasperada. Si esto no ha sido suficiente para prevenirles ante la demostrada estupidez de ciertos educadores, sepan que, para colmo, varios alumnos se lo tragaron bien tragado. Y así son las cosas y así se las hemos contado.

Fdo. El Espantapájaros.

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