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Archive for 29 julio 2007

  A mí me pilló la noticia de la muerte de Polanco en Maastricht, y me la tomé con normalidad, pues ya sabía de su enfermedad y de su estado agonizante. Todos bromeamos, obviamente, con un lloroso y descompuesto Gabilondo que empezaría su informativo de esta forma: “Españoles, Polanco… ha muerto”. La realidad, como siempre, acabó superando a la ficción; nadie se imaginaba que la edición de El País del día siguiente fuese a ser el mayor panegírico colectivo nunca visto. Escasas debieron ser las personalidades, tanto del mundo político como del cultural, que no escribiesen un artículo elogiando las virtudes del fallecido editor o hiciesen una declaración glosando su importante papel en nuestra democracia. Vaya corte de aduladores y limpiabotas tenía el insepulto. Vaya Gallardón más pelota.
 
  En estos casos, lo educado es el pésame. Hay que desear lo mejor para el alma de Polanco y lo peor para su empresa. Mas no tenemos por qué pasar por la canonización de semejante mafioso. De todas las que leí, la valoración más ecuánime y ajustada a la verdad fue la de Jesús Cacho, que, tras reconocer que Polanco fue un empresario que tuvo la habilidad de convertirse en millonario, ponía las cosas en su sitio: empresario brillante, sí, pero que medró en y gracias al franquismo, que usó a discreción sus medios de comunicación para defender sus negocios y que siempre buscó la sombra y el beneficio de los diversos inquilinos de La Moncloa. En Polanco no hay nada de defensor de la democracia, de centinela de la pluralidad o de cualquiera de esas milongas con que nos están bombardeando.
 
  El poderoso editor deja a su muerte un imperio que se tambalea, si bien cuenta con las suficientes cabezas y brazos como para dar aún mucha guerra. Nos divertiremos viendo cómo se reparten los generales el pastel. Y habremos de ser inmunes a las hagiografías que, en adictivas dosis, ya circulan sobre Jesús Polanco (en El País, en la Cuatro), ya que corremos el riesgo de que nos den gato por liebre. Nombro de nuevo a Jesús Cacho. Él tiene la vacuna más recomendable: su libro El negocio de la libertad.
 
Fdo. El Espantapájaros.
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  En el marco de unas jornadas de convivencia organizadas por la Universidad de Navarra, viajé a Bruselas hace una semana, como ya les conté. He aprendido y disfrutado mucho, y es hora de escribir. No creo que a ustedes les importen los aspectos sociales o espirituales del asunto, así que dedicaré este escrito a opinar sobre algunas de las conferencias que nos impartieron y a dar mi visión sobre lo que, tras haber conocido sus principales instituciones, debería ser la Unión Europea.
 
  La Comisión, el Consejo de la Unión Europea y el Parlamento Europeo se encuentran en edificios gigantes, monumentales, desmesurados, aunque luego da la impresión de que desaprovechan el espacio. Tuvimos en el Parlamento un coloquio de lo más provechoso con Rosa Díez. Había leído buenos artículos escritos por esta mujer y seguido su lucha interna en el PSOE, pero nunca creí que fuese a sentir tanta admiración por ella. Política de principios sólidos, valiente, segura de sí, directa, enérgica, no eludió una pregunta delicada u ofreció una respuesta tibia o ambigua. Nos contó simpáticas anécdotas de los tiempos en que PP y PSOE colaboraban en el Parlamento Europeo en la lucha contra ETA, criticó la política de Zapatero y la decadencia del PSOE como formación nacional, y dio algunas pistas sobre la tercera fuerza política que está concibiendo junto a Savater. Básicamente, su plan es que ese tercer partido obligue a los otros dos a regenerarse. La verdad es que salí del Parlamento aliviado, pues había descubierto que aún quedan buenos políticos en España. Deseo lo mejor para sus proyectos.
 
  El viaje fue completo. Hubo bastantes encuentros, en distintas instituciones, y algunos muy propagandísticos y muy delirantes, en especial los que tuvieron lugar en la Delegación de Euskadi. Si alguien desea saber más sobre ellos, que me pregunte, pero aquí prefiero no hablar. Sí me referiré, cómo no, a la conferencia en la Representación Permanente de Turquía. Ya se imaginarán de qué iba la cosa: la integración total de Turquía en la Unión. El encargado de suministrarnos la propaganda, un tipo alto, ancho de espaldas, con un traje mal combinado (las malas lenguas decían que era el portero), se esforzaba en aportar montones de argumentos. Algunos iban en la dirección de que, entrando Turquía como miembro de pleno derecho, ya no se daría al mundo la imagen de que la Unión Europea es un "club cristiano". Craso error. También había ventajas banales, improcedentes. Por ejemplo, que la Unión tendría más especies vegetales y bosques. Por otro lado, incidió mucho en la idea de una Turquía estable, democrática… y con un ejército poderoso capaz de pacificar a sus conflictivos vecinos y poner orden en la zona.
 
  Ninguna de sus razones me convenció o conmovió, ni siquiera las económicas. Turquía ya tiene una privilegiada relación con la Unión, de la que se beneficia enormemente. Ir más allá, lo puedo asegurar, no es lo conveniente. Es una lástima que en su día se creara una serie de expectativas sobre este tema, porque lo correcto habría sido poner un claro y justo límite a las aspiraciones turcas y no salir de ahí, sin dar nunca a entender que, en un futuro, por lejano que fuese, Turquía podría entrar por la puerta grande. De todos modos, Sarkozy y Merkel sabrán protegernos, no se dejarán embaucar. Que Turquía espere sentada.
 
  Hablaré ahora un poco acerca de lo que me pareció la situación de la Unión. Lo están haciendo mal, aunque con buenas intenciones. Meter deprisa y corriendo a los diez últimos países ha sido un fallo que ya están lamentando, y tampoco son positivas las ideas que por allí circulan de una Europa federal o de dotar de mayores competencias a la Unión. Ya tenemos un mercado común, sin fronteras ni obstáculos; unas instituciones que más o menos funcionan, que hacen bien su trabajo; y una moneda común. Seamos modestos y asentemos lo que hemos ganado, no nos precipitemos por cambios innecesarios sólo para demostrar que hay movimiento. La Unión Europea tendría que limitarse a consolidar su posición de potencia económica, nada más. Quizá también habría que mejorar su apartado de política exterior y hacer otros ajustes. De lo contrario, es decir, de seguir proyectando ampliaciones irresponsables, reformas ambiciosas y demás, la Unión Europea podría morir de exceso de necio voluntarismo y de pasos hacia el abismo.
 
  ¡Ah, que no se me pase Bélgica! Es un país muy bonito y avanzado, pero con problemas. La división entre flamencos y valones supone una grieta que se hace cada día más insalvable. Un belga con el que mantuvimos una tertulia nos informó del nulo sentimiento nacional, de que la gente no tenía simpatías por su monarquía… Parecía que a ellos les diese igual ser belgas que otra cosa, que eso carecía de sentido, que no merecía la pena defender Bélgica… No obstante, en Bruselas y en otras poblaciones, en los balcones y ventanas de algunas casas se veían banderas belgas, exhibidas con orgullo, lo que simbolizaba la resistencia de un país que se resiste a desaparecer. ¡La esperanza nunca muere! ¡Viva Bélgica!
 
Fdo. El Espantapájaros.

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  Este domingo parto a Bruselas, a visitar las instituciones europeas antes de que se pudran más. Desde luego, la Unión Europea no está en su mejor momento. Sin embargo, me agrada ir a Bélgica, patria de Hergé, dos de cuyas obras ayudaron a mi formación en la infancia. Tintín en el país de los Soviets (1930) me mostró el crudo, mentiroso y ridículo mundo bolchevique, lo que me permitió despreciar el comunismo. Y Tintín en el Congo (1931) reforzó mis primeras convicciones políticas, al ver gráficamente las bondades del imperialismo, del que he sido siempre un ferviente militante.

 
  A lo mejor tienen noticias mías en la última semana de julio, pero, como enlazo con las vacaciones en la playa, no sé si será posible. En todo caso, el 19 de agosto, domingo, habrá aquí un nuevo artículo. Que pasen unas felices vacaciones.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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Entrevista a Carajillo

  Por iniciativa mía (no crean que es tan egocéntrico), Carajillo, francotirador despiadado, artista en ciernes, explorador de las relaciones humanas, me ha concedido una entrevista basada en el recuerdo. Él es un hombre de múltiples facetas. Este humilde entrevistador conoce una parte, supongo escasa, de dos de ellas: la musical y la literaria, deslizándose con frecuencia esta última por la pendiente de la crítica social, para lo que toma como punto de partida, casi siempre, experiencias vividas en la pasada década. En esos primeros noventa, sin duda, todavía tenía que persisitir la influencia de las últimas excentricidades ochenteras

Pregunta.- ¿Qué tres aspectos, los que sean, destacarías de la verdadera década prodigiosa, es decir, de los ochenta?

Respuesta.- Tampoco puedo hablar con mucho conocimiento de causa puesto que la viví en su totalidad pero siendo un niño. Lo hortera, lo extravagante y lo pijo estaba de moda, eso creo que llevaba a la gente a ser un poco estúpida pero con mucha menos mala sangre que lo que yo creo que hay ahora. Si me pides destacar tres cosas te diré que recuerdo que la sociedad española tenía bastante idealizada a la americana, me daba la sensación de que todo lo que provenía de Estados Unidos se recibía con mucha expectación y lo veíamos como una especie de paraíso, lo que daba cuenta de nuestra pobreza como país. Y esto lo digo comparándolo con el presente, ahora es distinto, ya no se les admira igual, o al menos yo no. Otra es que las películas de miedo de los ochenta creo que son las mejores, sobre todo las de la primera mitad, no sé si debido a que el miedo que deben dar las películas estaba hecho de una forma más original, pero a mi parecer eran las más grotescas y, muchas veces, con un bajo presupuesto se conseguía una ambientación que daba muy mal rollo. Por último, te destacaría la música simplemente porque antes había menos grupos, en todos los estilos, pero estos eran buenos. Había muchas más probabilidades de poner la radio y encontrarte una buena canción que con la saturación de morralla que hay ahora mismo.

P.-

Ya he recalcado que tus recuerdos suelen volver preferentemente a los comienzos de la última década del siglo XX. ¿Época de maduración y desarrollo de especial intensidad? ¿Momento cumbre, interesante, fascinante?

R.-

Cuando me remonto a aquellos años, con total sinceridad te digo que desde el punto de vista personal lo hago porque fueron los mejores años de mi vida. Pero sí te digo que se trató del inicio del frikismo (entendiéndolo yo como "afición a series, dibujos o películas que tratan de peleas, espadas, pistolas…") en España. Opino que fue la época dorada del anime y de otras muchas cosas y la responsable de que hoy en día haya mucha gente próxima a los treinta que aún mantenga aficiones que desde el punto de vista "general" están consideradas como infantiles. Acerca de la vida social, no sabría decirte. Fue también una época de desarrollo, y en España se produjeron acontecimientos muy celebrados o a los que se les dio mucha publicidad, como los Juegos Olímpicos de Barcelona o la Expo’92: aquel año fue excitante, aunque los posteriores fueron de crisis, y creo que se debió mucho al gasto que generaron esos y otros eventos.

P.-

A ti, es bien sabido, te encanta la música, y no sólo escucharla, también crearla. Pero, ¿en serio hay música de los noventa que merezca la pena?

R.- Por supuesto. Es más, mis grupos preferidos son grupos que tuvieron su época dorada en los noventa y en especial en esa primera mitad, que fue el último gran momento del rock con Metallica y Guns N’ Roses ocupando durante muchos meses los primeros puestos de las listas americanas, además de los éxitos en ventas de Nirvana, Pearl Jam, Megadeth, Red Hot Chili Peppers… Si con los setenta se nos viene a la mente el punk y con los ochenta el jebi metal, en los noventa el movimiento que los caracterizó fue el grunge, que más que un estilo musical era una forma de entender la vida, y surgieron al menos cuatro grupos muy interesantes y de culto hoy en día. Hacia el final de la década ya aparecieron cosas más raras y heterogéneas, como la moda por el rap-metal, nu-metal y todo eso, que ya eran híbridos de varios estilos y que considero música muy chabacana. Eso en el rock, porque en el pop pienso que había también buenas canciones hasta que, a final de la década, y no sé por qué razón, se empezó a poner de moda "lo latino", con letras que no salían del "baila" y del "muévete", y fue lo que abrió la veda para que en la actualidad suframos la fiebre del reggaeton con su proclama machista y mafiosa. Ah, y no nos olvidemos del bakalao, que para muchos nos parece hasta entrañable.

P.-

En una de tus últimas incursiones nostálgicas en el blog, has hablado de los ridículos programas de lucha libre, los de Hulk Hogan, el Enterrador y demás panda. Confiesa, ¿cuál era tu programa de televisión favorito?

R.-

Por aquella época, ya te digo que el gran gurú era Telecinco, era el canal adorado por los niños y odiado por muchos mayores a los que les parecía estúpido: sin apenas informativos, muchísimos dibujos y, cuando no, concursos tontos como Su media naranja, Vivan los novios, V.I.P, Carmen Sevilla haciendo el tonto en el Telecupón… Telecinco era un auténtico circo en sus comienzos, pero a los pequeños nos encantaba. Y bueno, ya sabes que mi programa favorito era Los Caballeros del Zodiaco y también Campeones, Bola de Dragón (esto era en Telemadrid) y muchos otros dibujos japoneses que echaban. Aunque también en Telecinco estaba el mencionado Pressing Catch, Twin Peaks (buenísima serie hasta el capítulo quince más o menos) y el tan reivindicado hoy en día Humor Amarillo (los comentaristas que salen ahora en Cuatro no son tan graciosos). El Precio justo, con Joaquín Prat, igualmente me gustaba mucho. Y los especiales de Nochevieja de Martes y Trece, si bien de mayor ya no te hacen gracia porque era un humor de lo más estúpido.

P.-

Ahora que lo dices, la verdad es que…, principios de los noventa, cuando gran parte de Dragon Ball Z era aún territorio virgen, misterio por desvelar, aventuras que disfrutar… Como a tantos otros, ¿te marcó esa serie?

R.-

Sí, eran tiempos en los que todo lo que fuese pegarse, y si podía ser con poderes mágicos, nos gustaba mucho a pesar de que por momentos se me llegó a hacer pesada o quizás la emitieron demasiado tarde para mí y perdí el interés un poco en los dibujos en general (tenía trece años ya en los últimos capítulos). Me marcó el personaje de Freezer como malo malísimo, ni en Los Caballeros del Zodiaco había nadie que representase tan bien el mal como él. Lo malo es que Telemadrid nos dejó a medias: en mitad de la pelea con Célula ya transformado totalmente retiró la emisión o yo al menos no volví a ver más. Gracias a Internet empecé a verla de nuevo y estoy a punto de llegar a esa parte.

P.-

Sea como fuere, influencia sí que tuvo en las infancias de muchos. De hecho, en un artículo, hablabas de unos delincuentes juveniles que se paseaban por el parque que frecuentabas y que, curiosamente, te recordaban a miembros de las legendarias y extravagantes Fuerzas Especiales Ginyu. ¿Han cambiado los gamberros de un tiempo a esta parte?

R.- Ahora, ni paso tiempo en los parques, ni en los polideportivos…, que era donde ocurrían estas cosas, ni tampoco soy ya una presa fácil para cualquier delincuente, así que todo lo que veo es por la impresión que me dan las noticias. Y lo que veo es que ahora esto se ha convertido en un problema mucho más grave, con delincuentes organizados en bandas mafiosas que incluso funcionan como sectas y que ya sabemos todos de dónde vienen. Lo que no ha cambiado nada es la música que oyen o la estética con la que se identifican dichos delincuentes.

P.-

A mí, cuando los recuerdos de lo que considero la mitad de la década toman forma, siempre me viene a la cabeza lo mismo: nocturnidad, parque con niñatos—fumando y bebiendo–y una cultura del ocio incipiente y pujante, la de las tiendas de cómics del centro. Sé que es generalizar y que en todas partes cuecen habas, ¿pero en los cutres años noventa españoles eso se daba con más fuerza?

R.- Más que ahora no. Sostengo que eso va relacionado más con la edad del individuo que con la época en la que viva. En la adolescencia lo único que vale es ser el más guay, y haciendo cosas prohibidas o políticamente incorrectas como fumar o beber se consigue la admiración de los que te rodean (o la aceptación del resto, cuando esta práctica ya se vuelve tan normal que parece una obligación), algo que realmente es tu pan de cada día; hasta los que más estudian piensan que su futuro profesional aún queda muy lejos y que lo que les atañe en esos años es la relación con la gente, y no hay más. Ese tipo de cosas las habrá siempre, no creo que en los noventa se diesen ni más ni menos que hoy. Incluso yo creo que es otra cosa que cada día va a peor.

P.- No me internaré en el terreno de la político, si bien no me resisto a un inciso. Para alguien que vivió conscientemente los tiempos de Felipe González, ¿qué significó la victoria de Aznar de 1996? Es decir, ¿qué pensaste en aquel instante de cambio?

R.-

Ese día lo recuerdo por otra cosa, fue el día que compuse mi primera canción, Eres un Subnormal, ja, ja, ja. No te creas que viví conscientemente la política en aquellos tiempos. La victoria de Aznar me la tomé con indiferencia. Tú me conoces y ya sabes que no hago demasiada distinción entre políticos, que me dan bastante asco todos. Por eso tampoco creo que se tratase de un momento de cambio que fuésemos a notar los ciudadanos como sí lo pudo ser la Transición. La vida hasta cierto punto siguió igual, lo mismo que cuando el PSOE recuperó el poder hace tres años. Aunque bueno, si te soy sincero, el día que Aznar ganó las elecciones (que ya se sabía que iba a ganar desde muchos meses antes) tuve miedo de que cerraran bares de rock o cancelasen conciertos. Y en fin, doy fe de que en cierto modo sí perjudicó al rock, al menos a la hora de promocionarlo como música de masas.

P.-

Haciendo balance, ¿qué fue para ti lo mejor de la primera mitad de los años noventa, que tan intensa y fructíferamente viviste? ¿Y lo peor?

R.-

Lo mejor, esa época dorada de música, dibujos y videojuegos. Lo peor, las experiencias personales que tuve a mediados de la década.

P.-

Carajillo, sinceramente, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

R.-

Una cosa es que lo sea y otra cosa es que nos lo parezca. Cada uno tendrá sus motivos para decidir si el presente mejora lo pasado y, en mi caso, soy consciente de que ahora estoy mejor o me gusta más mi situación que otros tiempos pasados. Si bien es cierto que todos, incluso en los malos recuerdos, conservamos cierta morriña por algún aspecto en concreto y es muy difícil no echar la vista atrás por cualquier razón y no sentir nostalgia. Quizás sólo sea el hecho de echar de menos una juventud que poco a poco vamos perdiendo.

P.-

Puesto que, a diferencia de Sánchez Dragó, no puedo regalarte físicamente un libro al finalizar la entrevista, sí te concederé, como también él hace, la última palabra.

R.- Ha sido todo un honor contestar a tus preguntas, Espantapájaros. Si bien pienso que, como buena conocedora de la década de los noventa, la Princesa Vampira también habría tenido mucho que decir y anécdotas que contar. Un saludo.

Muchas gracias, Carajillo. Adelante con tus proyectos y suerte con ellos.

Fdo. El Espantapájaros.

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  Ha sido casi unánime una opinión acerca del Debate sobre el estado de la Nación: Zapatero lo ganó. Hay que refutarlo cuanto antes. Me baso, principalmente, en que Zapatero no ha podido ganar nada con su oratoria defectuosa que sólo se crece en actos sin derecho de réplica. Así, en todo caso ha podido perder Rajoy, pero ganar Zapatero, jamás. Hasta sus socios han criticado el discurso triunfalista y pomposo, sin olvidar la demagógica medida de los dos mil quinientos euros, una ayuda inútil, si se trata de fomentar la natalidad, pues es un irrisorio puñado de euros. Más valdría fomentar menos la homosexualidad desde el Gobierno, de manera que las parejas heterosexuales pudieran hacer tranquilas su trabajo, y cortar el caudal de tanta sopa boba. ¿Adivinan de dónde saldrá el dinero para cumplir la promesa?
 
  Está demostrado que Zapatero, como presidente del Gobierno, nos abochornó una vez más con su propaganda y sus delirios de grandeza económica. Empero, no sería ecuánime no reconocer que Rajoy estuvo flojo, poco entonado, insulso. Lo peor fue que no presentara lo que se ha dado en llamar una alternativa. Su insistencia con las actas de la negociación es digna de elogio, el miserable ocultismo del Gobierno es grande en ese tema y en otros muchos, pero centrarse repetitivamente en lo mismo puede llegar a ser contraproducente. Que El Mundo dijese que Rajoy, por lo menos, se consolidó ante sus votantes fue un desgraciado titular. Las victorias pírricas, a ocho meses, como máximo, de las elecciones, no sirven de nada. En Telemadrid, Victoria Prego razonaba que Rajoy debería haberse atraído nuevos votos.
 
  El verano es un buen momento para el Gobierno. Amodorrada, la gente no presta atención a las noticias y tiende a despreocuparse del ruido cotidiano. El esperpéntico Gabinete Zapatero, refrescado por las sustituciones e incorporaciones ministeriales, se regenerará durante el tiempo de descuento, en tanto Rajoy se lame las heridas que le dejó un crucial Debate sobre el estado de la Nación que podría haber ganado por goleada con la presentación de un proyecto que ilusionase y con un mayor aguante frente al ataque barriobajero de Zapatero.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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  Fue un privilegio asistir este jueves al concierto que los Rolling Stones dieron en Madrid. Antes de nada, hay que lamentar la muerte de dos trabajadores durante las tareas de desmontaje del escenario. Un accidente mortal (la expresión de moda, pero aquí utilizada con propiedad) que deja un mal sabor de boca. Y, no obstante, el escenario, una colosal construcción con pantalla gigante, era parte esencial del espectáculo. Los Stones fueron más o menos puntuales, llegaron con fuegos artificiales y cautivaron desde el principio al público, muy entregado y deseoso de escuchar buenas canciones, siendo la primera Star Me Up. No decepcionaron. Que al final encadenaran Satisfaction, Honky Tonk Woman, Sympathy for The Devil, Paint It Black, Jumpin’ Jack Flash y Brown Sugar es un regalo que jamás olvidaré.         
 
  Pero no sólo con canciones se desarrolló el concierto. Llamaradas, una lengua gigante o más fuegos artificiales sazonaron el acontecimiento, lo hicieron más colosal. Mick Jagger, incansable, no paraba de botar, correr, animar al público, hacer bailes y coordinar al resto del grupo. Fue el maestro de ceremonias, hablando incluso en español, como al disculparse cortésmente por haber tardado tanto en venir a Madrid. Ya a la salida de un Estadio Vicente Calderón abarrotado, me pregunté si los Rolling Stones eran definitivamente la banda de rock and roll más grande del planeta. Esto se suele poner en duda, pero es normal, porque sobre gustos… Si a mí me interrogaran al respecto, respondería que, en efecto, los Stones son los más grandes, aunque perfectamente podría dar ese título a los Twisted Sister.
 
  Es lícito decir que es imposible determinar con objetividad quiénes son los más grandes, y no admitiré que los Beatles como contestación. No sé si los Rolling Stones lo serán o no; son, en todo caso, una referencia, un icono, algo histórico, una lengua libidinosa de la que es difícil sustraerse. En última instancia, cualquier grupo que aspire a semejante trono ha de medirse con ellos y superar sus hitos. Mientras tanto, una buena conclusión es que los Rolling Stones no son la mejor banda de rock, hecha la salvedad de que no hay ninguna a su altura.
 
Fdo. El Espantapájaros.

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