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Archive for 29 marzo 2009

  El káiser Guillermo II (1859-1941) fue uno de los grandes hombres de su tiempo. Ambicioso, autoritario y megalómano, bajo su reinado la Alemania del II Reich se transformó en una potencia mundial temida y respetada hasta por el Imperio Británico. Por desgracia, el desenlace negativo de la Gran Guerra terminó con las aspiraciones imperiales del Káiser, muriendo los días de grandeza de un país joven que, animado por el espíritu prusiano, había asombrado al mundo merced a sus infinitas capacidades y ganas de superar al resto.

  Siguiendo la estela de otros reyes prusianos, una de las preocupaciones de Guillermo II fue convertir Berlín en una capital deslumbrante que reflejara el poder del Reich. Para ello necesitaba, entre otras cosas, museos que exhibieran las más codiciadas antigüedades, o sea, rivalizar con el mismísimo Museo Británico. Berlín ya disfrutaba de un complejo dedicado al arte y a la arquitectura: la Isla de los Museos, rodeada por el Spree, y en la que se empezó a levantar en 1910 el Museo de Pérgamo, con la particularidad de que fue diseñado para acoger en su interior grandes edificios y monumentos, tres maravillas de la Edad Antigua: el Altar de Pérgamo, la Puerta del Mercado de Mileto y la Puerta de Ishtar.

  La Isla de los Museos también es el hogar del Museo Antiguo, perfecto en su neoclasicismo. Allí está, en detrimento del Museo de Arte Egipcio, el hermoso y delicado Busto de Nefertiti.

  Supuso un acierto utilizar una guía electrónica en ambos museos. Aunque he estudiado y soy un amante de la Historia del Arte, incluso a efectos de recorrer en orden museos tan complejos es de gran ayuda dicha guía, que, en especial, permite refrescar conocimientos y adquirir nuevos a la vez que uno admira la obra en cuestión. Todo sea por escapar de la ignorancia de la que hicieron gala unos compatriotas que, en la entrada del Museo de Pérgamo, resolvieron "pasar" de lo que ellos llamaban "el museo del pergamino". Nuevamente, como en Londres, fui consciente de la incultura imperante.

  No sólo de las tres maravillas antedichas vive el Museo de Pérgamo. Contiene otras muchas muestras de arte helenístico, romano (destaca un espectacular mosaico) e islámico (caracterizado por la abundancia de alfombras y objetos un tanto cochambrosos). El Museo Antiguo cuenta con una gran colección de vasijas griegas muy bien tratadas por el tiempo y con la exposición temporal de Egipto. El Busto de Nefertiti, por su belleza, es la estrella del conjunto, y eso que no es más que un modelo de su creador para otras esculturas.

  Estamos en deuda con los exploradores y arqueólogos alemanes que rescataron estos tesoros y que, piedra a piedra, los trasladaron a la civilización para que, convenientemente restaurados y conservados, pudieran ser contemplados por los europeos. A mí me importa un bledo si estas obras de arte fueron expoliadas o compradas. Reproduzco lo que escribí al respecto cuando estuve en Londres: "Hoy día existe bastante presión por parte de Egipto y Grecia para que el Museo Británico devuelva semejantes tesoros artísticos (a mi entender, Egipto y Grecia son dos de las secciones estelares del museo), pero no tienen razón. En primer lugar, porque la época en que fueron expoliados era bien distinta a la actual. Lo más probable es que, de no haber sido recatados por los valientes exploradores británicos, se hubieran perdido definitivamente, devorados por quién sabe qué o quién. Y, aparte, en el Museo Británico están mejor conservados que en esos lugares remotos y son más accesibles al público occidental o japonés, que es al que le interesan estos temas". En efecto, nadie debería poner en duda que los lugares más aptos en que pueden estar las antigüedades de la Humanidad son los museos europeos. En este sentido, Berlín obtiene, a mi juicio, la mejor de las valoraciones.

  Mi modesta crónica llega a su fin, pero quiero concluirla comentando la posición que ha ocupado Berlín en Europa. Esta ciudad tuvo una indudable vocación de ser la capital mundial, al menos desde 1870. Dos de sus momentos álgidos fueron, primero, el Congreso de Berlín de 1876 y, más tarde, la Conferencia de Berlín, celebrada entre finales de 1884 y principios de 1885, convocadas por Otto von Bismarck con la finalidad de arreglar el problema de los Balcanes y repartir África entre las potencias europeas, respectivamente.

  A continuación, ya conocemos las tentativas de Guillermo II y Adolf Hitler de establecer en Berlín la capital del mundo. Y lo fue, por un tiempo –y de una manera ciertamente distinta a la que otros previeron–, al ser el punto donde chocaban, donde hacían fuerza, los bloques occidental y soviético durante la Guerra Fría. Si no capital, sí fue centro de atención mundial.

  En la actualidad, Alemania es considerada, con algo de cursilería, el corazón de Europa; Berlín sería la más europea de las capitales. No lo sé. Lo más que puedo afirmar es que, desde que existe un poderoso eje Berlín-París, representado por Sarkozy y Merkel, y desde que el futuro de la Unión va unido a Alemania, Berlín, con sus osos, muros, muñecos de semáforo y fríos palacios, no perderá su importancia y seguirá marcando la historia del continente.

Fdo. El Espantapájaros.

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  Desde que fue destituido de su deshonroso cargo de director de Público, el primer diario gratuito que se vende, Ignacio Escolar se ha vuelto más radical y agresivo que nunca. Está desquiciado y, en su ceguera ideológica, dispara de cualquier manera contra todo detractor de los dogmas progresistas. A fin de cuentas, tiene toda una caverna que alimentar, una caverna ubicada en los comentarios de su espacio.

  Como ustedes saben, Jesús Neira concedió una entrevista a Antena 3 la semana pasada. El profesor demostró sus ganas de vivir, su fuerza, y habló con lucidez. A Escolar le chocó que llamara cucaracha a su infame agresor y que afirmase que, si le hubiesen atacado de frente, habría podido defenderse. Eso motivó a Escolar a ridiculizar al profesor en su espacio, tachándole poco menos que de maleante. ¿Es que una persona que ha estado entre la vida y la muerte, una persona físicamente destrozada y que ha perdido mucho, no puede ni insultar al cobarde que le atacó por la espalda? Parece que no. Y la razón de tal limitación es bien sencilla: Neira aceptó el puesto que le ofreció Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid. Algo así es verdaderamente imperdonable.

  Además, el profesor –todo un símbolo para la ciudadanía–, aunque defendió a una mujer del maltrato y, con su acción, ha insuflado determinación a la sociedad para luchar contra ese problema, no es precisamente de izquierdas, con lo que queda anulado todo lo anterior y pasa a ser blanco de las críticas irrespetuosas del hombre (¿?) que dirigió unos mugrientos papeles.

  Desde el fondo de la pocilga, los comentaristas de Escolar también criticaron a Neira porque fuese a colaborar en un programa de televisión. ¡Como si una persona no pudiese hacer lo que le da gana cuando le ofrecen un trabajo! Neira no tiene por qué renunciar a un buen sueldo y a un espacio que le permita divulgar sus opiniones. El propio Escolar estuvo en 59 segundos, haciendo el ridículo, por supuesto.

  Escolar siempre va a más. Anteayer mismo, escribió un mensaje corto que decía así: "Ayer leí un prospecto de un champú anticaspa y, qué raro, no decía nada de Marta del Castillo". Esos mensajes, pura basura, constituyen carnaza para los buitres de su espacio, y Escolar ni se molesta en argumentar. Le es suficiente con soltar su ingeniosa broma y dejar que otros la desarrollen.

  Se podrá estar de acuerdo o no con lo que propone el padre de Marta del Castillo, con la cadena perpetua y demás, pero, evidentemente, es un padre destrozado y desesperado ante la inanidad de la Justicia y la policía españolas. Normal que se queje en cuanto le ponen un micrófono delante. Escolar, no obstante, pasa por encima de todo y, de nuevo por una cuestión de la progresía, se mofa de quienes sufren, sin ningún tipo de consideración o matización, sólo porque no piensan como él.

  Esto no son más que ejemplos de la aplicación práctica de una importante teoría progresista, la de la pérdida de libertades y derechos, cuya afirmación básica es que si una persona adquiere relevancia y popularidad por una desgracia personal o por un atentado de ETA, automáticamente adquiere la condición de ciudadano de segunda, que debe quedar bajo la tutela de las fuerzas progresistas. Así, cuando las víctimas del terrorismo protestaban, con razón, por la negociación de Zapatero con ETA, no sólo se les negaba libertad de expresión, sino también poder acogerse a una opción política determinada (el PP). Es decir, que las víctimas, por su condición de tales, ni pueden opinar ni pueden apoyar al PP, según Escolar y su banda. Una derivación de esta teoría es que, en caso de ser un proetarra, tienes más posibilidades que nadie de que te concedan un espacio de opinión en Público, unos papeles que el genial Nicholas van Orton definió como una mezcla entre hoja parroquial del PSOE y catálogo de rebajas de ZP.

  Si Neira fuese un típico profesor universitario de izquierdas y dedicara su entrevista a alabar a Zapatero, a Aída o como se llame y a echar pestes de la sanidad pública madrileña, entonces sería, no ya héroe, deidad. Como no es así, merece ser llamado macarra, héroe con pies de barro, vendido y otras lindezas. Y si el padre de Marta del Castillo fuese por ahí diciendo que la muerte de su hija es culpa de Aznar, sería Ministro de Justicia por aclamación progresista.

Fdo. El Espantapájaros.

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  Poco, muy poco queda en pie del Berlín del III Reich. La Cancillería del Reich, en su día imponente y temible, ya no existe, tan sólo sobreviven unos cuantos mármoles y piedras. El búnker de Hitler está sellado debajo de un aparcamiento con una modesta placa informativa. Cuando estaba sobre el lugar en que Hitler se suicidó, recordé los gratos momentos que pasé leyendo Berlín. La caída: 1945, del historiador británico Antony Beevor, el minucioso relato de la gran batalla que se libró por la ciudad y de la resistencia a la desesperada de los alemanes, con Hitler delirando y creyendo que emularía a Federico II el Grande porque Roosevelt había muerto repentinamente el 12 de abril y eso daría la vuelta a la guerra. Y los civiles refugiados en las torres de defensa antiaérea, ciclópeos bloques de hormigón erizados de cañones Flak de 88 milímetros. Y los niños en bicicleta utilizando los Panzerfaust para destruir blindados soviéticos. En fin, aquello fue una batalla épica, la batalla final, pero ha pasado mucho tiempo y, en el triste aparcamiento nevado, ya no resuenan los disparos.

  Sí subiste, entero y en funcionamiento, el antiguo Ministerio del Aire, hoy Ministerio de Finanzas, un edificio cuya arquitectura monumental, estilo años treinta, es equiparable a la del complejo de Nuevos Ministerios. Ahí se rodaron varias escenas del filme Valkiria (2008).

  Por lo que se refiere a Germania, la que iba a ser la capital del mundo, hay una suerte de exposición dedicada a ella donde tienen maquetas y restos de otros ministerios. Algunos proyectos, de tan megalómanos y desproporcionados, resultan grotescos. Búnker y exposición se encuentran justo al lado del Memorial del Holocausto, inaugurado en 2005.

  Un día tuve ocasión de visitar el campo de concentración de Sachsenhausen. De concentración, no de exterminio, y en concreto, destinado principalmente a explotar mano de obra esclava y a recluir, en sus primeros tiempos, a presos políticos del nazismo. Antaño un campo de concentración modelo, extendido a lo largo de unas cuatrocientas hectáreas de terreno –hoy reducidas a dieciocho–, en sus puertas de entrada aún aparece, en letras de hierro, el mensaje "El trabajo os hará libres".

  Puesto que faltan barracones, apenas hay alambradas y, lo más importante, no patrullan la zona guardias que intimiden, no nace una sensación de opresión ni de temor en el visitante, pero sí, al menos en mi caso, un sentimiento de cierto desamparo. En este campo cubierto de nieve, donde los prisioneros vivían hacinados, en condiciones insalubres, forzados a trabajar hasta la muerte y sometidos a la arbitrariedad de las SS, en un lugar así, digo, no operan garantías jurídicas ni protecciones de ninguna clase, no hay posibilidad de denunciar abusos o de obtener la libertad condicional, o de que todo se supervise desde el exterior. Es más, el mundo paralelo de las SS llegó a ser tan excesivo y autónomo que, en el campo, llegaban a corregir sentencias de los tribunales del Reich cuando no les parecían suficientemente duras o ejemplares, de manera que ejecutaban a los prisioneros sin que la resolución judicial lo especificara. O, tal vez, sólo por meros caprichos u otras causas injustificadas. Caer en las garras de las SS significaba perder la esperanza.

  Sin ánimo de ser frívolo, tengo que hacer mención al negro humor de las SS, que colocaban árboles de Navidad junto a la horca. En un barracón reconvertido en exposición sobre la vida en el campo, está recogida una frase que soltaban los hombres de las SS a los recién llegados y que dice algo así como: "Oh, sí, hay una vía para obtener la libertad, ¡a través de la chimenea!" (aludiendo a los crematorios empleados para destruir los cadáveres). Ahora bien, faltan motivos para sonreír, porque a dos pasos se hallan los dos barracones de la enfermería, escenario de espeluznantes experimentos médicos con prisioneros. Sin límites morales.

  Finalizado el régimen nazi en 1945, los soviéticos utilizaron Sachsenhausen como campo de detención, lo que viene a demostrar que los totalitarismos saben aprovechar aquello que les es común.

 Fdo. El Espantapájaros.

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  De los resultados de las elecciones gallegas y vascas se pueden sacar varias conclusiones. En primer lugar, que Mariano Rajoy ha renacido de sus cenizas y que el PP ha recobrado parte de su espíritu combativo merced al acoso sufrido. Con la aplastante victoria de Alberto Núñez Feijóo, Rajoy puede respirar tranquilo hasta las europeas. Él puso todo su empeño en las autonómicas gallegas, se volcó allí, y es justo reconocer sus méritos. ¿Llegará a 2012? Bueno, a 2011 seguro que sí.

  La segunda conclusión es que, a veces, a los electores les ponen las cosas muy a tiro. Sé que va a surgir una turba de progresistas tratando de explicar la derrota en Galicia mediante todo tipo de razonamientos extravagantes o directamente fraudulentos, como que hubo campaña sucia y demás. Pero seamos serios. En el campo del marketing, ¿qué podían hacer un viejo derrochador y un bárbaro gordo y feo frente a un candidato más joven, fresco y con buena imagen? Y ni que decir tiene que sus cuatro años de gobierno han sido una pérdida de tiempo; sólo han trascendido las imposiciones de los nacionalistas y los gastos de palacio de Touriño. Por algo será.

  Feijóo, con el tiempo, me ha ido inspirando confianza, por encima de sus coqueteos con ciertos lugares comunes del nacionalismo (inevitable para satisfacer ciertas inteligencias inferiores). Feijóo tiene un buen proyecto con el que devolver la libertad a su Comunidad Autónoma (empezando por la derogación del execrable Decreto 124/2007, de 28 de junio, por el que se regula el uso y la promoción del gallego en el sistema educativo) y afrontar la crisis económica con austeridad y decisiones razonables.

  En tercer lugar, sirvan las elecciones en Galicia para desmontar el mito consistente en que, a mayor participación, mayor beneficio para la izquierda. En Galicia ha habido un setenta por ciento de participación, más elevada que en 2005, y está claro que no ha salvado al viejo del Audi, sino todo lo contrario.

  Una último comentario. Es posible hacer que el nacionalismo más visceral retroceda. Incluso en el País Vasco. Encuentro cómicos los aspavientos del PNV ante el temor de ser desalojado, tras treinta años, del poder. ¡No han tenido suficiente! ¡Invocan a la democracia! ¡Hablan de golpes institucionales! En definitiva, un partido racista, totalitario, ambiguo en relación con el terrorismo y con los partidos políticos etarras, que combate activamente la Constitución y las leyes españolas, habiendo llegado a patrocinar consultas ilegales, se atreve a hacer un llamamiento a la democracia que nunca ha respetado.

  Puede que hayan ganado las elecciones pero eso a los socialistas, normalmente no les importa; y, en este caso, es casi un deber nacional que los partidos defensores de la Constitución se unan para poner fin al reinado del señor Spock en su menguada y podrida galaxia vasca. El único problema es que su sustituto acabe tan o más alucinado, ya que los antecedentes no son buenos y el personaje es mediocre.

Fdo. El Espantapájaros.

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  El intenso frío que se desliza por las calles de Berlín y que alcanza la categoría de insoportable a las ocho de la tarde, un frío que cala los huesos y hiela los sentidos, sin duda fue fortaleciendo a sus gentes y al espíritu mismo de esta ciudad, pues mucho hubieron de padecer para llegar a la actualidad y contarlo. Berlín es una ciudad de demasiadas cicatrices y, por ello, de memoria, y el frío hace que uno se estremezca ante semejante certeza. La Catedral de Berlín o la Iglesia Memorial Káiser Wilhem (conocida vulgarmente como la Iglesia Rota), tiroteadas y bombardeadas, son testigos de la verdad de esta reflexión.

  Hay que tener en cuenta que la capital de Alemania fue completamente arrasada durante la batalla por Berlín en 1945, de manera que casi no quedó piedra sobre piedra y fue necesario reconstruirla desde los cimientos. Eso permite que, de repente, se abran a un lado del camino grandes solares y espacios diáfanos, o que convivan modernas construcciones con vetustas glorias –reconstruidas, claro–, como en la Plaza de París, donde al lado de sedes de instituciones bancarias y embajadas emerge la Puerta de Brandenburgo, de estilo neoclásico, solemne escenario de grandes discursos, con su diosa de la Victoria contemplando con altanería la embajada francesa.

  Berlín, todavía hoy, se presenta dividida al visitante. Dividida no sólo entre las zonas occidental y oriental, sino también entre la modernidad de una gran urbe y los vestigios y monumentos que ha ido dejando la Historia a su paso. La primera división es fácil de constatar a través de los restos del Muro de Berlín, el tranvía y los conocidos muñecos de los semáforos (los de Berlín oriental lucen sombrero), pero igualmente es notoria en los bloques de apartamentos, de apariencia uniforme, austera y modesta, excepto los que la RDA construyó cerca del Bundesrat para albergar a sus dirigentes, a su elite, apartamentos más lujosos y vistosos. Curiosamente, los rasgos socialistas son visibles en las personas de la calle, grises individuos de rostro serio y ojos cansados, a pesar de estar de vacaciones, y que parecen extras de películas tipo Good Bye, Lenin! (2003).

  Creo que la huella de aquellos tiempos de miseria y de esfuerzo aún subsiste. Así, esta fría capital, muy amplia y abierta, posee un aire, por decirlo de alguna manera, soviético. Después de todo, está en Europa del Este.

  Al igual que los buitres devoran la carroña, algunos turistas desalmados han ido arrancando pedazos del Muro hasta dejarlo en mal estado. Que la vergüenza caiga sobre ellos. Contra la creencia popular, el Muro no era parte del Telón de Acero, porque éste separaba la Europa libre de la soviética, cortando en dos el continente, en tanto que el Muro rodeaba la zona occidental de Berlín, para impedir que los habitantes de la RDA pudiesen pasar a ella. Cubierto de pintadas y de grietas y agujeros, estas planchas de hormigón deben mantenerse como recuerdo vivo de lo que es un régimen comunista: la muerte de las libertades y el auge de la arbitrariedad y la arrogancia de sus gerifaltes.

  Pero si hubo división, finalmente triunfó la reunificación (1990). En ese sentido, el Reichstag es un símbolo crucial. El anterior nombre es sólo aplicable al impresionante palacio parlamentario, toda vez que la institución que alberga recibe la denominación de Bundestag. Reformado por el arquitecto Norman Foster, destaca su cúpula de cristal, a la que el público puede acceder en cualquier momento. La cúpula está situada sobre los escaños y, gracias a un conjunto de espejos, hay un juego de imágenes entre los diputados y los ciudadanos. Simboliza que el pueblo está por encima del poder político y que es su deber vigilarlo, a la vez que los políticos han de recordar siempre para quién trabajan.

  En mi modesta opinión, el Reichstag es uno de los más bellos recintos parlamentarios del mundo, sólo superado por el Palacio de Westminster en Londres. Empero, a éste no lo adorna una inscripción tan emotiva como la que tiene el Reichstag en su frontispicio, que reza: "Dem Deutschen Volke" (al pueblo alemán).

  No lejos de allí, en el barrio gubernamental –con poca o nula presencia policial–, Angela Merkel dirige los destinos del país desde la Cancillería, con la transparencia que brindan sus paredes de vidrio. Y, por ahora, lo hace bastante bien.

Fdo. El Espantapájaros.

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