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Archive for 26 febrero 2006

España huele mal

  Regresaba este martes de una visita vespertina al Museo del Prado, cuando en el autobús que me llevaba por el Paseo de la Castellana en delicioso viaje, comenzó una batalla que habría de rememorar viejas gestas contra la pérfida Albión. A causa del partido de fútbol entre el Real Madrid y el Arsenal, cuatro ingleses (tres jóvenes presuntuosos y un adulto gordo y borrachín) se hallaban allí, haciendo el zángano en un país extranjero en día laborable. Qué cosas las de la globalización. Pero, concretando, el casus belli  fue que, tercos y suficientes, no cejaban en su empeño de tener abiertas dos de las ventanas del vehículo, alegando que tenían calor y que " España huele mal"; y eso había helado el ambiente. Pronto unas ancianas airadas les plantaron cara, mas ventana cerrada, ventana abierta. En su risible actuación, los ingleses llegaron a entonar un burdo cántico gutural.
 
  Parecía la lid perdida, pero un audaz joven español, en un perfecto inglés, puso contra las cuerdas a los hinchas desarrapados. Una ventana se cerró definitivamente. Ahora, las señoras increpaban al rodeado grupo de forasteros, mientras otros viajeros aplaudían al salvador de la Patria. Sin embargo, una ventana continuó abierta, pues no era más que el Gibraltar metafórico de aquellos británicos, que defendían su posición como bien podían. Para mi sorpresa, otras dos personas más se dirigieron a ellos en inglés, ya razonando. No bastó para que los ingleses cediesen, y así quedó la ventana hasta que, en el estadio de turno, se apearon entre abucheos y miradas de odio. Era hermoso: España unida contra el invasor. Una chica, la novia del héroe, les dedicó otra frase en su infame idioma: "Go to your fucking country!".
 
  Maravillado ante el cuadro, descubrí que le faltaba un detalle: el sentimiento cainita que reina en España. Y para no ser menos, éste poseyó a los presentes en forma de lenguas, no de fuego, sino viperinas. Los transigentes liberales reprendían a la chica por su exabrupto final, y su novio la defendía. Mientras, los duros conservadores amonestaban a los liberales por su debilidad y medias tintas. Dos bandos otrora amigos discutiendo a brazo partido tras la marcha del invasor. Y en el autobús. Quizá España sí que huela mal.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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  " No es posible que vaya a ser derrotado por un mocoso que no sabe ni usar el ascensor", se lamenta el general Red, con Goku ya muy cerca. El chico ha vencido a los restantes soldados leales y sube los pisos atravesando los techos. Ello hace que se estrelle sonoramente contra la cámara acorazada en la que están el general Red y su secretario, por lo que llegará hasta allí por la ventana. Astutamente, Red activa una trampa y el techo de la sala cae sobre Goku y el ayudante Negro, mientras él se esconde en un receptáculo lleno de botones. El ayudante Negro logra salvarse, pero ya está  harto de los desmanes de su superior. Acto seguido, creyendo que ha vencido, y en un ataque de sinceridad, el general Red confiesa, pletórico, que el deseo que va a pedir a Shenlong no es otro que "aumentar de estatura, para poder tener éxito entre las mujeres".
 
  A raíz de esta delirante revelación, el general Red acaba sus días de un balazo en la sien. El ayudante Negro está indignado: tantas bajas, sacrificios y destrucción para cumplir el mediocre e inocente sueño de su traumatizado líder, y no para alcanzar la dominación mundial. En cuanto al reaparecido Goku, tras hacerle la habitual oferta de que se una a él para conquistar el planeta y desvelarle el nuevo nombre de la organización (Ejército de la Cinta Negra), el ayudante Negro se enfrentará a él en dos fases: la primera, cuerpo a cuerpo, no saliendo bien parado; la segunda, manejando un robot de combate en toda regla: morado y con misiles. Así pues, se cambian las tornas momentáneamente (y más con el uso de la bomba atómica en miniatura), pero, al final, en un ensayo de lo que será la muerte de Piccolo, Goku atraviesa de parte a parte el ingenio mecánico. El ayudante Negro muere en la inmediata explosión.
 
  La colosal batalla narrada constituye una derrota aplastante para el Ejército de la Cinta Roja y su desaparición como tal, mas no su total extinción. Será el vengativo doctor Gero quien intente reponer los románticos ideales de este ejército a partir del uso y abuso de sus poderosas creaciones. La intención es vencer a Goku en justa revancha, pero, paradójicamente, el creador de Célula morirá en una situación similar a la del general Red: traicionado; en este caso por el Androide #17, que cortará de una patada la cabeza del genio. Así, el emblema de la doble erre se perderá por siempre… o no.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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  El Cuartel General del Ejército de la Cinta Roja se halla enclavado en medio de un hermoso paraje natural, con bosques rodeados de blancas montañas. Acerca del edificio, es un correcto cuartel: muros, almenas, bloques macizos, puertas de acero, torres, cañones, ametralladoras, hangares y radares. En el centro de control, sin olvidar a los operarios con gafas y a la pantalla con el mapa del mundo, el general Red ha recibido de la exótica teniente Violeta su segunda esfera mágica, por lo que se fuma un puro a gusto mientras cree que Tao Pai Pai va de camino con otras cuatro. Mal lo lleva el hombre, pues es un Goku bastante enojado el que va hacia allí. Cuando se percatan de su error, suenan las alarmas, dando lugar a otra magnífica escena de la saga, con las tropas preparándose para el combate mientras Goku avanza esquivando el fuego de baterías y misiles antiaéreos.
 
  Pero no está solo. Bulma y compañía (para abreviar) van en su ayuda, temiendo la peor suerte para el chico que se atreve a desafiar a todo el famoso ejército de Red. Sin embargo, se perderán la batalla, entretenidos con el sistema de defensa enemigo, que les lanzará un misil aire- aire. Igualmente, Goku no necesita ayuda. Ya en el cuartel, superado el increíble combate en el aire, la emprende a palos con toda la guarnición, sacando gran partido al hecho de que las balas no le duelen demasiado. En una ocasión, cuando un tropel de soldados dispara a la vez contra él, sí se ve en apuros. Después, los mercenarios deciden tomarse los permisos por adelantado ante las artes del chico. Revienta los carros de combate y los cazas; golpea en la ingle a un soldado; recibe un disparo en la cabeza que le hace un chichón y amenaza al pobre francotirador. Sigue adelante, en busca de las bolas.
 
  Con el centro de control cayéndose a pedazos, Red y el ayudante Negro se retiran a lo que se podría llamar la "torre del homenaje" del cuartel, desde donde observan cómo la situación se les escapa de las manos. Guardando con celo sus Bolas de Dragón y oteando las pantallas, el general Red ve a la teniente Violeta desvalijando la cámara acorazada y dándose a la fuga. El ejército huye en desbandada, desoyendo sus advertencias de que fusilará a todo desertor. En este último refugio se va a representar el acto final de la saga. Es el comienzo del fin.
 
Fdo. El Espantapájaros.
 
NOTA: En este fin de semana, a modo de cutre especial sobre el Ejército de la Cinta Roja, publicaré dos artículos. Uno el sábado (hoy) y otro el domingo, como es habitual.

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Viva Dinamarca

  Por esta vez, no es en Dinamarca donde huele a podrido, sino en otros lugares poco europeos. Ante la caricaturesca crisis que estamos viviendo con estupor y sorna, me pregunto si es aceptable que, tras haberse logrado en Europa la separación entre el Estado y la Iglesia, tengamos ahora que retroceder, instaurando una censura y recortando los flecos de la libertad de expresión en aras de una convivencia cada vez más puesta en duda. Respetarse es necesario, claro, y entiendo que haya indignación en el victimista mundo musulmán, muy dado a rasgarse las vestiduras a la primera de turno; pero de ahí a lo que está ocurriendo hay un largo trecho. Existen otras vías para quejarse a un vulgar periódico, y no es de recibo que una de ellas sea amenazar de muerte a sus directores.
 
  Si el promotor de las caricaturas, ese cruzado inteligente y frío, tenía en mente dejar en evidencia a los creyentes islámicos, lo ha conseguido. Este hombre ha dinamitado la ya de por sí irrisoria Alianza de Civilizaciones: turbas de fanáticos burdos e incultos, azuzados por los interesados líderes religiosos, asaltaban, furiosos, embajadas europeas sin, seguramente, haber visto ni una de las famosas caricaturas. Me irrita que se quemen banderas de Dinamarca sin razón alguna, pues el Estado danés en sí no ha sido el instigador de la crisis. La reacción musulmana, evidentemente manipulada y orientada a debilitar y humillar a Europa, es desproporcionada y, personalmente, se me antoja ridícula. ¿Es que esa gente no tiene mejores cosas que hacer que ponerse a gritar y a blandir palos frente a consulados de un país que no sabe ni dónde está?
 
  Sí parece inoportuna la publicación de las caricaturas, mas es razonable como respuesta a esa especie de censura velada ante lo islámico que parece existir en algunos países. Ya que no me importa lo más mínimo, sé lo básico del Islam, y eso me basta para considerar reprobable y bobo el incendiario rechazo que se ha producido. No se puede pretender el "diálogo entre civilizaciones"  cuando una de las partes son títeres embrutecidos en manos de unos dirigentes ansiosos de poder y de imponer sus trasnochados criterios a Occidente. Ah, ¡y que viva Dinamarca!
 
Fdo. El Espantapájaros.

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  El general Red está contrariado. Su ejército, antes temido hasta por la policía, está siendo masacrado por un niñao con rabo de mono. El último en caer ha sido el capitán Yellow. Este tigre con uniforme de aviador tuvo ciertos problemas con un indio muy fuerte. Pero para el oficial, lo peor fue encontrar repentinamente a Goku subido en su cutre avioneta, justo cuando acababa de secuestrar a Upa, el hijo (sería acertado decir que no tenía un sexo claro) del indio pesado, con fines harto chantajistas. Por supuesto, allí acabaron sus planes. También allí acabó la paciencia de Red. Y es que, el niño, junto a sus amigos, le había vacilado y humillado a él, supremo comandante del Ejército de la Cinta Roja, desde la ahora desierta base del general Blue. Todas las bolas del billar embocadas. A resignarse, se debe decir el tuerto general. Un soldado de fortuna vuela ya por los aires montado en una columna del terrado de su despacho.
 
  La aparición de Tao Pai Pai marca un momento de más seriedad y drama en la saga: combates violentos y ganas de superación. Aunque es un personaje cómico, estrafalario, asesina al padre de Upa atravesándolo con su propia lanza. Luego, casi hace lo mismo con Goku, el cual se salva de chiripa del rayo del mercenario gracias a una de las esferas mágicas. Sin embargo, al malvado le pierde su orgullo y se marcha sin rematar el asunto a comprar un nuevo traje, pues el anterior quedó carbonizado por una onda vital. Esta decisión esperpéntica será la que brinde su derrota, ya que Goku emprende entonces la subida a la Torre Sagrada, con el consiguiente entrenamiento a raíz del agua de Karin, ese gato rechoncho y cínico. Cuando Tao Pai Pai regresa con su traje nuevo a por las olvidadas bolas, se topa con la sorpresa: el chico sigue vivo y ahora tiene mucho más poder.
 
  Segunda fase del duelo. Tao Pai Pai llega a beber el agua sagrada, pero Karin le engaña alevosamente, con lo que el vil hombre se lleva una buena tunda. Encolerizado, lanza una granada a Goku y escapa saltando. Segundos después, su adversario le devuelve el presente de una patada, y le estalla en plena cara, desintegrándolo (luego resulta que sobrevive gracias a unos implantes cibernéticos). El noble Goku jura a su amigo Upa que devolverá la vida a su padre invocando a Shenlong, cueste lo que cueste. Así pues, su próximo destino es el mismísimo Cuartel General del Ejército de la Cinta Roja…
 
Fdo. El Espantapájaros.

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