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Archive for 31 enero 2010

  A juzgar por las reacciones que se están sucediendo en el caso del cementerio de residuos nucleares (a mí no me dan miedo las palabras, a diferencia de los progresistas), parece que sea ésta una nación de cobardes, supersticiosos y, en especial, politicastros. A lo peor la duda ya puede ser despejada. Tal es la conmoción que ha causado en mí la oposición de algunos miopes a la construcción del dichoso almacén, que por los alcaldes es visto como el cuerno de la abundancia y por la mayoría de los paisanos, mal aconsejados por los ecologistas –que obtienen su dinero no del trabajo duro, sino de subvenciones–, como una puerta a los infiernos.

  Sería harto más comprensible el rechazo, aunque igualmente irracional, hacia la construcción de una central nuclear. Sólo ha habido un accidente realmente grave en toda su trayectoria, pero se trataría del temor a una instalación activa, de donde sale humo, se produce energía y, en suma, puede estallar. Por el contrario, los residuos no hacen nada en sus contenedores y las posibilidades de un escape deben de ser mínimas. ¿Tan poca confianza hay en las llamadas ciencias exactas? ¡Cuán hipócritas son los personajes como Escolar, que junto a sus críticas a la Iglesia o a las religiones exhiben sin pudor un miedo casi religioso y atávico a la energía nuclear, que es una energía limpia! Son cobardes, supersticiosos. Sólo les falta hacer signos con los dedos y decir: "Lagarto, lagarto".

  Claro que siempre existirá el riesgo de radiación dañina para la salud o de contaminación del ambiente. Es igual: de cuando en cuando hay que superar la aversión al riesgo. Además, se pondrán en pie importantes medidas de prevención y los niveles de radiación se pueden medir y, por tanto, controlar. El almacenamiento de residuos no se va a realizar abriendo una zanja en la tierra y echando dentro los contenedores, como sin duda pensarán algunos. No es un vertedero. Los mayores riesgos se concentrarían durante el traslado de los residuos, riesgos que soportarían un número mayor de personas que el de los habitantes del pueblo que resulte elegido.

  Ridícula, by the way, la actitud de los caciques autónomos. Ridícula y previsible. No entiendo por qué presionan a los poderes locales cuando por una vez son noticia por algo preñado de sensatez. En cualquier caso, hago desde aquí un llamamiento al respeto al principio de competencia y, en su caso, al de prevalencia, a favor del Estado central. Lo demás son ganas de hacerse notar.

  Como muchos han vaticinado, los presidentes regionales pretenden transformar sus regiones en feudos, en territorios aislados y cerrados al exterior donde sólo ellos puedan tomar decisiones. El agua de los ríos que por allí transcurran será para ellos, las cajas de ahorros no podrán fusionarse con otras foráneas, multarán a los comerciantes por no rotular sus establecimientos de acuerdo con el deseo de los nacionalistas y cada vez exigirán más financiación, más cesiones de impuestos, sobre todo del IRPF. Nada de lo anterior es ficticio, desgraciadamente.

  Desde ya anuncio que mucha vergüenza me va a dar votar al PP mientras la plomiza e incoherente Dolores de Cospedal, que es igual o peor que Barreda, ostente cargos en la dirección nacional del partido.

Fdo. El Espantapájaros.

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  Hoy es la festividad de San Raimundo de Peñafort, canonista del siglo XIII y patrón de los juristas y del Derecho Canónico. Como fue esa disciplina la que introdujo en el Derecho el concepto primitivo de función social de la propiedad, y para homenajear al patrón, he tenido a bien componer esta humilde perspectiva de la propiedad privada y su regulación jurídica en España.

  A fin de analizar y comprender la propiedad como derecho, hay que acudir, en primer lugar, al Código Civil, donde se plasmó un concepto de propiedad tributario de las ideas liberales clásicas y de la concepción romana de la propiedad como el más absoluto de los derechos. El artículo 348, primer párrafo, tiene el siguiente tenor: "La propiedad es el derecho de gozar y disponer de una cosa, sin más limitaciones que las establecidas en las leyes". Esta propiedad implica, al menos, tres notas o facultades esenciales: gozar de una cosa, disponer de ella y reivindicarla (art. 348, segundo párrafo).

  La Constitución de 1978 "reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia" (art. 33.1), si bien, en el contexto de la economía social de mercado que dibuja el texto constitucional, juega un papel inevitable la función social de estos derechos –propiedad y herencia–, que "delimitará su contenido, de acuerdo con las Leyes" (art. 33.2). Por último, se establece una importante garantía: "Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las Leyes" (art. 33.3). Es decir, cuando se acude al mecanismo de la expropiación forzosa, el particular afectado tiene que recibir un justo precio que compense la pérdida de su propiedad (arts. 24 a 47 de la Ley de 16 de diciembre de 1954, de Expropiación Forzosa).

  De su situación fuera de la Sección I del Capítulo II, Título I, de la Constitución, se desprende que el derecho a la propiedad no es un derecho fundamental –goza, por tanto, de una menor protección y fuerza–, pero sí un derecho constitucional que merece todo respeto. Derecho constitucional que a veces puede reforzarse con la inviolabilidad del domicilio del artículo 18.2, a condición de tener en cuenta que esa garantía no es sino una consecuencia del derecho fundamental al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen (art. 18.1) y que la noción de domicilio es más amplia que la de propiedad (ésta no tiene por qué coincidir con el domicilio, esto es, uno puede ser dueño de propiedades que no sean su domicilio).

Como cualquier otro, el de la propiedad no es un derecho ilimitado. Puede que sea, además, uno fuertemente limitado.

  Dichos límites abundan, pero también dependen de cuál sea el bien sobre el que recae la propiedad. No es lo mismo ser propietario de un cuadro de Velázquez que de una vajilla regalada por un banco, como tampoco lo es serlo de una finca rústica con bosque que de una finca urbana… Es más, hay una protección penal que impide que el dueño haga lo que quiera con determinadas propiedades (por ejemplo, delitos sobre el patrimonio histórico, contra los recursos naturales y el medio ambiente o los relativos a la protección de la fauna, flora y animales domésticos). De ahí que se haya afirmado que no existe una sola propiedad, sino muchas, de acuerdo con las diferentes naturalezas de los bienes y en razón de sus distintos regímenes jurídicos.

  Interesa comentar los límites y limitaciones que se estudian en Derecho Civil, pues tienen que ver con la convivencia, con las relaciones de vecindad, y ya se sabe lo que el español piensa de sus vecinos… De un lado, existen limitaciones del dominio tendentes a proteger una utilidad pública. Se trata de limitaciones municipales y urbanísticas, militares, de conducción de fluidos, etcétera. De otro, existen limitaciones del dominio tendentes a proteger un interés privado. Se habla en esta materia de los actos de emulación y de los actos de inmisión.

  En realidad, los actos de emulación son abusos del derecho. No uso, que siempre es legítimo, sino abuso (qui iure suo utitur neminem laedit). El Código Civil, en su artículo 7.2, reza: "La Ley no ampara el abuso del derecho o el ejercicio antisocial del mismo. Todo acto u omisión que por la intención de su autor, por su objeto o por las circunstancias en que se realice sobrepase manifiestamente los límites normales del ejercicio de un derecho, con daño para tercero, dará lugar a la correspondiente indemnización y a la adopción de las medidas judiciales o administrativas que impidan la persistencia en el abuso". Un acto de emulación será cualquier acto del propietario cuyo fin principal sea perturbar a su vecino. Lógicamente, si alguien quema en su finca la poda y, por fastidiar al vecino, añade al fuego unos cuantos neumáticos para que el humo que cubre la otra finca se vuelva negro, el abuso es evidente y al margen de lo permitido.

  Las llamadas inmisiones se refieren a los derechos reales de servidumbre o a actos perjudiciales para el vecino en general. En el primer caso, están legalmente autorizadas y son, casi siempre, razonables. Por ejemplo, las servidumbres de paso (arts. 564 a 570 CC) o la de luces y vistas (arts. 580 a 585 CC), las cuales provienen directamente del Derecho Romano.

  Otra cosa son las inmisiones en sede de responsabilidad extracontractual. Es obligado citar el artículo 1907: "El propietario de un edificio es responsable de los daños que resulten de la ruina de todo o parte de él, si ésta sobreviniere por falta de las reparaciones necesarias". También los supuestos de responsabilidad enumerados en el 1908 (humos excesivos, caída de árboles…). En la legislación especial, cabe destacar la Ley 49/1960, de 21 de julio, de Propiedad Horizontal, cuyo artículo 7.2, primer párrafo, prohibe al propietario o al ocupante del piso o local el desarrollo de "actividades prohibidas en los estatutos, que resulten dañosas para la finca o que contravengan las disposiciones generales sobre actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas". Un caso típico en las ciudades sería el de los vecinos ruidosos, problema del que se suelen ocupar ordenanzas municipales.

  Tras esta exposición, ya es lícito plantearse el tema del contenido esencial de la propiedad privada. Por lo pronto, queda tajantemente descartado que sea un derecho absoluto. Habrá que atender, entonces, a la concepción pluralista de la propiedad privada, mencionada más arriba. El Tribunal Constitucional tiene declarado que "[…] la Constitución reconoce un derecho a la propiedad privada que se configura y protege, ciertamente, como un haz de facultades individuales sobre las cosas, pero también, y al mismo tiempo, como un conjunto de deberes y obligaciones establecidos, de acuerdo con las Leyes, en atención a valores o intereses de la colectividad, es decir, a la finalidad o utilidad social que cada categoría de bienes objeto de dominio esté llamada a cumplir. Por ello, la fijación del ‘contenido esencial’ de la propiedad privada no puede hacerse desde la exclusiva consideración subjetiva del derecho o de los intereses individuales que a éste subyacen, sino que debe incluir igualmente la necesaria referencia a la función social, entendida no como mero límite externo a su definición o a su ejercicio, sino como parte integrante del derecho mismo. Utilidad individual y función social definen, por tanto, inescindiblemente el contenido del derecho de propiedad sobre cada categoría o tipo de bienes" (STC 37/1987, de 26 de marzo, FJ 2). En efecto, "[…] el derecho a la propiedad privada que la Constitución reconoce y protege tiene una vertiente institucional […]", la función social, "lo que supone, como ya sabemos, la definitiva incorporación del interés general o colectivo junto al puro interés individual del titular en la propia definición de cada derecho de propiedad o, si se prefiere, en la delimitación concreta de su contenido" (ibidem, FJ 8).

  Para finalizar, daré a conocer mi opinión personal brevemente. La propiedad privada es un elemento fundamental en toda economía de mercado, elemento íntimamente relacionado con la libertad. Es un derecho clave y determinante. Sin embargo, concebirlo como un derecho absoluto sería un error. ¿Qué clase convivencia social y de orden público podría articularse si cada propietario abusara de sus facultades de dominio o se dedicase a perjudicar a terceros? Los límites son necesarios y se han de interpretar restrictivamente. A pesar de que la función social devalúe este derecho, lo cierto es que el sistema capitalista se ha mantenido en pie y los españoles pueden acceder a la propiedad y defenderla, respetando la buena fe. A mi juicio, todo ciudadano tiene una serie de facultades alrededor de su propiedad y, sin duda, unos deberes que cumplir, y entre ellos habría de figurar el deber de protegerla por los medios adecuados, frente a la Administración o frente a otro particular, porque eso nadie se lo impide.

  El jurisconsulto Ulpiano dijo: "Iuris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere" (Digesto 1, 1, 10). Suficiente para la propiedad privada.

Fdo. El Espantapájaros.

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  El segundo de los retos de Occidente a los que aludía en el anterior artículo era la batalla contra el terrorismo musulmán, que en 2009 ha sido dura y que en 2010 va a adquirir un nuevo protagonismo. Se trata de una guerra con muchos frentes abiertos. Uno de ellos, Afganistán, es especialmente preocupante debido a la pujanza de los terroristas. Pese a todo, la acertada decisión de Obama de enviar nuevas tropas a ese infumable país contribuirá a devolver el orden y la seguridad a la zona. Y nuevas tropas no son cincuenta o cien, al estilo español, sino treinta mil, una fuerza suficiente para aplastar a los enemigos. Al final, la OTAN tendrá éxito.

 Para ello, los Estados Unidos e Inglaterra necesitan aliados fiables. ¿Lo es España? El estilo español en lo militar lo representa a la perfección Julio Rodríguez, Jefe del Estado Mayor de la Defensa, que en una entrevista confesó su punto de vista sobre este asunto: "Cuanto antes nos podamos marchar de Afganistán, mejor". Aunque agrega que primero habrá que "alcanzar nuestros objetivos", es palpable que lo suyo no es la arenga. Naturalmente, nadie quiere permanecer en Afganistán para siempre, eso sería absurdo, pero el tono, la languidez que demuestra… ¿Es que a este señor le gustaría irse como se fueron los españoles de Iraq? Debería haber dicho algo así: "Sólo nos iremos de Afganistán con la misión cumplida o, en su defecto, cuando lo ordene el Gobierno".

  Uno no puede dudar de la alta cualificación técnica de Julio, ni de su experiencia y su conocimiento de la estrategia militar, pero, en comparación con los altos mandos militares estadounidenses que conozco, como Peter Pace, David Petraeus o Stanley A. McChrystal, me parece un tipo bastante delicado y sin sangre en las venas. Sus respuestas en la entrevista las podría haber firmado un funcionario de Hacienda (considera que la misión estará cumplida cuando "los afganos se puedan hacer cargo de su propia seguridad", en lugar de cuando los terroristas, a los que llama insurgentes, hayan sido aniquilados). No hace falta que se comporte como un caudillo militar y que dé el espectáculo y se ponga épico, pero ya que concede una entrevista podría traslucir más determinación. La seriedad no está reñida con la energía y el optimismo.

  Otro frente es el de la seguridad en los aeropuertos y en la navegación aérea en general. Por lo pronto, los ciudadanos ya saben cuál sería el resultado de permitir un secuestro a bordo de un avión. Las lecciones del 11 de septiembre de 2001 no han de ser despreciadas y, como ha apuntado Octopusmagnificens, ahora el pasaje, en la mayoría de los casos, va a estar dispuesto a neutralizar al terrorista que intente hacer algo.

  En lo referente a las medidas preventivas, tiene que producirse un debate sobre el uso del nuevo escáner corporal en los aeropuertos. Un debate acerca de su efectividad y de las garantías que obtendrá el ciudadano que se someta a ese desnudo, pues qué duda cabe que aquí se puede plantear un conflicto con el derecho a la intimidad y a la propia imagen. Siempre he defendido que toda seguridad en los aeropuertos es poca y que muchos europeos son demasiado sensibles y quejosos, pero el nuevo escáner roza los límites. Junto con ese sistema, que tampoco es la panacea, se deberían reforzar los interrogatorios a individuos que sean claramente sospechosos.

  Mi deseo para 2010 y para superar este reto es que la OTAN siga poniendo fuera de circulación a muchos terroristas en Afganistán y que el Consejo de Seguridad de la ONU, o Estados Unidos por su cuenta, se decidan de una vez por todas a poner fin al régimen nuclear iraní, que es un país que apoya al terrorismo y una amenaza para todos.

Fdo. El Espantapájaros.

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  Voy a empezar el nuevo año citando al primer ministro Yukio Hatoyama, que en su primer discurso de 2010 dijo: "I hope you are all well and haven’t caught a cold in the cold weather. To the young people preparing hard for entrance exams, do mind your health and make sure you produce the best possible results".

  Dicho esto, ya son nítidos los dos principales e inmediatos desafíos que ha de afrontar la civilización occidental en el arranque de la nueva década: la lucha contra la crisis económica, donde sobresale para mal el estado calamitoso de España; y la lucha contra el terrorismo musulmán.

  Respecto a lo primero, la situación va siendo encauzada poco a poco y la recuperación avanza en países como Alemania, merced, entre otras cosas, a la gestión de Angela Merkel, digna de alabanza, con toda su seriedad y falta de estridencias. La excepción es España. Aquí puede contemplarse un horizonte de paro y déficit a palo seco, un horizonte dominado por un Gobierno socialista más preocupado por sus amigos sindicalistas –está empeñado en otorgarles más dádivas y cuotas de poder– que por llevar a cabo las reformas inaplazables que necesita el país en tantos sectores. Es penosa y viciosa la triple combinación en que consiste la receta del Gobierno: más parados, más déficit para pagar subsidios y tonterías varias y más impuestos para que al menos el Estado ingrese algo. El socialismo español como repartidor de miseria.

  Jamás ha de caer en el olvido que el Gobierno, como medida cautelar, negó de forma sistemática e irracional la existencia de graves problemas económicos en España, hasta extremos cómicos e irritantes (aquellas obscenas entrevistas donde Zapatero se negaba a pronunciar la palabra crisis); después, con el agua al cuello, aportó la única salida del gasto público sin freno junto con la inútil Ley de Economía Sostenible, otra ley más de las de Zapatero, es decir, de las que tan sólo valen como fuegos artificiales y vehículo de propaganda y medidas baratas e inconexas, puro cachivache de mercadillo.

  Se agradecen, por tanto, las palabras de Esperanza Aguirre, en su primera rueda de prensa de 2010, señalando las diferencias entre un Tony Blair que aseguró que "ningún dogma ideológico me va a apartar de dar mejores servicios a los ingleses" y un Zapatero cada vez más prisionero de sus consignas y limitaciones, un hombre que en lugar de un presidente del Gobierno capaz de ser flexible, práctico y abierto se asemeja a un sectario fantoche sindicalista. Afortunadamente, Madrid resiste mejor la crisis debido a la fortaleza de sus emprendedores y trabajadores y a que el Gobierno regional ha adoptado por regla la austeridad y, en consecuencia, ha podido establecer nuevas deducciones en el IRPF que benefician a los contribuyentes con menos ingresos. Nada que ver que con la Generalidad catalana y sus muy gravosos informes sobre qué paisajes les gustan más a los catalanes.

  Por si tuviera poco, Zapatero ha asumido ahora la tarea de sacar a Europa de la crisis a partir de fotografías y cumbres sin sentido. Qué falta de decencia la del Presidente, que con cuatro millones de parados y ninguna buena noticia que ofrecer pretende dar lecciones a los demás. Lecciones de moral y economía –él, que la aprendió en dos tardes–, ignorante de que "desde un punto de vista económico, el único requisito exigible a un sistema es su eficiencia y toda cuestión moral carece de sentido", tal y como escribió Andrew Schotter en La economía de libre mercado (Ariel, 1987).

  Tratándose de tan pintoresco personaje, la sui generis presidencia española de la UE ha iniciado su andadura, obviamente, entre la indiferencia, la desconfianza o, directamente, la burla, y con la bienvenida de Mr. Bean. El traspaso de poderes se adornó con una ceremonia en Madrid en la que los invitados tuvieron que aguantar música flamenca y berridos gitanos. De perdidos al río. Y al frío.

Fdo. El Espantapájaros.

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