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Archive for 22 julio 2008

  Se cumplen cien días desde el inicio del segundo mandato de Zapatero, y las valoraciones, sean del color que sean, no pueden ser más negativas: suspenso rotundo. ¿Qué destacar de estos cien días? La indolencia, la pasividad, la desidia, la palabrería, el mal hacer… Y una crisis que amenaza con llevarse los grandes avances que en España se han vivido en las últimas dos décadas, que han mejorado nuestra calidad de vida, aumentado nuestras posibilidades y situado al nivel europeo. Nadie en su sano juicio pide al Gobierno que le solucione la vida con varitas mágicas, pero sí un mínimo de actuaciones capaces de paliar los efectos de una crisis económica desatada y profunda.

  Recuerdo cuando, antes de las elecciones, se referían los socialistas a la economía con eufemismos: suave desaceleración, ajustes, etcétera. Restaban importancia a lo que, para ellos, era un tema menor. O a lo que querían ocultar. Y aún recuerdo a Solbes, sentado en un taburete en una suerte de programa de variedades, acusando a los españoles de disparar la inflación por dejar demasiada propina. Sin duda, eran los tiempos del cachondeo a costa de los catastrofistas y de los motivos para creer en Zapatero, quien sonreía ante el pleno empleo en uno de sus carteles de propaganda. Sería bueno que el PP recuperara ese cartel y pusiera al lado un contador con la creciente cifra de parados.

  Las peores previsiones no se han cumplido, sino que se han sobrepasado, y el Gobierno ha reaccionado, primero, negando la evidencia; y después, llamando a la confianza como toda respuesta. Un Gobierno no está para maquillar la realidad según su conveniencia. Un Gobierno serio y responsable lo que tiene que hacer es decir la verdad a la ciudadanía, por dolorosa que sea –pues ya tiene edad para sumir cualquier revés–, y, a continuación, afrontar con realismo los problemas, por medio de los instrumentos a su disposición, en este caso, las políticas fiscal y presupuestaria.

  Además, me pregunto qué confianza puede infundir un individuo como Zapatero, que no tiene preparación ni capacidad conocidas, como ya demostró en una entrevista que le hicieron en Antena 3, donde afirmaba que él hablaba mucho de economía cuando, en verdad, sólo estaba soltando tópicos y datos tergiversados. En todo caso, la confianza de los consumidores está por los suelos, a pesar de las sonrisas y arrumacos de Zapatero. ¡Qué desagradecidos!

  Y no hay que menospreciar a la caterva de mediocres y gañanes que ha reunido Zapatero en su Consejo de Ministros, diseñado a partir no de la competencia y el mérito, sino de la amistad y la propaganda (muy bien tantas mujeres y tantos jóvenes, ¿pero sirven de algo?). Solbes es un hombre envejecido y sobrevalorado, está quemado y ya no sabe qué hacer. Sebastián, siendo justos, pasará a la Historia como el socialista que esgrimió una revista y adulterios en un debate electoral frente a su rival, cual si estuviesen en un vulgar programa rosa. Y no menos vulgares y sobadas son sus propuestas acerca de energías renovables. Éstas pueden ser un complemento o un experimento, pero si de verdad quieren acabar con la dependencia energética de España, la única vía razonable y eficaz es la construcción de centrales nucleares, las cuales nos proporcionarían una energía barata y limpia. Hoy por hoy, resulta tercermundista y cutre oponerse a esto por las reaccionarias consignas de la izquierda.

  A mi entender, hay un exceso de diagnósticos sobre la crisis y una alarmante falta de terapias. Lo explicaba Jesús Cacho en un brillante artículo: "De modo que vengan días y caigan ollas, convoquemos a oráculos, augures y magos -salvo Iranzo, Toribio y algún otro que no recuerdo, todos de la cuerda socialista-, encarguémosles un informe, otro más, o quizá un Libro Blanco sobre la cosa, que siempre queda muy bonito en las estanterías, hagámoslo saber a los medios de comunicación, demos una nueva muestra de tolerancia, y aquí paz y después gloria, a dormir la siesta, que pasado mañana ya nos inventaremos algo nuevo para seguir distrayendo la atención del personal, tal vez ese Consejo de Ministros en pleno agosto que hemos convocado, porque cuando los socialistas nos abalanzamos sobre un problema somos inasequibles al desaliento, inmunes al cansancio, ¿verdad José Luis? De modo que otro brindis al sol, otro nuevo intento de eludir la responsabilidad que le compete como gobernante empeñado hasta lo cursi en ocultar la realidad que padecemos".

  A esta política de escaparate, ayuna de resultados, se le añade la clásica demagogia a palo seco de Zapatero. Está muy bien eso de llenarse la boca con que mantendrá contra viento y marea el gasto público y los derechos sociales de los ciudadanos. Es decir, las tonterías de siempre. Las mismas referencias a sus políticas de mercadillo progresista, como la Ley de Dependencia, y a supuestos derechos. Quizá aluda al aborto, un señor derecho… tipificado como delito en el Código Penal. El Gobierno de Zapatero podrá mantener determinados niveles de gasto público… hasta que pueda hacerlo. Ni más ni menos. Ya vendrán las restricciones a causa de las deudas del Estado. Zapatero debe estar obsesionado con esas historias, ya que no hay vez que no las mencione. ¡Ni que la Seguridad Social y la educación pública fuesen invento suyo y que sólo él, con sus medidas extraídas del maletín de la señorita Pepis, pudiera defenderlas!

  Estos cien días arrojan un balance con más pasivo que activo. Zapatero debe al pueblo muchas explicaciones. ¿Por qué nos mintió? ¿Por qué nos manipuló? ¿Por qué no hace nada? ¿Por qué no pasa de su típico discurso oxidado y vacío de contenido? Y espero que esta vez se le pidan cuentas. En cuanto a los próximos cien días, ustedes ya saben a qué los dedicará este gran estadista: a sus vacaciones.

Fdo. El Espantapájaros.

NOTA: Y sí, yo también me voy de vacaciones, este sábado. Volveré el día 9 de agosto. A todos mis lectores les deseo, sinceramente, un feliz descanso.

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  Una fotografía me ha recordado, y me produce melancolía decirlo, que ya ha transcurrido más de un año desde que Tony Blair abandonó, invicto y por su propio pie, Downing Street. Fue el 27 de junio de 2007. Y no ha sido el 2008 un buen año para los laboristas. Gordon Brown era un secundario nato, no un líder carismático como Blair. Brown guarda similitudes con Rajoy: un tipo sereno, trabajador y eficaz, con ganas y buenas maneras, pero que no acaba calando porque es demasiado dubitativo, taciturno y evanescente. Así, y si a ello sumamos las dificultades económicas, algún escándalo de corrupción y una invisible política exterior, los laboristas han tenido su gran batacazo en las municipales y, seguramente en 2010, el conservador David Cameron llegará al poder. La alternancia siempre acaba por venir.

  Creo que muchos echarán de menos a Blair, yo entre ellos. En primer lugar, porque es un político que naturalmente cae bien y que sabe tener los gestos oportunos en los momentos adecuados. En segundo término, me gustaba su estilo de gobernar, pues aunque se dice socialista, él sólo perseguía el mayor progreso para Inglaterra: era un hombre pragmático y flexible. Poseía principios sólidos y aplicaba una política de izquierdas moderada, con tintes liberales. En ello se diferencia de los progresistas españoles, apolillados socialistas que están recluidos y absorbidos en su caverna particular. Él respetó la herencia de Thatcher y la completó. Y, en tercer lugar, Blair siempre dio una gran prioridad a algo que es fundamental y que no se nos puede olvidar nunca: la política internacional. Y no por veleidades de cooperación o de alianza de civilizaciones, sino porque era lo mejor para su país, de suerte que así enfocó las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea.

  En un speech del año 2000, Blair, con indudable acierto, afirma: "To maximise our national interest, therefore, Britain should be at the centre of the alliances and power structures of the international community, including the EU". Es decir, Blair vela por el interés nacional y sabe que hay que esforzarse, en nuestro mundo competitivo y cambiante, por ser los mejores. Además, está el fenómeno de la globalización. "These are issues that can only be fully resolved by the global community as a whole. And now regional alliances play a big part in setting the agenda or tipping the balance in favour of one solution or another." Blair concluye de forma inmejorable: "The world needs us to be different. I feel sufficiently confident in British capability to believe we have something important to offer. To be the bridge between the US and the EU would alone justify the argument I am making. But our influence can and should go far beyond that". Son las palabras de un estadista, ajenas a ciertos politicastros que tenemos que sufrir aquí, en España. Son palabras que revelan una visión ambiciosa y de futuro para Inglaterra.

  Ya en su libro La Tercera Vía (1998), Blair sostiene que la apertura al exterior y la presencia activa en la comunidad internacional es uno de los puntales de su política. Y pienso que, a lo largo de los años, ha hecho bien en mantener esa idea. Se podrán hacer (y se han hecho) muchas críticas y matices, y decir lo que se quiera sobre la invasión de Iraq y sus consecuencias, pero prefiero dejar que el aludido se defienda en las memorias que está preparando. Estoy expectante. Para 2009 ya podremos leerlo.

  En la foto sale ataviado con un chándal de la selección española de fútbol, tocando la guitarra junto a su encantador hijo Leo. Su retirada se produjo en 2007, tras tres victorias aplastantes en las urnas y una gestión destacada y brillante. Lluís Bassets, de El País, tuvo que reconocer en un artículo que se retiraba "uno de los mejores primeros ministros de la historia de su país".

Fdo. El Espantapájaros.

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  Recientemente, he visto dos películas en el canal TNT que merecen cierto comentario aquí. La primera es Verano de corrupción (1998), de Bryan Singer, con el gran Ian McKellen y Brad Renfro (fallecido en enero de este año) como protagonistas. Esta película está basada en una novela corta de Stephen King: El alumno aventajado, que a mí me emociona más por tener un final dramático y cortante, y porque es imposible no sentir simpatía por Todd Browden, el audaz chico.

  Tanto en la película como en la novela, Todd descubre que en su vecindario habita un anciano oficial de las SS, un criminal de guerra buscado. Le amenaza con llamar a la policía, pero sólo quiere que el viejo le cuente sus historias, qué pasaba en los campos de exterminio, con todo lujo de detalles. A partir de ahí, se entabla una relación peculiar entre ambos, marcada por los chantajes, el amor y el odio y por la ayuda mutua que, eventualmente, se ven obligados a dispensarse.

  Verano de corrupción explota el tema de la fascinación por el mal. Sobre todo en la película, el espectador entiende que Todd ya tiene la semilla de la oscuridad antes de conocer al nazi, Dussander, pero florece desde entonces.

  Las actuaciones son buenas, no aburre en ningún momento y tiene escenas memorables, además de un digno final.

  La segunda película, ya en un nivel más bajo de calidad, es Saw II (2005). Sé que a muchos les resulta desagradable este tipo de cine, de asesinos en serie y víctimas desvalidas. Lo que uno busca en esta película es satisfacer el morbo y recrearse en los horribles juegos propuestos por el villano. Y eso está muy logrado. Por ejemplo, cuando una de las protagonistas se lanza a la piscina de agujas hipodérmicas a buscar una llave, o el chocante comienzo, también relacionado con una llave escondida en… otro lugar.

  Por otra parte, si olvidamos las torturas, la trama no es tan endeble y engancha con facilidad. Al asesino le tiene la policía, pero él tiene al hijo del jefe de los policías, y ahí empieza el juego. Que se abstengan los sensibles.

Fdo. El Espantapájaros.

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  El periodista Ignacio Escolar, director del primer diario gratuito que se vende, nos suele hacer partícipes de sus dos obsesiones: Aznar y la Iglesia, en este orden; y de un fuerte complejo de inferioridad ante los nacionalistas catalanes: a nuestro joven, que viene de Burgos, le deslumbra la pobreza intelectual nacionalista, el oasis seco y ese germen de régimen totalitario que prospera allí. Como Escolar no posee ni muchas luces ni muchos conocimientos, no hay que fiarse de sus jaculatorias. En ese sentido, publicó en su bitácora, que es como una caverna poblada por extremistas y paletos, una viñeta de un empleado suyo. En ella sale un chico diciendo que en Italia se habla italiano y en Alemania alemán porque son italianos y alemanes, y se amarga al constatar que la gente cree que ellos, los catalanes, hablan en catalán "por llamar la atención, por discriminar y por pedir la independencia". Este cómico no ha entendido nada o tira balones fuera, no creo que haya leído ni una línea del Manifiesto por la lengua común.

  En dicho documento, se habla de respeto, de promoción de las lenguas regionales, y ningún párrafo del mismo solicita su desaparición o la prohibición de su uso. No es un documento contra las lenguas cooficiales, sino contra los nacionalistas y sus políticas de corte totalitario, por un lado, y de defensa del castellano, por otro.

  Los nacionalistas de todos los partidos, verbigracia, han aprobado o van a aprobar normas que obligan al comerciante a dirigirse a los clientes en un idioma determinado. ¿Con qué autoridad hacen eso tales politicastros? ¿Por qué vulneran los derechos de los ciudadanos? ¿Cómo es que tengo que hacer lo que ellos me digan? A mí, en mi comercio, que saco adelante con esfuerzo y con mi capital, arriesgando y trabajando, ningún policía lingüístico me puede multar por hablar como me venga en gana o por rotular en tal o cual idioma. Ya serán los clientes quienes juzguen y elijan, y el comerciante podrá actuar o no en consecuencia, pero siempre prevaleciendo la libertad y la posibilidad de elegir. No más imposiciones, vengan de donde vengan, del PP o del PSOE, de los camisas negras de ERC o de los racistas del PNV. Hay que denunciar los hechos y, sobre todo, resistir, resistir, ¡resistir!

  En cuanto a la escolarización en castellano, sólo puedo decir que un español, en España, en territorio español, tiene el derecho innegable de que su hijo aprenda castellano y le den las materias escolares en castellano, respetando la hora de idioma regional. Lean el artículo 3.1 de la Constitución: "El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla".

  Asimismo, en Cataluña o Baleares, se exige, para desempeñar ciertos puestos de trabajo cualificados (como profesor o médico), un alto nivel de catalán. Lo cual conlleva, muchas veces, la promoción de la mediocridad. En lugar de valorar el mérito y la capacidad, se valora tener un idioma. El médico podrá ser un incompetente, pero qué bien que sepa catalán. Eso sí, a los políticos no les miden el nivel. Si ellos chapurrean el idioma regional, nada pasa. Pero si es el ciudadano el que osa poner en duda las esencias de la tribu, entonces se le machaca, se le persigue y se le normaliza.

  No confundamos a CiU o al PNV con Cataluña o con el País Vasco. No nos dejemos engañar: no hay territorios con derechos, sino personas, individuos con derechos, individuos con libertad y con responsabilidad, que no necesitan la tutela de los poderes públicos para regir su vida. Vivo en Madrid. No puedo sentir en primera persona los atropellos de los nacionalistas y no puedo rebelarme contra sus normativas y mandatos, pero aun así critico la situación y me parece cosa aberrante e injusta. A nadie debería ocasionar placer que se pisotee a sus vecinos en función de su idioma.

  Firmen el Manifiesto por la lengua común, por favor. Es necesario este primer paso. Y que no se lo impidan personajes como Escolar o su empleado, es decir, los ignorantes y los acomplejados. Pues nosotros gritaremos a los cuatro vientos que somos libres.

Fdo. El Espantapájaros.

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