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Archive for 25 junio 2006

¡Viva Urdaci!

  Nunca me han sentado bien las actuaciones de los sindicatos. Sé que algún día tendré que pertenecer a uno, y también sé que han sido y son fundamentales en la regulación de las condiciones laborales de los trabajadores. Pero cuando digo sindicatos estoy refiriéndome exclusivamente a dos: UGT y Comisiones Obreras. Esta politizada y vieja guardia del sindicalismo se caracteriza por su pasividad, su pretensión de ser un grupo de presión más y por la que es más o menos su fiesta anual: una huelga general en mayo. Luego están sus dos entrañables líderes, Cándido Méndez y José María Fidalgo. A este último sí que le dieron un buen mamporro con una bandera, y no a Bono. Eso es lo que pasa por ser tan estirado, sindicalista de medio pelo.
 
  Bien, valga lo dicho de introducción a una experiencia: me encantó cuando Alfredo Urdaci, en el famoso caso de la reducción del impacto de una de esas huelgas generales, leyendo la sentencia en contra de TVE, pronunció "Comisiones Obreras" así: "Ceceoo". Un rabioso acto de rebeldía que le valió mi aplauso, si bien este señor cometió determinados errores (no tantos como se piensa) que supusieron poco menos que su crucifixión y su salida de TVE una vez Zapatero subió al poder, ya que el torticero político hizo campaña del periodista, prometiendo su expulsión mientras era jaleado por sus siervos, quienes amedrentaban a Urdaci con ese "Sé dónde estudian tus hijos" o "Te vamos a rociar con gasolina y tiraremos una cerilla". Mas el desaire a los sindicatos oficiales quedó ahí, atrevido y maravilloso.
 
  Con este artículo quiero, pues, reivindicar la figura de Alfredo Urdaci, que merece mis mayores alabanzas por su importante carrera profesional, por ser meritorio autor de cuatro libros (recomiendo el primero y el último) y por haber sabido resistir la inquina de la izquierda con una sonrisa en la cara. Que en España la izquierda da risa ya lo sabemos, pero la derecha parece que da miedo, y por ello se la quiere combatir con la misma medicina: con amenazas y puños en alto. Todo esto no es sostenible en una democracia.
 
Fdo. El Espantapájaros.
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  Según Cánovas del Castillo, una nación es fruto de la Historia, y nunca de un plebiscito, ya que ésta es anterior a la existencia de los actuales ciudadanos porque es algo más profundo. Ayer, Cataluña pasó a ser una nación gracias a un Estatuto que aprobó uno de cada tres catalanes. Uno de cada tres. Os digo que Cánovas se debe estar revolviendo en su tumba.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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Viaje a la Autónoma

  Fui a la ida en coche y a la vuelta en tren. Deliciosamente depresivo viaje con deprimente destino: Universidad Autónoma de Madrid. Qué ciudad del saber tan desastrosa y destartalada, que a pedazos parece caerse, y no son mejores los empapelados interiores que los grises exteriores. Ya les podrían dar una subvención o algo. El caso es que hicimos los exámenes de Selectividad en un aula pequeña y discreta, donde sólo estábamos un colegio, vigilados por el gordo y la flaca. El gordo se podía llamar por lo menos Aguado, y no tenía cuello ni ganas de estar allí, así que se iba a tomar café cada cuando. La flaca era sin lugar a dudas una soltera feminista, una antipática señora vestida con chillones trapos más propios de jóvenes sin estilo que de mujeres ya maduras. Luego comenzaron las pruebas.
 
  Dicen que los exámenes de Selectividad son fáciles. Sí. Son fáciles cuando ya los has acabado. Hasta entonces habría que ver si lo son tanto o no, pues muchos han sido los nervios y no menos el pánico escénico de estar en la inhóspita y a todas luces progresista (de ahí su deleznable estado) Universidad Autónoma de Madrid. Ese adjetivo central, autónoma, me es odioso, me sienta mal. Es porque me recuerda al Estado de las Autonomías, que es el español, y no me gusta nada. Encima, uno de los custodios (no sé si el profesor Aguado o la agria solterona) cometió una falta imperdonable: escribir en la pizarra "Los que tengan un sólo (sic) examen acabarán a las 11:30". ¿A los que tengan un "solamente examen" se querían referir con ese acento mal puesto? Ni de un centro del saber te puedes fiar.
 
  Acabados los exámenes el jueves, salieron los jóvenes bárbaros a las verdes praderas que circundan el recinto universitario, donde doy fe de que bebieron de cubos de basura y se fumaron los libros de texto. Entre tanta muestra de escasa clase en el disfrute de los ocios de la juventud, apareció un grupo no menos depravado: tres chicas enfundadas en impermeables que repartían bolsas de basura para reciclar, usando pitos para llamar la atención. Y entonces marché con los fieles y lo celebramos con una botella de tequila.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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Ha estallado la paz

  El último examen de Selectividad cae fulminado bajo mi furia escritora. Tras ciertos formalismos y cortesías, acudo a unos servicios de la destartalada e infestada de anarquistas de salón (otra de mis peores carroñas posibles) Universidad Autónoma de Madrid (donde no pienso cursar estudios de ningún tipo) para descargar mi vejiga. Ya en el retrete, por si no fueran bastantes los papeles, pintadas y carteles que forran todas y cada una las paredes de la universidad proclamando consignas anarquistas, encuentro en la puerta curiosos dibujos y frases. Aparte de las consabidas y progresistas "Fin de la represión y de las torturas a ETA" y "No al Estado policial", típicos exabruptos de la delirante retórica etarra (ojalá fuesen así las cosas), hay algo nuevo. Un teleobjetivo que enmarca un nombre, Marlaska, al que parece disparar un terrorista idealizado. Ciertamente ese juez es un obstáculo para la paz, como muchos aprecian, y aquí se ve reflejado que unos y otros comparten la misma opinión: o paz o nada.
 
  ¿Habrá sido un estudiante quien haya realizado estos reveladores grabados o habrá sido el mismísimo rector de la universidad? Que paren el tren de la paz, que yo me apeo.
 
Fdo. El Espantapájaros.  

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Los mayores

  En el pasado reciente, en el colegio, los mayores eran temidos. Y tan temidos. En una sociedad autoritaria y jerarquizada, eran pocos los que reunían el valor suficiente para recorrer sus pasillos o siquiera acercarse a sus clases, tenidas por lugares prohibidos; y se podían contar con los dedos de la mano los que se enfrentaban a ellos o les respondían y llevaban la contraria. Tener aliados o hermanos mayores implicaba poco menos que una total impunidad y manga ancha para cometer todo tipo de tropelías y desmanes contra el prójimo. Por otro lado, la intervención de un mayor en conflictos de los cursos inmediatamente inferiores al suyo significaba la llegada de la paz, o que un bando, el apoyado por el mayor, se podía ir proclamando vencedor de la contienda.
 
  Hoy ya no. El proceso de globalización ha afectado también a los centros de enseñanza, y se ha impuesto lo que se podría llamar una comunicación fluida y sin complejos entre cursos. Vamos, que los que tienen trece años se pueden llevar perfectamente bien con los que tienen quince, lo cual no se daba de ninguna de las maneras, porque no era normal y porque eran estratos sociales diferenciados, cada uno tenía el suyo y todos contentos. Con eso perdido, se acabó el poder de los mayores y el temor y respeto que inspiraban. Resulta que al estar todo el mundo unido mediantes nexos de amistad, comunicaciones constantes (el teléfono móvil, el ordenador), etcétera, ¿qué autoridad van a tener sobre nosotros los mayores, si yo tengo cuarenta amigos con los que hacerles frente?
 
  Es decir, llega uno a lo más alto y se encuentra con que las reglas del juego han cambiado a peor. Que dirigirse con desprecio o descaro a los mayores no suele conllevar una contundente represión. Que ya no puedes sacudir a un crío insolente sin que se te eche encima medio colegio. Que pasear por los pasillos de los mayores o hasta tratarles con cercanía, de forma campechana, es práctica habitual. Es de risa. Con la de imbéciles que merecen un escarmiento, nosotros, los mayores, ni somos juez, ni jurado, ni verdugo.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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Primer aniversario

  Tal día como hoy, cinco de junio, hace justo un año, inauguraba este espacio. Mis agradecimientos a los lectores por leerlo y a mí por mantenerlo. Espero que los primeros continúen disfrutándolo y el segundo no defraudándoles. Y ahora, a por otro año.

 

Fdo. El Espantapájaros.

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  Se han celebrado las Jornadas de Puertas Abiertas del Congreso de los Diputados. Y hoy he ido a visitarlo, que me hacía franca ilusión ver el interior de tan emblemático lugar. El Congreso de los Diputados es el centro de la vida política española, y su contenedor es el Palacio de las Cortes, un edificio de estilo neoclásico que fue inaugurado en 1850 por Isabel II. Su pórtico no es tan impresionante como el de la Asamblea Nacional de Francia, pero igualmente es solemne y bello, con sus seis columnas corintias, sus dos leones y su frontispicio con relieves. La bandera está en lo alto, ondeando. La larga fila de visitantes daba la vuelta a la construcción, llegando hasta el Museo Thyssen. La media de edad rondaría los cincuenta y muchos años. Los jóvenes estaban con resaca.
 
  Ya dentro, hechas las presentaciones, la mayoría de interesados se ha dirigido al Salón de Sesiones, el denominado "hemiciclo", pasando de medallones de políticos ilustres y de la estatua de Isabel II. Fueron directos al grano, a ver las marcas que dejaron los disparos de Tejero en el mencionado Salón de Sesiones. Es éste un espacio más reducido del que creemos ver en el televisor, aunque el lujo y oropel se desbordan: paredes de mármol, bellas columnas, tapices, alfombras, los cómodos sillones, ordenadores en cada escaño y los Reyes Católicos en mármol de Carrara presidiendo, flanqueando el escudo de España. Después de esta atracción principal, la siguiente era la galería de retratos de los Presidentes que ha tenido la Cámara a lo largo de su historia.
 
  Las nuevas dependencias, las ampliaciones, no tenían ese regusto histórico del Palacio de las Cortes original. Son instalaciones funcionales y relucientes. Nuestros queridos políticos se miman con cuadros modernos, aire acondicionado y tecnología punta. En fin, que la visita merece la pena pese a la espera, y que he rendido homenaje a Antonio Cánovas del Castillo y a Práxedes Mateo Sagasta fotografiándome junto a sus retratos. El de Federico Trillo era más bien mediocre al lado de éstos.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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