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Archive for 30 agosto 2006

París (y II)

  París es una ciudad grandiosa, hermosa, monumental. Una ciudad imperial. No fue siempre así, y por ello mucho debe la capital francesa a las importantes reformas que el barón Haussman (1809-1891) llevara a cabo en ella, auspiciadas estas transformaciones por Napoleón III (1808-1873), en el contexto histórico del Segundo Imperio (1852-1870), un régimen injustamente despreciado y olvidado. El caso es que tales renovaciones hicieron de París lo que vemos hoy: largos bulevares y calles, cuidadosa y ordenadamente trazados en un estudiado urbanismo, que desembocan en plazas de incomparable belleza que dan cabida a monumentos maravillosos. El tejido urbano resultante es el esperado y deseado, y el aspecto general de la ciudad homogéneo (la mayoría de viviendas datan de los años 1870-1900, blancas, limpias, con clase, de seis o siete plantas y con tejados negros de pizarra) y portador de un aire unas veces neoclásico y romántico otras. La sublime ciudad decimonónica.
 
  Pueden hacerse una idea de que moverse andando por París es una gozada, y más cuando sus medios de transporte público son tanto o más calamitosos que los de Madrid. Si hay ciudades que tienen un casco histórico, París entero lo es, siendo una urbe inabarcable y desbordante del ojo humano, que no puede aprehender todo lo ofrecido. Y no sólo es estético el disfrute, puesto que enclaves como la Plaza de la Concordia (aquí estaba la guillotina) significan mucho para los amantes de la Historia como yo, y llegar hasta allí habiendo visto en el recorrido otras edificaciones míticas es un verdadero privilegio. Pero no les aburriré más con este tipo de descripciones, ya que me centraré en tan sólo dos aspectos de París: su estilo y su limpieza y orden.
 
  En cuanto a lo primero, basta con decir que uno podría pasarse horas absorto en la contemplación de los meros edificios de apartamentos, que, como he explicado, son de una belleza y distinción propias del siglo XIX: sus pilastras, sus frontones, sus relieves, en fin, quién pudiera vivir en casas así. Y todo ello en óptimo estado de mantenimiento, porque es obligatorio restaurar las fachadas cada diez años. A fuer de conservar la ciudad tal y como está, el crecimiento urbano es regulado y vigilado, no como aquí, en Madrid, que se desarrolla al igual que una ciudad tercermundista. Con ello, se descubre al momento que París es una ciudad orgullosa de ser lo que es, y que, solamente desde la Torre Eiffel al Sagrado Corazón, condensa un patrimonio sin par. En mi estancia pude hartarme de visitas, de museos y de paseos. Sin embargo, nunca fue suficiente. Me cuesta decirlo, pero, Madrid, al lado de este París inmenso, y sin menoscabo del amor que tengo a mi ciudad, es un villorrio infamante.
 
  Pocos franceses tuve ocasión de ver, o al menos franceses de pura cepa, ya que allí la inmigración es notable. Empero, la identidad francesa no ha disminuido un ápice: las banderas ondean cada dos por tres, incluso en ramilletes de seis o quince enseñas. Es evidente que no sufren un problema nacionalista como el nuestro, que ha mermado nuestro patriotismo y nos ha llenado de dudas sobre qué somos en realidad. Estas y otras diferencias redundan en la limpieza y el orden, ya que allí la autoridad, comprobada su seriedad y eficacia, y no relacionada con regímenes pretéritos, es respetada (sin olvidar que, cuando ésta se propasa o se empeña en algo inaceptable, el pueblo de París sabe responder como hizo en el pasado), y la ley, cumplida. Escasas pintadas pude contabilizar, lo mismo que desperfectos fruto del vandalismo o basuras acumuladas en parques (muy verdes, muy cuidados y muy vigilados; con rejas). Hay que recordar que en París no hay quinquis ni gitanos que lamentar, y los jóvenes son de una sorprendente civilización, su esparcimiento en parques es calmado y tranquilo, incluso siendo grupos bastante variopintos. Los ciudadanos pueden pasear seguros por la noche, por el centro o no, y aprovechar zonas verdes y lugares de ocio sin idioteces e incomodidades varias. Hay mendigos, sí, pero afirmaría que son más educados y respetables que muchos de nuestros jóvenes gamberros de pelo largo en la nuca y ridículo pitillo en la boca.
 
  Ya ven que mi experiencia parisina ha sido muy satisfactoria y enriquecedora, y que, aparte de haber estado en una capital europea emblemática colmada de lugares que que merece la pena ver, he descubierto que hay otras formas de entender la ciudad y la ciudadanía. España, en parte por culpa de nuestros políticos, unos aficionados, en parte por culpa de nosotros mismos, de nuestra idiosincrasia, estamos a años luz de Francia, aunque nos duela este hecho al ser esa nación (y eso no se me olvida, por muy encantado que esté con París) una de nuestras mayores rivales.
 
  De París, qué más les puedo decir. Quizá que me decepcionaron las aceras, que no son de adoquines, sino de asfalto. Quizá que por la noche es brillantemente luminosa y el doble de atractiva que durante el día. Quizá que los pasajes comerciales que albergan algunos bajos (algunos datan del siglo XIX) me cautivaron, tanto por los establecimientos–en los que podías comprar fotografías de principios del siglo XX, libros antiquísimos o bastones espada–como por el concepto en sí. Quizá que el alcalde de la metrópoli es socialista y homosexual, y que no me podía imaginar al repelente Zerolo gobernando Madrid. Quizá que Victor Hugo tuvo dos buenos hogares, con escritorios para escribir de pie, una de sus peculiaridades. Quizá que volveré…
 
Fdo. El Espantapájaros.
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París (I)

  Pongamos que hablo de París. Pongamos que hablo del Teatro de la Ópera, de la Madeleine, de la Plaza Vendome, de los Jardines de las Tullerías, de la Plaza de la Concordia, de la Asamblea Nacional, del Museo del Louvre, del Sagrado Corazón, de Montmartre (el barrio de los pintores), de los cementerios llenos de celebridades, de La Sorbona, de Nuestra Señora de París, de la Santa Capilla, de la Conciergerie, del Hotel de la Villa, del Pequeño Palacio, del Gran Palacio, de la Torre Eiffel, del Sena, del Palacio de Versalles (aunque no esté en París propiamente dicho), del Hotel de los Inválidos, de la Plaza de los Vosgos (donde se ubica una de las casas de Victor Hugo), del Arco de Triunfo, de los Campos Elíseos, del Museo de Orsay, del Panteón, de los Jardines de Luxeumburgo y del Café de la Paz. Y pongamos que mañana escribiré un verdadero artículo sobre mi viaje, que hoy estoy muy cansado.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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Hacia París

  Me voy de viaje, a gozar de los controles en los aeropuertos. Durante una semana estaré en París, donde adivinarán es mi objetivo rendir honores a Napoleón ante su tumba y visitar la casa de Victor Hugo, para mí, uno de los más grandes escritores. Ahora añadan aquí una apretada lista de lugares típicos de París que no pueden faltar pero que no me voy a molestar en detallar y, tras ellos, posaré con gusto frente a la Asamblea Nacional. Si les digo la verdad, espero no encontrar también por allí a los quinquis de turno con sus motos y sus gorras. Cuando vuelva, procuraré relatarles lo mejor posible mi estancia en la capital francesa.
 
  Por cierto, no es necesario que, dada su acreditada buena educación, pongan un comentario despidiéndose y deseándome un buen viaje. Ya me basta con los de la otra vez que me fui. Que no vamos a estar aquí con tanto cachondeo, todos los días de despedidas.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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  Benicasim es una población que, turísticamente, se parece a Benidorm y a otras tantas ciudades del litoral mediterráneo, esto es, palmeras, playas y apartamentos. Disfruté mucho viajando al Desierto de las Palmas, visitando las Bodegas Carmelitano (en su añejo edificio del año 1912) o contemplando las lujosas y apacibles villas que allí se han construido desde finales del siglo XIX. Sí, la plaga de jóvenes agitanados se extiende por toda la geografía nacional, y pude verlos en Benicasim con sus pequeñas motos y sus sucios pelos. Y sí, el papel de los nacionalistas valencianos, del llamado Bloque (nombre seguramente debido a su natural pesadez), es el de un vándalo. Su política: emborronar los carteles de las carreteras escritos en español en un intento por disfrazarlos de valenciano. Penoso.
 
  No faltaron las noticias en mi estancia vacacional, ya saben ustedes a cuáles me refiero. Que si Galicia ardiendo, que si Castro se muere, que si Zapatero está de vacaciones… En fin, lo de las tramas incendiarias a cargo del PP fue un chiste muy bueno contado a medias entre Rubalcaba y los nacionalistas gallegos, con la gruesa y torpe Narbona haciendo los coros. Lo de Castro estuvo medianamente interesante. Para muchos fue esperanzador. Para otros, como para Zapatero, un duro trance. El momento cúspide de la crisis fue la publicación de las fotos en las que el Comandante en Jefe aparecía ataviado con esa horrenda indumentaria deportiva a rayas rojas y blancas. A falta de la prometida tarta de coca por su cumpleaños, quizá fue un regalo de Evo Morales, otro del ramo. O sea, que hicieron el paria un rato.
 
  A todo esto de Galicia y su tremenda desgracia, yo me preguntaba dónde estaba esa organización que despuntó con lo del Prestige, Nunca Máis, y buscaba en EL MUNDO su estelar aparición. Han tardado en llegar, pero lo han hecho. Y han vuelto pegando fuerte, con algo extraordinario: manifestaciones no en contra del Gobierno, sino de la Oposición. Vaya por Dios, un malpensado creería que están a sueldo del PSOE y del BNG. Ah, uno de sus nuevos lemas: "Rajoy debe morir". Eso sí, el PP tiene la culpa.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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Breve recalado

He regresado de mis vacaciones; pero estaré poco tiempo en Madrid, sólo una semana, hasta que vuelva a irme por una semana (la cosa va por semanas). El domingo, por supuesto, artículo, además de que procuraré visitar y ponerme al día en cuanto a espacios y blogs asociados se refiere. Y les hablaré de los aldeanos nacionalistas de Benicasim y alrededores (hasta allí se extiende la gitana moda de las greñas en la nuca), de mis impresiones acerca del fuego en Galicia (una grave crisis, más allá de lo político) y de lo gracioso que me resultó ver a Fidel Castro con un chándal del todo a cien (Evo Morales tiene que estar detrás). En fin, un cordial saludo a todos. Ah, y maldito sea una y mil veces Msn por cambiarme por otro año más la configuración del espacio. Dicho queda.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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