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Archive for 28 marzo 2010

  No se puede ocultar que Nicolas Sarkozy y su partido, UMP, han sufrido una clamorosa derrota en las elecciones regionales recientemente celebradas en Francia. La imagen del pentágono teñido de rojo impresiona, es verdad, y entorpece e hipoteca la viabilidad del proyecto conservador y liberal. Pero el triunfo de socialistas y comunistas ha de entenderse, como ha destacado certeramente Atreides en un lúcido artículo, "como un voto de castigo a un partido que ni representa a los votantes de la derecha ni ha sabido gestionar el país convencido de sus propias ideas". Conclusión que se refuerza por el hecho de que las 26 regiones de Francia gozan de escaso poder, por suerte para los franceses.

  Aun así, discrepo de que la decepción con Sarko sea total y de que carezca de convicciones que aplicar. No entiendo a los franceses. Ellos eligieron al mejor y sabían lo que les esperaba. Hay que revisar las críticas que se han formulado… Él se mueve mucho y apabulla. ¿Sería más apreciado un Presidente como Chirac, tan empalagoso como pasivo? La hiperactividad de Sarko e, indudablemente, sus múltiples excesos han propiciado una Francia menos anquilosada y con más ganas de marcha. La política de apertura fue, en general, alabada durante la campaña de las elecciones presidenciales. Tal vez ahora haya que dar marcha atrás, pero pienso que Sarkozy demostró que no era un sectario y que había vida más allá del partido. Por último, comparto la opinión de que Sarkozy ha caído repetidas veces en la grandilocuencia sin que luego sus palabras se tradujesen en hechos. Casi es mejor así: de lo que se ha olvidado es de moralizar el capitalismo, de más regulaciones y de preocupaciones por el ficticio cambio climático.

  Frente a lo anterior, sus éxitos han sido notables. Desde mi punto de vista, hay mucho bueno que subrayar: su política de tolerancia cero con inmigrantes ilegales delincuentes; su debate sobre identidad nacional; el escudo fiscal; la reducción del número de funcionarios; su firme oposición a la entrada de Turquía en la UE; la plena integración de Francia en la estructura militar de la OTAN; su lucha sin cuartel contra el terrorismo nacionalista vasco. A tenor de los resultados electorales y las encuestas, parece que los franceses quieren más o quieren otra cosa, pero, a título personal, no considero que el balance actual de su presidencia sea negativo.

  A los que dudan de Sarko y su capacidad, recordarles que fue él quien venció a la petulante socialista Royal. Y fue él quien, en sus vibrantes discursos, proclamó el fin de las bobadas de Mayo del 68. El año pasado acaeció su visita oficial a España. Pronunció entonces un discurso en el Congreso de los Diputados que no ha de menospreciarse, pues fue una de las más brillantes piezas de oratoria que se han escuchado en la Cámara Baja en mucho tiempo.

 Todo ello no puede ser despreciado por unas cuantas declaraciones desafortunadas y su romance con Carla Bruni, que Atreides, en su citado artículo, pone en cuestión, haciendo alusión a determinados escándalos y socavones en su vida privada. Puede que sea cierto, pero así como Sarkozy supo deslumbrar al mundo con Bruni y después no tuvo reparos en mirarle el escote a una modelo con descaro, sabrá ahora cómo terminar con esos rumores, recuperar la confianza de los franceses y seguir siendo un ejemplo de estadista moderno.

  Desde 2005, me basta con observar un retrato de Sarkozy, que no por ser de pequeña estatura deja de ser inmenso, para sentirme reconfortado, con más energía y determinación, porque él siempre ha trasmitido una enorme fuerza de voluntad y pasión por los valores que encarna y promueve: el mérito y el trabajo, la defensa del Estado de Derecho, la promoción social, la grandeza nacional… Por ello, le deseo toda clase de éxitos y un futuro brillante en 2012.

Fdo. El Espantapájaros.

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  Madrid es una ciudad aficionada al bullicio de los rumores políticos. Imagino que ha sido así desde los días de gloria de las tertulias de café y centros intelectuales. El que está de moda hoy día es uno especialmente goloso. Apenas un año después de la última crisis de Gobierno, ya se vislumbra una nueva antes del verano, tras el fiasco de la presidencia de la UE. A los periodistas y curiosos les encanta este tema: hacen quinielas y predicciones sobre quién saldrá y por qué; cuando se produce el cambio, analizan los distintos perfiles y especulan sobre los motivos de su designación. Una segunda crisis de Gobierno en tan poco tiempo es signo de debilidad y de desgaste, y Zapatero va a intentar hacer propaganda aprovechando la operación. Por ello, los cambios que pueda acometer en el Consejo de Ministros serán bastante limitados en cuanto a efectos sobre su política, a mi entender.

  Primero, porque sucesivos relevos ministeriales sólo han ido empeorando la composición del Consejo de Ministros hasta su estado actual: un órgano con mucha estética y marketing detrás pero con miembros desaparecidos y menguante poder real. Segundo, porque Zapatero prefiere rodearse de cortesanos y, en esa dinámica, sin voces críticas ni alternativas, en verdad sólo importan sus propias decisiones. Y, en fin, porque es improbable que vaya a darse algún fichaje espectacular, de mentes y currículos privilegiados, al estilo de lo que ha hecho Sebastián Piñera en Chile. La cartera de Economía y Hacienda será asignada a un dócil más pendiente de agradar a Zapatero que de enderezar las cuentas públicas. Y seguro que se reduce el número de independientes en beneficio de miembros del partido.

  Dicho esto, puede que sí haya un cambio importante. Muchos periodistas dan por seguro que Fernández de la Vega se marcha, que va a ser expulsada del paraíso por el caprichoso Zapatero, dado que está achicharrada y ya no coordina como antes. Tan es así, que la susodicha ha tenido que conceder varias entrevistas esta semana a fin de desmentirlo. Cuantos más desmentidos haya, más probabilidades de que deje el Gobierno. El año pasado, a pocas semanas de la crisis, Zapatero aseveraba a los medios de comunicación que no entraba en sus planes un cambio de Gobierno…

  Ideológica y políticamente, De la Vega está muy alejada de mí. Mucho la he criticado. Pero, al margen de sus ideas (y siempre que no sean unos bárbaros), tiendo a admirar a los políticos que trabajan con tanto ahínco y tesón, a los que dan la cara todas las semanas y responden, con más o menos acierto, a preguntas incómodas y capciosas. Huelga decir que De la Vega, auténtica cara de perro del Ejecutivo, se ha deslomado en su tarea. Al caer en desgracia, sólo recibirá, como ha advertido Jordi Sevilla, indiferencia.

  Quienes estudian e intentan clasificar a Zapatero suelen dividirse entre los que piensan que es un bobo solemne y los que señalan que es un animal político maquiavélico. Quizá es una cosa y la otra. Y quizá estas dos facetas suyas le lleven a prescindir de De la Vega. En todo caso, echaré de menos la severidad de María Teresa, su gesto adusto y su espléndido fondo de armario.

Fdo. El Espantapájaros.

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  Aunque parecía imposible, todo apunta a que la carrera judicial de Baltasar Garzón está tocando a su fin. A la vista de los hechos, es una buena noticia, pues motivos no faltan para que termine cuanto antes. No repasaré aquí el contenido de las diferentes querellas que han sido admitidas contra él, sino que pretendo poner el acento y denunciar la campaña a favor del polémico titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, habida cuenta de los métodos y razonamientos esgrimidos, cuya perversidad está dañando gravemente el Poder Judicial.

  Cuando los valedores de Garzón, desde el Grupo PRISA o desde la hoja parroquial del PSOE (Público), salen en su defensa días tras día, no hacen ni una sola referencia a los artículos 446 a 449 del Código Penal, que regulan la prevaricación, o a si las conductas del magistrado encajan o no en esos preceptos y si se sostiene o no la imputación realizada. Más bien, aportan argumentos falaces, extravagantes, y dedican grandes esfuerzos desprestigiar a los querellantes o, yendo más lejos, a los magistrados del Tribunal Supremo y a los vocales del Consejo General del Poder Judicial. Con ello, los adalides de la responsabilidad y el sentido de Estado, que tanto solicitan al PP, ponen en duda el propio Estado de Derecho y sus instituciones no por una causa justa o ante un grave fallo del sistema, sino por mor de su simpatía –basada en un interés ideológico– hacia el otrora Príncipe de la Magistratura y sus desmanes.

  Escolar no comprende que, para bien o para mal, Falange es un partido legal y que, por tanto, puede actuar contra Garzón. ¿O es que va a ser un comité de periodistas progresistas el que decida sobre derecho al acceso y derecho al proceso, o sobre legitimación activa? Además, resulta triste y paradójico que, obviando el marco legal, los limpiabotas de Garzón desciendan al terreno de la ideología y del partidismo, siguiendo los criterios de buenos y malos de la devaluada memoria histórica. Resulta paradójico, sí, porque fue precisamente Garzón, al menos cuando pretendió saltarse la Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía, quien sin duda actuó movido por afinidades ideológicas y ganas de revancha.

  Es inconcebible que el presidente del Gobierno, en un nuevo ejercicio de intromisión y desfachatez, salga por televisión elogiando la valentía de Garzón en la lucha contra ETA, como si no hubiera más jueces amenazados. Y para los que critiquen las intervenciones de Aznar, les recomiendo una reflexión sobre la última salida de tono de González, refiriéndose al "ganao" que hay al frente de la Justicia. Una declaración sumamente incoherente viniendo del hombre bajo cuyo mandato tanto mal se hizo a la independencia judicial con la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial, la cual instauró un aberrante sistema de elección de los vocales del CGPJ –órgano encargado de los nombramientos para el TS–, dejándolo en manos del Parlamento y convirtiéndolo en carne de cuotas. Politización de la Justicia que aún perdura.

  Siento un gran respeto por los jueces. La mayoría son personas altamente cualificadas, serias y trabajadoras, y procuran mantener su independencia y sujetarse únicamente a la Ley cuando toman decisiones. Y entiendo que la función jurisdiccional ha de ejercerse con rigor y discreción, lejos de los focos de las cámaras y de las tentaciones de la fama. Garzón, en ese sentido, es un ejemplo a no seguir. No conviene confundir la necesaria independencia judicial con la existencia de jueces intocables. Todo juez es responsable y no puede hacer lo que quiera sin consecuencias.

  Hay un dicho inglés que aprendí de Aznar: "El juez que se quita la peluca ya no se la vuelve a poner". En España habría que hablar de puñetas. Pues bien, Garzón las perdió en 1993, en su aventura socialista con González, y no debió regresar en 1994. Acumula ya demasiados escándalos sobre sus espaldas (la cacería con Bermejo, el inolvidable "Querido Emilio"…), escándalos dañinos para la Justicia. Y su gusto por salir en los telediarios entrando en la AN es ya una obsesión. A muchos juristas prestigiosos les he escuchado glosar los disparatados autos de Garzón, sus instrucciones chapuceras y su poco respeto por las garantías procesales en las investigaciones. Hace tiempo que perdió el juicio y, si quiere investigar crímenes del franquismo, quizá debería meterse a historiador. Ha traspasado las líneas rojas y la Justicia no va a perder nada con su salida. Dura lex, sed lex.

  Cualquier otro juez en su misma situación ya habría sido suspendido de sus funciones por el CGPJ y estaría a la espera de un duro varapalo por parte del TS. Sin embargo, Garzón alberga esperanzas y se agarra a los clavos ardientes que le han tendido sus amigos de última hora, aun sin con su actitud hunde más a la Justicia española. Pero es cuestión de tiempo. A Garzón nadie le va a negar sus méritos y, cuando por fin pueda ejercer como conferenciante a tiempo completo, asistiré encantado a las narraciones de sus batallas legales y las conspiraciones que sufrió. Eso sí, bien lejos de la AN.

Fdo. El Espantapájaros.

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  Ha vuelto a suceder. Rosa Díez ha sido agredida y boicoteada en una Facultad de Ciencias Políticas, esta vez en la Universidad Autónoma de Barcelona, de modo similar a como lo fue en la de la Universidad Complutense de Madrid, en febrero de 2008. De entrada, resulta paradójico que un espacio que debiera caracterizarse por su apertura, su interés en el sano debate y la receptividad a las ideas acabe siendo un reducto del pensamiento único izquierdista, de cerrazón ideológica y de los peores métodos para acallar al disidente. Una política y diputada acude invitada a impartir una conferencia que lleva por título "Una alternativa para Cataluña" y se encuentra con una tropa de energúmenos, de filibusteros que no sólo insultan y pegan bramidos, como en el caso de Aznar hace poco, sino que también recurren a la violencia.

  Al margen de las animosidades que despierte un político en un determinado lugar, siempre se le ha de dejar hablar libremente. Luego será válido, por supuesto, discrepar de él y hacérselo saber por todos los medios legítimos. He asistido a diversas conferencias e intervenciones de Rosa Díez y puedo asegurar que ella nunca censuraría una pregunta incómoda, pues sabe acatar las críticas sin mayores aspavientos. Pero lo que ya no es legítimo es intentar impedir el acto en sí a través de la intimidación, la coacción, las vías de hecho… En mi opinión, la extrema izquierda se ha vuelto a retratar como lo que es: un movimiento intolerante, agresivo, cerril, estanco y proterrorista. Y, en este caso, nacionalista, faltaría más. En resumen, unos totalitarios quién sabe si alentados y organizados por otras instancias distintas de sus asociaciones para fumar porros y fomentar el antisemitismo.

  Los progresistas tibios, como siempre, ya habrán iniciado la ardua tarea de justificar la agresión y perdonar a los alborotadores. La excusa principal no es para nada desconocida a estas alturas. Dirán que Rosa Díez iba a provocar, que no debería haberse metido en la boca del lobo. Sin embargo, en democracia no puede admitirse sin rubor la existencia de bocas del lobo en ninguna parte. No hay espacios vedados que valgan. Es indecente y falsario hablar de provocación por parte de una persona que lo lleva bajo el brazo son propuestas razonables que va a expresar con respeto. La única provocación que aprecio aquí es la de los radicales, quienes se atreven a amilanar a los demócratas y a pisotear las libertades ante la pasividad de la autoridad.

  Ni que decir tiene que el respeto a la libertad de expresión es un pilar básico en toda democracia. La extrema izquierda, que no la respeta y la quiere destruir, se ha hecho fuerte en ciertos enclaves, no sé si por ser una minoría ruidosa e influyente o por ser una mayoría abrumadora y brutal. En todo caso, goza de la connivencia y respaldo más o menos vergonzante de muchos medios y políticos. También habría que anotar qué clase de profesores sectarios campan a sus anchas en algunas facultades.

  Este nuevo episodio de boicot no es para tomárselo a broma o con cierto placer, como hizo Público el viernes, con el siguiente titular (que más tarde sustituyó): "La Autónoma de Barcelona le canta las cuarenta a Rosa Díez". Ahí está el espíritu de quienes sonríen ante el acto reventado de alguien que no comparte su ideología, y eso que Rosa Díez se ha calificado como socialdemócrata. Esta cuestión ha de ser abordada con la debida gravedad, exigiendo responsabilidades y soluciones.

  Afortunadamente, no en todas partes es así. A la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos han ido a hablar, invitados por el Foro de Debate Político Ágora, Rosa Díez y Llamazares, sin que hubiera que lamentar incidentes. Y en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, mi centro de estudios, se han expresado con libertad políticos tan significados y dispares entre sí como Ángel Acebes o Baltasar Garzón. Lo cual prueba que quedan muchos universitarios civilizados, dispuestos a escuchar. Aunque nadie debe optar por lo cómodo y seguro, así que mi deseo, en realidad, es que Rosa Díez regrese a la Autónoma de Barcelona y que lo haga por la puerta grande.

Fdo. El Espantapájaros.

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