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Archive for 26 marzo 2006

La Cuatro

  Dadas las indecentes circunstancias de su nacimiento, dado su uso abusivo del color rojo, dado que es una pirueta más del provechoso (y bochornoso) baile entre el Grupo Prisa y el PSOE, no me termina de gustar la cadena Cuatro, y desconfío de ella por instinto. Reconozco que emite alguna serie buena y que a veces intenta innovar, pero hiede a progresista moderno por los cuatro costados, siendo eso insoportable cuando se trata de un medio al servicio del Gobierno; y sólo cuando éste lo ocupe el PSOE (y no como Televisión Española, que es la cadena gubernamental sea cual sea el partido en el poder). Me queda por comprobar si es verdad eso de que en los informativos de Iñaki Gabilondo se habla más de Estados Unidos que de España, desviando la atención de temas sangrantes y que nos afectan de lleno.

  Pero si hay un programa zafio, deleznable y nada recomendable en la nueva cadena, que supera en estupidez al ya marchito espectáculo de “humor inteligente” de Buenafuente, ése es Noche Hache, conducido por un loro sin pizca de gracia como es la señora de cara chupada y gestos vanamente histriónicos que ahora vemos también en anuncios de una compañía de teléfonos: la tal Eva Hache. A destacar del vil espacio los constantes y presuntamente divertidos ataques al PP; los pueriles chistes a costa de Estados Unidos y de Bush (“Tiene el cerebro más pequeño que el de un mosquito, ji, ji, ji”); y el halo de baja calidad y mediocridad que remata el asunto. Y si la presentadora es para dispararse un tiro, por fea, por sosa y por cirquera, peor son sus tristes colaboradores. En fin, una porquería de programa manipulador con careta de payaso.

  Claro que no todo son manejos y lavados de cerebro en la Cuatro, sino que hay sitio para las buenas intenciones y para las apuestas por una televisión de calidad, mas es inevitable asociar a esta cadena con el PSOE y con una considerable carga de adulteración de la realidad en favor de los intereses de dicho partido. Y eso es innegable. Aparte, qué quieren que les diga. Como mucho, les aconsejo vean las series de animación japonesa de Cuatrosfera. En cuanto a Gabilondo, a los leones, hombre, por trapisondista.

Fdo. El Espantapájaros.

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¿Por qué?

  ¿Por qué en España los jóvenes se enfrentan a las fuerzas del orden para poder hacer el marrano y el salvaje en la calle y en Francia lo hacen para procurarse un futuro mejor? ¿ Por qué se abandona el Congreso de los Diputados ante cualquier nimiedad y, en este caso, tildada falsamente de “machista”? ¿Por qué genera “inquietud en la ciudadanía” (en palabras de un portavoz del PSOE) el que un más o menos valiente juez se avenga a ponerle las cosas difíciles a los hijos de perra de Batasuna? ¿ Por qué tanto empeño en no hacer una verdadera investigación sobre los atentados del once de marzo del 2004 ante la cantidad de dudas razonables que surgen en torno a él? ¿Por qué la directora de la Biblioteca Nacional demuestra tener gran incultura y fomenta el cainismo? ¿ Por qué un gobierno presuntamente socialista elabora un Estatuto del trabajador del todo capitalista, que incita a la competitividad? A todo esto, ¿por qué España es tan… diferente?
 
  Estas son preguntas que se agolpan en mi cabeza, irritándome. España está manejada por políticos incompetentes e interesados, no tiene una separación real de los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) y la suya es una democracia más bien cutre, indecente, guarra. La lucha contra el terrorismo, entre otras cosas, ha resultado ser una elaborada farsa que nos viene distrayendo y atocinando. Hoy día, los de la ETA, y a pesar del gran apoyo con que cuentan en el País Vasco, son cuatro aficionados malcriados que se dejan las pistolas en las lavanderías y que luego vuelven por ellas tranquilamente. ¿Alguien se cree que un Estado con ingentes cantidades de policías, de apoyos de todo tipo y de medios a su alcance no haya podido acabar con la ETA cuando es esta tan zafia y desastrosa, sin rastro de estilo o capacidad? Sólo cabe pensar que es provechoso tenerles ahí dando guerra y, de cuando en cuando, sacar beneficio electoral con medianos actos y discursos triunfalistas.
 
  Así como considero que España tiene que enfrentarse a sus porqués y dar digna respuesta a los mismos, igualmente opino que, visto lo visto, el terrorismo de la ETA no puede ser vencido por el Estado de Derecho de ninguna de las maneras, a no ser que éste se valga de: legislación endurecida y eficaz, lucha sin tregua, eliminación de brazos políticos (Batasuna) y uso del terrorismo de Estado como del que otros países se sirvieron para librarse de la carga terrorista. Y entonces España ya no será tan diferente.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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  Los parquímetros, que son unas huchas de color verde o azul, han colonizado más allá de lo que se acordó en la conferencia de turno; y eso está muy mal. Con sus irregulares trazos verdes o azules y sus guardianes equipados con mochila y chaleco fosforescente, los parquímetros están molestando a bastante gente. No ya por el hecho de que el Ayuntamiento de Madrid se crea dueño y señor de calles y plazas y no simple administrador de las mismas, sino porque se supone que las muchedumbres que ahora se están manifestando contra esta situación, antes la habían pedido de rodillas al alcalde, implorando que plantase esos postes ridículos por doquier. O al menos eso decía la carta explicando que, en definitivas cuentas, había que pagar, pagar, ¡pagar! Ya vale con tanto impuesto y tributo, que nos grava el respirar. O mejor, que tales dineros se empleen para mejorar nuestras vidas: más policías y menos chorradas solidarias. Conservadurismo real.
 
  Aunque, hablando de policías, ellos decidieron aparecerse, pasarse por el barrio, cuando lo de las protestas. Una vez al año no hace daño, claro, se dijeron, y menos cuando hay política de por medio; y un nutrido número de ellos se encargó de disipar a las turbas porra en mano. Es una lástima que no se les vea tan a menudo, combatiendo a los criminales que osan enfrentarse al alcalde. Será que la dura lucha contra el terrorismo les ocupa todo el día y todos los números. Pero tal vez sea culpa del concejal de Seguridad, ese tipejo con un aire a Narváez, al mítico Espadón de Loja, pero, entendámonos, a lo homosexual, a lo niño bien escudado tras hordas de policías municipales, no a lo hombre de honor que se pone al frente de sus tropas o se bate en duelo contra quien le ofende. No, por favor, no seamos tan incivilizados, que al señor concejal eso le irrita y se tira de los pelos. Ha amenazado con tomar represalias hacia aquellos que proclamen la guerra contra el parquímetro. Señor concejal, puede meterse los parquímetros por su sacrosanto culo.
 
  Lo que el alcalde y su concejal de pacotilla no parecen entender es que, si un barrio no quiere su invento de mercachifle, pues no tienen nada más que decir. Ni se negocia, ni se llega a un acuerdo, ni nada. Simplemente, no se ponen porque nosotros, sus electores, no queremos. Si con ello todavía persisten en su tozudez, entonces les digo que la mejor forma de destruir un parquímetro es pegando un chicle en su ranura, pues impide que se introduzcan las monedas y nadie va a querer sacarlo de ahí a dedo. Le toca mover ficha, señor alcalde.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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  Sí, llega el triste momento de despedirse del Ejército de la Cinta Roja. Pero no sin antes hacer un rápido análisis a grandes rasgos de lo que suponen estos pintorescos individuos y su genial saga. Por ejemplo, y esto es interesante, son de los pocos villanos  humanos (importantes, se entiende) que hay en Dragon Ball. Los demonios, extraterrestres y androides que copan las siguientes temporadas de la serie suelen ser apuestos, fuertes y elegantes. En cambio, el inefable Toriyama, al usar a los humanos como malos de turno, compone a una panda de militares depravados y extravagantes que, sirviéndose de técnicas cochambrosas, armas convencionales y haciendo gala de pocos escrúpulos, fracasan catastróficamente, y, muchas veces, haciendo el más absoluto de los ridículos. Aunque es precisamente eso lo que hace que sean tan especiales: que son gente más o menos normal y corriente metida a la conquista del mundo.
 
  En cuanto a los oficiales, todos ellos son peculiares y dignos de verse. El coronel Silver es el pistolero de la gabardina, un tópico del anime. El sargento Metálico es una parodia del Terminator de Schwarzenegger y su camarada más cercano, el sargento Púrpura, un ninja de opereta. El tramposo general White hace referencia al malvado de torreón, que se oculta en el último piso y no sale de ahí. No menos curioso es el general Blue: su uniforme de camisa parda, unido a sus ojos azules y cabello rubio y a que es homosexual, deja en mala posición a los nazis del siglo pasado. El capitán Yellow y la teniente Violeta están en un segundo plano, aunque uno es muestra del gusto del autor por animales comportándose como humanos y otro es el necesario personaje femenino (y es una zorra, la chica). El ayudante Negro sí que es una brutal sátira de Viernes, el amigo de Crusoe: en principio fiel y servil y, más tarde, traicionero.
 
  Y el mejor de todos los personajes que engloba mi ejército favorito es su dirigente: el general Red. Su mínima estatura no le impide reclutar a tan tremebundo ejército, pues el dinero todo lo compra, y su final es antológico. Se trata de un tirano venido a menos cuyo sueño era ser más alto y, luego, ya dominarían la Tierra (eso que no falte). Dejará un enorme legado en la figura clave de Gero y una frase para la posteridad, espetada al ayudante Negro: "¡ Te he dicho que no te pongas de pie al lado de mí! ¡Se me ve bajito!". Act est fabula.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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