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Archive for 29 octubre 2006

  Desde hacía tiempo, aun para los que teníamos una mínima esperanza puesta en el proceso (a secas, por favor), la negociación del Gobierno con ETA estaba enferma, gravemente enferma. Pero ahora, tal es su estado, comatoso a la par que fétido, que ha empezado a infectar todo lo que roza, comenzando por el Estado de Derecho y terminando por la sociedad española. El Gobierno es inmune a ella, ya que, naturalmente, sus miembros están acostumbrados a trabajar sobre cadáveres y desechos, si no peores, sí más hediondos. La licenciosa huelga de hambre de De Juana Chaos y la posterior cesión vergonzosa del Gobierno han puesto de manifiesto que los segundos no manejan la situación, sino que son los primeros, los terroristas, quienes marcan los tiempos. Me repugna esta enfermedad.
 
  Tras anunciarnos reiteradamente que el proceso iba a ser "largo, duro y difícil", Zapatero ya cree que sus insanas conversaciones pueden estirarse como un chicle irrompible. Procurará alargarlo, aunque se halle en plena putrefacción, hasta las próximas elecciones, a fin de esgrimirlo cual penosa arma frente a sus odiados rivales del PP. Pero el cuantioso robo de pistolas en Francia ha sido un duro golpe para un diálogo demasiado corrompido, una agravante inesperada que ha sacado el lado más inflexible y respetuoso con las leyes de Zapatero: "Tendrá consecuencias… –Larga pausa–. En su momento…". Luego de ser humillado públicamente por un partido ilegal, el orgulloso Presidente ha recurrido a sus siervos más próximos, Rubalcaba y De la Vega, para escudarse en las vaguedades de siempre.
 
  Por tanto, cada día que pasa me parece más evidente que los españoles tragaremos con el cuerpo muerto de la negociación, un plato nada sabroso. La enfermedad a la que me refiero nos debilita, pero a los terroristas les revitaliza: hacen acopio de fuerzas, presionando y chantajeando con altivez, deshonrando a un Gobierno que no responde a los golpes porque, entre otras cosas, honra no tiene. Supongo que le preocupan más los avales europeos a este proceso que conduce al cataclismo por el camino de la ignominia.
 
Fdo. El Espantapájaros.
 
 
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  Nueva colaboración para Aragón Liberal, esta vez sobre La República, las religiones, la esperanza, recomendable obra de Nicolas Sarkozy prologada por Aznar. En cuanto a la serie de artículos sobre los ochenta, no la seguiré mañana, sino la semana que viene, porque las trágicas circunstancias políticas de esta semana (difícilmente podrían estar peor las cosas) hacen que escupa fuego por la boca y tenga más ganas de meterme con Fu Manchú Zapatero o sus esbirros que de hablar de prodigiosas décadas pasadas (aquí tienen un sustitutivo musical).
 
  Y no se me ha de pasar el celebrado aniversario de Zapaterías Rimadas, donde esta semana Monsieur de Sans-Foy, genial, brillante, original, incansable satírico en sus miles de versos, recuperaba y completaba un romance muy especial… No pude conocer esa bitácora en su nacimiento, pero espero estar asistiendo a uno de sus mejores momentos. ¡Ojalá que dure mucho! 
 
Fdo. El Espantapájaros.  

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  Me ha sido de gran dificultad encontrar una película representativa de los ochenta, ya que hay muchas que pueden serlo: E.T., el extraterrestre, Regreso al futuro, Cazafantasmas, Robocop, El chip prodigioso y un largo etcétera imposible de enumerar y que siempre dejaría fuera obras maestras de nuestra década estrella. Pero mi elección entre tanto y tan bueno es Loca academia de policía. ¿Por qué? Bien, que pertenezca al género paródico absurdo hace que sea una rica amalgama de asuntos propiamente ochenteros y, además, no negarán que sus continuaciones también exudan el espíritu de la época, al menos hasta Loca academia de policía 6: Ciudad sitiada, donde, estando aún en 1989, quedan reminiscencias de la ciudad llena de humos, anárquica y tomada por criminales, Mr. Big al frente. 
 
  Mas regresemos a 1984 (esa fecha clave y sugerente), que es cuando se estrena la primera parte de la saga, dirigida por Hugh Wilson (no participará en las continuaciones). El argumento, o la falta de él, no hace falta ni explicarlo, porque en esta película lo que cuentan son unas humorísticas y disparatadas situaciones basadas muchas veces en escenas inconexas, su reparto de personajes inmortales(principalmente, el listillo simpático, el negro de los ruidos, el negro fuerte, el policía al estilo de los malos de Harry el fuerte, la negra pequeña pero matona, el agente apocado y afortunado y los oficiales estúpidos en un caso y seniles en otro) y, cómo no, su banda sonora, con el gran tema central. Y no dejemos de señalar su bajo presupuesto, otra característica de muchos fantásticos filmes de los ochenta.
 
  Con ser la mejor de todas esta primera parte de una saga de siete títulos, Loca academia de policía 2: Su primera misión (1985) no se ha de menospreciar, sobre todo por presentar la desastrada y desmadrada urbe modelo de los ochenta. Aunque su tema musical para las apariciones de los villanos–macarra, fugaz y cargado de trompetas–y el jefe de la banda de delincuentes, el demente melenudo que habla a aullidos ininteligibles, son puntos sobresalientes de una película que, como la anterior, destila los ochenta puros por todos lados.
 
Fdo. El Espantapájaros.
 
 

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  Doy el pistoletazo de salida a una serie de artículos sobre la desaforada década de los ochenta. Quienes verdaderamente la disfrutaron, verán en el panteón a la vulgaridad, a lo cutre, que son ahora esos años el resultado de mezclar y agitar la política y la psicodelia de los sesenta y la vistosidad y relajación de los setenta, un cóctel que origina unos ochenta creativos, originales, pero también más preocupados de la forma que del fondo. En el campo de la música, los ochenta brillan en todo su esplendor con grupos como Twisted Sister, "horribles" (según el cantante, Dee Snider) ejecutores de hard rock a la manera de su tiempo, esto es, vestimentas llamativas, cabelleras cardadas, maquillajes extravagantes, actitudes irreverentes y canciones con fuerza pero con letras muy superficiales.
 
  Pese a haber nacido en los setenta, Twisted Sister alcanzó la fama en los ochenta gracias, entre otras razones, a los vídeos que hicieron de sus canciones más exitosas, sobresaliendo los de I Wanna Rock o We’re Not Gonna Take It, los cuales, además de estar dotados de una gracia llana, algo perversa, presentan valores tópicos y visuales típicamente ochenteros: el instituto selvático, el profesor represor, la unidad contra el malo, la coreografía artificiosa, la realización pobre aunque sin complejos… Ulteriores vídeos musicales (Be Chrool to Your Scuel, Hot Love) ahondarán en este estilo entre cómico y provocador. Tras cinco discos de estudio (el último en 1987) y una fama de barriobajeros también muy de la época, el grupo decayó. Hoy son una suerte de reliquia nostálgica. 
 
  Puede que Twisted Sister no sea el mejor grupo de los ochenta, y que ni siquiera esté entre los diez mejores, pero por su garra y su estética me ha parecido adecuado para abanderar la representación musical. Además, son un buen exponente de la perspectiva desde la que quiero abordar los ochenta, que no es otra que la que nos enseña una etapa tan gloriosa e ingeniosa como cochambrosa y disparatada. Oigan los discos Stay Hungry y Love Is for Suckers y viajarán al lado más alucinante de esta década de locos.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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Hispanidad

Lo primero, y dado que hoy también me apetece darme publicidad, dos recordatorios (sí, dos). E informar de que, puesto que han comenzado las clases universitarias, mi actividad en Internet se reducirá a los artículos de los miércoles en Navarra Liberal, a colaboraciones más o menos esporádicas con Aragón Liberal y a los artículos que, como es regla, se publicarán aquí a los domingos. Esto será así a no ser que suceda algo excepcional que necesite comentar inmediatamente.  

 
  Por ser el Día de la Hispanidad, hoy es una de esas excepciones. Luminosa mañana en Madrid, ideal para una espléndida parada militar (un diez) y para abuchear y pitar a Zapatero, costumbre ya en esta señalada fecha. Y como novedad en el desfile, la UME (Unidad Militar de Emergencias), tropas especiales al servicio del Presidente. La guardia pretoriana de Zapatero iba uniformada de negro y amarillo, por lo que parecían fuerzas tenebrosas de la organización SPECTRA, los enemigos más reconocibles de James Bond. La creación de este cuerpo tan particular hace fuerte mi teoría de Fu Manchú Zapatero y sus planes de dominación al precio que sea.
 
  Dejando atrás la fiesta, pero no lo español, hay algo que termina de salvar esta agria semana: el nuevo libro de Federico Jiménez Losantos, De la noche a la mañana. La lectura del adelanto de dos capítulos ha despertado mis ansias y este fin de semana habré de comprarlo, si es que no se ha agotado ya. Espero un libro de memorias vibrante y rabioso, del estilo de Amarga Victoria o El desquite, ambos de Pedro J. Ramírez.
 
  Ya que me estoy enrollando un poco, no voy a dejar de mostrarles unos extractos de Los nuestros, otro libro de Losantos que se compone de magníficas píldoras biográficas de cien personajes de la historia de España. No hay que ser un adivino para saber que las citas las saco del capítulo dedicado a Antonio Cánovas del Castillo. Sirva de modesto homenaje a quien tanto hizo por este país:
 
  "Su mérito fue el de resumir la historia del liberalismo español, tanto en lo doctrinal como en lo político y lo administrativo."
 
  Y sigue:
 
  "Casi un cuarto de siglo, de 1874 a 1897, dominó la escena política y garantizó normalidad, paz, y un aburrimiento–los ‘años bobos’–tan cierto como reparador para aquella España que padecía desde 1808 el baile de San Vito."
 
  Y muere:
 
  "Ese día, la historia de España se detuvo, pensó en el legado de Cánovas y, como él hubiera querido, continuó."
 
Fdo. El Espantapájaros.

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Tarados de Madrid

  El centro de Madrid es un nido de tipejos raros y gentes variopintas, de tal suerte que siempre que pasas por allí te llevas una o dos sorpresas. Este viernes me encontraba yo en la Fnac para obtener los dos últimos discos de los Rolling Stones que me faltan para completar toda su discografía de estudio. Tras ocuparme de eso, fui a la enorme sección de libros y eché un vistazo a los de teoría política por si me topaba con algo interesante. Y lo hice, sí, pero no con un libro; con una persona. El hombre del sombrero tenía acento sudamericano y se vestía con una muy tropical camisa de algodón. A su lado había una mujer a la que comentaba que, vistos los tomos de instituciones públicas, tenían que ver otros, porque, según dijo: "Si vamos a dar un golpe de Estado, necesitamos consultarlos…".
 
  Aquello me descolocó bastante, pero hubiese jurado que el golpista iba en serio. Sin embargo, no pude reflexionar sobre ello con lucidez, ya que cuando estuve de nuevo en la Gran Vía, pasarela madrileña de todo lo extravagante y surrealista, una predicadora, libro sagrado en mano, gritaba a viva voz que las puertas de Dios se habían cerrado y que nadie podría abrirlas, por lo que estábamos bien… condenados. Luego, cosas del destino, tuve que volver a la Fnac con un amigo. Antes de traspasar las puertas del edificio, una bruja andrajosa y despeinada nos quiso endilgar una pegatina con la paloma de la paz mientras nos pedía "la voluntad". Por supuesto que fue rechazada, como ha de hacerse con los charlatanes y esbirros de diversas organizaciones benéficas que pululan por ahí.
 
  La tarde del viernes estaba siendo muy extraña debido a esos personajes, por lo que mi repulsión céntrica subió varios grados. Pero la depravación no había terminado. En medio de la peatonal calle Preciados, ocupando casi todo su ancho, se habían instalado tres saltimbanquis que hacían piruetas para deleite de la multitud congregada a su alrededor, que cerraba la amplia elipse causante del atasco. Hube de maldecir tanto descontrol y parranda a escasos metros de la Puerta del Sol. Y es que así es el centro de Madrid.
 
Fdo. El Espantapájaros. 

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  Este vídeo ya visto por todos es una broma y una publicidad de muy mal gusto. El Congreso de los Diputados es la sede de la soberanía popular y no debe convertirse en el escenario de ningún anuncio, por muy noble que sea la causa, ya que se corren muchos riesgos cuando se juega así con tan altos símbolos. Otra cosa es que haya dañado el prestigio de la institución, que no lo ha hecho porque, actualmente, no tiene ninguno.
 
  Pero es innegable que los cuatro gatos han llamado la atención con su insolencia y que, más aún, Fu Manchú Zapatero ha vuelto a quedar dibujado como un cómico producto de marketing, como un bufón sin personalidad, un paria sonriente a quien robar la silla y dejar mensajes contra la pobreza. Denota el poco respeto y dignidad que inspira. A Aznar no se lo habrían hecho. También hay una lectura de mal agüero en este asunto: la imagen de un presidente del Gobierno privado del escaño, es decir, de ser el representante del pueblo, por obra y gracia de cuatro rústicos encapuchados. Que cada cual piense lo que quiera. Y que Fu Manchú Zapatero cuide de su trono.
 
  Por cierto, sin ser mi estilo, hoy sí publicito mi artículo en Navarra Liberal. Es que Nicolas Sarkozy es un gran tipo, y merece que le haga un panegírico y que, para mayor gloria suya, lo dé a conocer.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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