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Archive for 27 diciembre 2009

  La pasada Nochebuena se emitió en el correspondiente canal autonómico vasco el mensaje navideño del Rey, acontecimiento singular que había levantado una gran controversia y escándalo entre los nacionalistas vascos, que no quieren verse contaminados por nada que no controlen y certifiquen ellos mismos. Después de los consabidos cacareos y amenazas, el discurso fue finalmente televisado (un discurso real, dicho sea de paso, más rotundo, directo y enérgico que el de otros años), con gran éxito de audiencia.

  El periodista Santiago González se ha hecho eco en su blog de la negación de la realidad en que ha incurrido el diario nacionalista Deia, que primero sentenció en un editorial que había habido una fuga de espectadores que no querían ver a Su Majestad y, más tarde, ante la evidencia empírica de los datos de audiencia, empleó un criterio de medición de audiencia completamente inusual: "Sólo uno de cada veinte vascos siguió el discurso del rey de España por ETB-2", refiriéndose a la audiencia del 24,4% que el mensaje del Rey obtuvo en el País Vasco. Hay que reconocer que el genial Santiago González, una vez más, pone las cosas en un sitio en relación con esta manipulación informativa e inaudita testarudez del diario del PNV.

  Pero prefiero centrar mi atención en otros aspectos de esta pataleta nacionalista. Para empezar, y en consonancia con lo que suelen hacer en su terruño, en lugar de "rey de España" podrían haber hablado de rey del Estado: así habría sido más fácil confirmar su estupidez y su ignorancia. En segundo término, en Deia también hay hueco para glosar la alternativa al mensaje real, calificado de "rancio nacionalismo español": la programación del otro canal, ETB-1, consistente, a mayor gloria del PNV, en lo siguiente: "Tras contemplar Euskadi a vista de pájaro, hubo tiempo para la nostalgia con el festival musical Gu gira -promovido para celebrar los 25 años de Radio Euskadi- o una nueva edición de Euskal Kantuarean Gaua, con Ilaski Serrano y Julio Ibarra de presentadores". Supongo que a esto no se le puede llamar rancio nacionalismo vasco.

  España gasta muchas energías, grandes energías, por culpa del virus nacionalista. Es un desgaste continuo y absurdo. Hay que recordar el carácter excluyente, totalitario y casi racista de los nacionalismos españoles, es decir, de los nacionalismos gallegos, vasco y catalán. ¿O acaso el PNV se ha retractado alguna vez de las tesis racistas de su fundador, Sabino Arana? El nacionalismo español propiamente dicho existe, sin duda alguna, pero tiene menos fuerza e influencia y es generalmente rechazado o considerado inaceptable. Lo que hay que practicar y predicar es el patriotismo.

  Al igual que en el escándalo en torno al mensaje del Rey en el País Vasco, hay que buscar en el nacionalismo las causas del revuelo por el nombramiento de Ignacio Munilla como nuevo obispo de San Sebastián, en contra de los deseos de los párrocos palurdos del lugar, nacionalistas que han intentado crucificarle sin siquiera escucharle –aún no ha tomado posesión del cargo– por una mera cuestión de prejuicios y temores ideológicos. ¡A lo mejor se han pensado los curitas rebeldes que la Iglesia funciona como una democracia y que ellos van a influir en decisiones eclesiásticas! Será que siguen resentidos por tener que oficiar misas en recuerdo de las víctimas del terrorismo nacionalista vasco. A mi modo de ver, son como ciertos clérigos musulmanes, cargados de odio, de fanatismo, los que llaman al terror desde sus cochambrosas mezquitas. Vergüenza para ellos por corromper de esa forma la religión.

  Vergüenza para ellos, sí, y para los nacionalistas en general. Propongo un brindis: Por muchos más discursos del Rey en la televisión autonómica vasca y por mucho sufrimiento, como el patético Uriarte ha vaticinado, para el clero nacionalista vasco.

Fdo. El Espantapájaros.

NOTA: A causa de las fiestas navideñas, no habrá artículo el próximo domingo. Volveré a actualizar el espacio el día 10 de enero. Hasta entonces.

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Mensaje de Navidad

 Quiero desear a todos mis lectores una Feliz Navidad y un venturoso año 2010. Que el Año Nuevo nos brinde renovadas energías para acometer nuestras empresas individuales y que a lo largo del mismo realicemos un esfuerzo colectivo a fin de mejorar España.

Fdo. El Espantapájaros.

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  La agresión sufrida por Silvio Berlusconi a manos de un perturbado con cara de estreñido ha producido no poco regocijo, más o menos disimulado, en las filas de cierto sector izquierdista. A la oposición italiana, sin ir más lejos, le parece que Berlusconi casi se ha ganado el golpazo por ser un provocador, que eso de ganar las elecciones a la izquierda es intolerable, una mala costumbre. Y aún más no tener complejos, hablar claro y ser un tipo con un par de pelotas.

 En España, algunos progresistas lo han celebrado como una manera de redimir el fracasado zapatazo a George W. Bush en 2008 por parte de un exaltado iraquí que, según ellos, iba a ser torturado y encerrado de por vida y que ya está en la calle vendiendo zapatos. Aquella fue una ocasión perdida y desesperante en la existencia de esa gentuza, pues Bush esquivó los dos zapatos con excelentes reflejos, lo que no fue obstáculo para que la izquierda hablase sin cesar del zapatazo que nunca fue. En todo caso, fue una tentativa de zapatazo.

  Ahora por fin se ha consumado la agresión a un destacado líder de la derecha europea. Nada de qué preocuparse, se lo merecía, dicen, y no ha sido para tanto. Y encima el agresor fue un loco, para mayor diversión a costa de quien ha hundido a la izquierda italiana. Pues bien, en este orden de cosas un tal Manuel Pérez Castells, socialista, "diputado de España", como él mismo se define, publicó en su blog una entrada mofándose de la agresión a Berlusconi (al que llama, aparte de Duce, Il Cavalieri en vez de Il Cavaliere), con felices alusiones a que le habían partido la cara y a que los locos nunca mienten.

  Algunos ciudadanos con un mínimo de decencia, servidor entre ellos, quisimos recordarle al ínclito diputado que él es un representante del pueblo español y que, por ello, debería mostrar un poco más de consideración y respeto por el Jefe de Gobierno democráticamente elegido de un país europeo. Al final, fueron publicados unos veinte comentarios críticos con Pérez Castells y uno favorable a sus gracias de vejete. Poco después desaparecieron diez de esos comentarios para ser sustituidos por unos cuantos excusando a su señoría. En otras entradas también desaparecieron los comentarios que le cuestionaban.

  Este señor tiene su espacio plagado de referencias políticamente correctas que causan sonrojo y se diría que representa los intereses de una extraña fundación (Baile de Civilizaciones). Está contra el hambre, contra el cambio climático y no le disgusta el Islam. Sus artículos no merecen más comentario que una sonora carcajada. Tengan en cuenta que a mí este señor, que al parecer fue alcalde de Albacete, me trae a la memoria el chiste de Chiquito de la Calzada sobre el concejal de Cuenca y el mojón, que no utilizaré aquí. No obstante, viendo a una persona tan predispuesta al diálogo, tan filosófica, muchos decidimos recriminarle su actitud hacia el brutal ataque a Berlusconi y esperar a que recapacitase. Personalmente, mi comentario fue totalmente correcto y educado. En respuesta, hemos sido censurados por este filósofo de medio pelo y "diputado de España".

  Obviamente, si alguien quiere implantar censuras y controles en su espacio está en su derecho. Pero que lo advierta y tipifique las causas. Este señor sólo decía lo que sigue: "Si comentas, dialogas conmigo". Más bien, eso es un monólogo cómico. Además, los comentarios fueron borrados una vez publicados, así que pasaron el filtro. Por otro lado, hay que insistir en que los cargos públicos tienen una especial responsabilidad que a veces olvidan.

  Nos quedamos con un ejemplo más de la clase de políticos que forman parte del PSOE y del acreditado respeto de su señoría por la libertad de expresión y la aceptabilidad de las críticas.

Fdo. El Espantapájaros.

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  La Ley Orgánica 11/1985, de 2 de agosto, de Libertad Sindical, en consonancia con el artículo 7 de la Constitución, establece en su artículo 1.1 que todos los trabajadores "tienen derecho a sindicarse libremente para la promoción y defensa de sus intereses económicos y sociales". Me temo, no obstante, que los sindicatos, o mejor dicho, las dos grandes organizaciones sindicales, UGT y CCOO, han perdido de vista definitivamente tales intereses para entregarse a otros bien distintos. Defender a los trabajadores y participar en la negociación colectiva puede ser algo muy digno y honrado, pero el intento de exorcismo comunal contra los empresarios y la CEOE que ayer tuvo lugar en Madrid demuestra que UGT y CCOO no son la solución, sino parte del problema de España.

  Ante la manifestación convocada por los sindicatos, manifestación de absurdos objetivos y risible puesta en escena, me sumo a las palabras de Esperanza Aguirre, una auténtica señora liberal con las ideas claras y el verbo afilado: "La manifestación fue patética, una broma". Y tiene toda la razón. Multitud de banderas catalanas. La reveladora imagen de un manifestante atendido por un limpiabotas. Toxo y Cándido repitiendo consignas trasnochadas y dejando claro que no saben una palabra de economía. El aburrido Gran Wyoming… Fue la convención de los liberados sindicales, según Aguirre, es decir, un espectáculo prescindible y lamentable, una farsa de servidores de la mano que les da de comer, Zapatero.

  Al afrontar la crisis económica que azota España –que va a ser mucho más grave que en otros países–, hace falta determinación de los poderes públicos y sacrificio de empresarios y trabajadores. Señalar falsos culpables o acusar de todos los males a un neoliberalismo que nunca ha sido aplicado carece de sentido más allá de propagar confusión y descargar a Zapatero de su responsabilidad en el tratamiento de la crisis. Ahora el presidente del Gobierno insiste en que la recuperación es inminente, cuando ya hace meses que Salgado detectó brotes verdes. Recomiendo a Zapatero que siga refiriéndose a esa inminencia. A lo mejor en uno o dos años acierta por fin. Y luego está por ver a qué llama recuperación: probablemente a un crecimiento cero o tan bajo que no permitirá crear empleo.

  Parece que los sindicatos van a seguir divirtiéndose con el Presidente y poniendo obstáculos a las reformas en el marco de una concertación a la que se presentan con condiciones irreductibles y perniciosas. Primero, con su oposición irracional a cualquier reforma del mercado laboral impiden una mínima creación de empleo. Es como si les fuese la vida en ello. En segundo lugar, la demanda de excesivas –sí, excesivas– prestaciones sociales dispara el déficit público, generando una Deuda pública que pronto seguirá una senda explosiva. Se me antoja que estos sindicatos desean formar un gigantesco ejército de mantenidos y desesperados a los que manipular con facilidad para que el Gobierno les otorgue más poder. Así no se defiende a los trabajadores.

  No es de extrañar que Jesús Cacho, desde El Confidencial, haya escrito que "la Moncloa ha firmado un pacto de sangre con los sectores menos dinámicos de la sociedad española. Los que viven de la subvención. Es posible que ellos saquen tajada, pero es probable que dejen al país maltrecho para bastantes años" y que "Méndez y Toxo forman parte de la columna vertebral del establishment patrio, moran en la misma trinchera, tienen a Rodríguez Zapatero comiendo en su mano y se han convertido en el obstáculo que impide la adopción de reformas estructurales de las que depende la prosperidad futura de millones de trabajadores españoles".

  El lema de la manifestación fue "Que no se aprovechen de la crisis". Creía que de esta crisis tenía que salir un país con una economía más fuerte, lo que implica aprovecharla, convertir los desafíos en oportunidades. Pero Cándido ha decidido que prefiere la sopa boba.

Fdo. El Espantapájaros.

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  Hoy, 6 de diciembre, se celebra el aniversario de la Constitución española de 1978. Es costumbre en este espacio realizar algún tipo de comentario relacionado con dicha efeméride. Corren tiempos de crisis en todos los niveles. El Gobierno más incompetente de la Historia no tiene otra respuesta ante el colapso económico que una Ley de Economía Sostenible que, salvo contadas excepciones, es un catálogo de medidas del todo a cien, un batiburrillo sin coherencia alguna que pretende cambiar el modelo productivo a golpe de castañas pilongas. España ha perdido tanta relevancia internacional que hasta un país como Marruecos se permite torcer el brazo al circo diplomático dirigido por Morotinos. Y los nacionalistas, cada vez más crecidos, piden el fin de la monarquía y se comen la Constitución en favor de un Estatuto que es la suma de la ridiculez. Pues bien, en medio del caos y la decadencia, tengo claro que la reconstrucción de este país ha de tener como presupuesto la defensa de la Constitución. Ése es, nuevamente, el punto de partida.

  Porque nuestra norma fundamental nació del acuerdo entre las principales tendencias políticas, de cesiones mutuas y de voluntad común. Un gran valor que no puede caer en el olvido. En la turbulenta trayectoria constitucional española, las constituciones más duraderas y beneficiosas han sido siempre aquellas que respondían a un pacto entre moderados y progresistas, como la de 1837, o entre conservadores y liberales, como la de 1876. Constituciones, al igual que la actual, pragmáticas, flexibles y adaptables, una versatilidad que permitió y permite la pacífica alternancia política, es decir, estabilidad y nula necesidad de cambios traumáticos y revolucionarios.

  No es la Constitución de 1978 una Biblia liberal, ni falta que hace. Deja la puerta abierta a una cierta planificación económica y se limitan la propiedad privada y la libertad de empresa (arts. 33 y 38, respectivamente). Pero tampoco es socialista. El sistema de economía que configura es mixto, de mercado pero matizado por lo anterior. La lista de derechos fundamentales es amplia (arts. 15 a 29) y, lo que es más importante, se protege de forma especial (art. 53). Por consiguiente, son los distintos gobiernos los que orientarán su política hacia un lado u otro, en tanto que la Carta Magna asume el papel de contener las reglas del juego y la organización básica del Estado.

  Ya se superó la idea del valor taumatúrgico de las constituciones (algo que, en el fondo, tan sólo servía para convertirlas en textos programáticos que acababan siendo papel mojado) y se afirmó su carácter de norma jurídica jerárquicamente superior a todas las demás. No es la panacea, sino la piedra angular del sistema o los cimientos del mismo. Por eso es un punto de partida que puede conducir a destinos mejores o peores.

  Es obvio que hay imperfecciones en la obra del constituyente de 1978. Ahí está el Título VIII, intrincado rompecabezas y generador de un Estado autonómico nunca acabado y en constante tensión. Y se podrían proponer unas cuantas reformas. Mas la reforma es parte de la dinámica constitucional, aunque deba abordarse con suma cautela y pensando en las consecuencias.

  A mi juicio, treinta y un años después aún hay motivos para brindar por nuestra Constitución, para sentirnos orgullosos de sus aciertos y para desear seguir sujetos a ella por mucho, mucho tiempo.

Fdo. El Espantapájaros.

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