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Archive for 28 noviembre 2010

  Tal vez me habría enterado antes o después, pero el caso es que tuve conocimiento del concierto de Alice Cooper gracias a una serie de coincidencias con origen en el programa Las joyas de la corona, un reality show que tuve la humorada de ver entero y cuyo máximo reclamo era Carmen Lomana, una espléndida y encantadora dama. Alaska, amiga de Carmen, fue una de las invitadas al programa. La cantante escribió en su blog, ubicado en Libertad Digital, sobre su paso por la gala, y así fue como empecé a leerlo con más o menos regularidad. Finalmente, un buen día entré y me encontré con un texto en el que, al final, se mencionaba un concierto de Alice Cooper. ¿En Madrid? Sí. Y, desde entonces, me puse a organizarlo todo.

  Curiosamente, en la cola antes del concierto no vi muchas camisetas con portadas de discos de Cooper. De hecho, creo que tan sólo llegué a descubrir dos: una de Brutal Planet (2000) y otra sin referencia a un disco en concreto. El público era mayoritariamente joven. También había vieja guardia, pero no tanta. Lo cual significa que Alice Cooper ha ido renovando a su público. En cuanto a las cifras, no hubo lleno total pero tampoco fracaso. Sigue gozando de una respetable legión de admiradores.

  Mi amigo (quien también estuvo conmigo en el concierto de los Rolling Stones, en 2007, reseñado en este espacio) y yo conseguimos situarnos en tercera fila, en una buena perspectiva. Detrás había gente ilustrada y de similares gustos, gente capaz de reconocer la grandeza de Twisted Sister o lo adecuado, en semejantes circunstancias, de que sonara The Boys Are Back in Town. Pues estaba presente la sensación de que regresaba a Madrid un grande que iba a suministrarnos un buen revulsivo para seguir luchando en estos días de mojigatería y dictadura de lo estúpidamente correcto.

  El concierto en sí lo disfruté enormemente, fue un espectáculo que no decayó en ningún momento. ¡Estábamos viendo a Alice Cooper con botas de montar y vara de mando! El nombre de la gira, Theatre of Death, y su lema, ya comentado en el artículo anterior, cobraron todo su significado. Fue un concierto escabroso, salvaje, con grandes dosis de humor negro y violencia gratuita: hubo diversas ejecuciones, empalamientos, maltratos, decapitaciones, camisas de fuerza y monstruos, y todo al ritmo de la mejor música de Cooper, que recurrió, al tratarse de un concierto conceptual, por así decir, a una lista de canciones que tenían que ver con las sangrientas acciones que se desarrollaban sin pausa en el escenario.

  Las tres primeras canciones fueron tres memorables himnos destinados a enloquecer al público: School’s Out, No More Mr. Nice Guy y I’m Eighteen. Como ya he dicho, muchas de las canciones estaban directamente relacionadas con el dantesco teatro de la muerte al que asistía el deleitado público y en el que se había sumergido por completo Cooper, que tan pronto era decapitado como ahorcado. Fue el caso, por ejemplo, de Poison (lógicamente, la canción más coreada), From the Inside, Nurse Rozetta, Only Woman Bleed, Vengeance Is Mine, Dirty Diamonds, Billion Dollar Babies, Killer o Feed My Frankenstein. Pocas de los años ochenta y noventa y mayoría cualificada de las de los setenta. En Elected, Cooper, consciente de la decadencia de Zapatero y de la clase política española en general, apareció con una bandera de España y pidió el voto para arreglar los problemas de nuestra maltrecha patria: "Kids want a saviour, don’t need a fake".

  Cooper, a sus 62 años, está en plena forma y no se cansó de encender al entregado público, de dirigir el asunto y de ser el protagonista de las ejecuciones más crudas, aparte de que cambió de vestimenta unas cinco veces. Regaló, en resumidas cuentas, una actuación impresionante. Hay que valorar el buen hacer de su banda, formada por músicos jóvenes de gran talento que dan el soporte perfecto a su indestructible líder. Fue un concierto en el que se arrojaron muchas cosas al público: desde la vara de Cooper hasta collares y dinero falso, pasando por las inevitables púas. ¡Y yo me quedé sin nada! No hubo suerte esta vez.

  Tras muchas canciones y mucha diversión, Cooper clausuró su teatro con School’s Out (otra vez). A la salida, mi amigo y yo vimos a Alaska en un extremo del mostrador de la tienda oficial. Lucía su sempiterno vestido negro y un rostro satisfecho. No tuve ocasión, pero le hubiera dicho que gracias a ella me había enterado del concierto. En ese puesto, un niño de unos diez años adquirió una camiseta Bien hecho, ahí está el futuro, pero it’s bed time.

  En fin, aun a riesgo de sonar poco o nada original, sólo puedo concluir con una exclamación llena de gozo y que los seguidores de Alice Cooper entenderán a la perfección: "He is back!".

"From the moment I leave my house or my hotel room, the public owns me. The public made Alice Cooper and I can’t imagine ever turning my back on my fans." (Alice Cooper)

Fdo. El Espantapájaros.

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  Alice Cooper es una vieja leyenda del rock and roll. Nacido en 1948, su carrera musical arranca en 1969 y se extiende hasta la actualidad con un ritmo muy regular, sin paréntesis considerables, lo que da idea de su magnitud. Por ello, es sumamente apropiado el lema que ha adoptado para su última gira de conciertos: "They keep killing them… and he keeps coming back!". Es incombustible, imparable. Aparte de su gira, ya prepara un nuevo disco para 2011.

  A Alice Cooper se le asocia con el estilo provocador, rebelde y excesivo que triunfaría en los ochenta. Muchos grupos de esos años prodigiosos y libres le tuvieron de modelo. Es un tipo de cantante y compositor atrevido, desenfadado, refrescante y, sin duda, con mucho espíritu, alguien que lo da todo. Y, al tiempo, nada endiosado o con pretensiones de infalibilidad. No es de esos artistas que pretende erigirse en guía moral de su pueblo más allá del contenido –nada despreciable— de sus canciones. En lo personal, es cristiano, republicano y golfista.

  Es conocido por sus conciertos generalmente macabros y sangrientos, lo que ha originado muchas controversias, espasmos puritanos e intentos de censura. Es un artista del shock, al modo de Dalí, que fue seguidor suyo. Si tuviese que adscribirle a un estilo musical, me decantaría por el hard rock en sentido amplio.

  A pesar de su larga carrera, opera aquí un sesgo ochentero que conduce a muchos a creer que sólo tuvo grandes éxitos en los ochenta. Desde luego, los obtuvo, en especial con Trash (1989), su disco más vendido y famoso. Pero, en rigor, su época dorada tuvo lugar en los setenta. Tras iniciar su carrera en solitario (Alice Cooper comenzó siendo un grupo), va a encadenar una serie de discos, muchos de ellos conceptuales, realmente impresionantes. Cabe destacar Welcome to My Nightmare (1975), Goes to Hell (1976) y From The Inside (1978). En ellos, y en los del grupo Alice Cooper (particularmente, Love It To Death, de 1971, Killer, del mismo año, School’s Out, de 1972, y Billion Dollar Babies, de 1973), se contienen sus himnos más memorables, reconocibles y legendarios.

  Los inicios de los ochenta fueron difíciles para Cooper dados sus problemas de alcoholismo. Había sido tratado con anterioridad en una clínica de desintoxicación, experiencia que reflejó en el ya citado disco From The Inside. Se conoce que en los ochenta recayó en su adicción, muy fuerte y destructiva, hasta el extremo de que Cooper ha perdido, en una suerte de amnesia alcohólica, los recuerdos de la grabación de dos de sus discos de principios de la década. Otra vez hospitalizado y por fin curado, se tomó un descanso de la industria musical, pues no regresaría, ya perfectamente adaptado a las corrientes de los ochenta, con Constrictor (1986) y Raise Your Fist and Yell (1987), dos discos arrolladores, alcanzando poco después el auge con Trash.

  Los noventa marcan el inicio de un progresivo declive de Cooper: aun estando plenamente consolidado, ya no va a disfrutar de éxitos tan sonados y espectaculares. Su disco Hey Stoopid (1991) es, a mi juicio, el último resplandor del glam metal de los ochenta frente a las tendencias grunge y el cambio cultural. Con todo, él ha seguido en la industria, luchando en muchos frentes (cine, radio, diversos espectáculos…) y lanzando nuevos discos (The Last Temptation, de 1994, Brutal Planet, de 2000, etcétera, siendo el más reciente Along Came a Spider, de 2008). No cabe duda de que es un grande, un icono. Lo bueno es que no sólo tiene un inmenso legado a sus espaldas, sino que continúa agrandando su fama y complaciendo a sus incondicionales. Ha afirmado que dejará los escenarios seis años después de que lo hagan los Rolling Stones, otros tan inmortales como él mismo.

  Y como me cuento entre sus seguidores, acudiré el próximo miércoles al concierto que ofrecerá en Madrid. La segunda parte de este texto sobre Alice Cooper, obviamente, estará dedicada a la crónica de ese concierto.

"If you’re listening to a rock star in order to get your information on who to vote for, you’re a bigger moron than they are. Why are we rock stars? Because we’re morons. We sleep all day, we play music at night and very rarely do we sit around reading the Washington Journal." (Alice Cooper)

Fdo. El Espantapájaros.

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  Cuentan que, en sus tiempos de estudiante en León, Zapatero estaba más interesado en los poemas de su profesor de Derecho Mercantil que en sus explicaciones sobre la función económica de la letra de cambio. Un dato muy revelador, característico del personaje, que ayuda a comprender por qué España no sale de la crisis por culpa, en parte, de la mala política de su Gobierno. A pesar de que pueda estar superada, la letra y su regulación ponen sobre la mesa temas importantes, como la circulación permanente del crédito, la confianza… En cambio, a Zapatero le atraía más la poesía. Beatus ille, un tópico renacentista que le pega a Zapatero y cosa incongruente en un supuesto servidor público.

  En su ambiente favorito, que es el del mitin, donde todo son aplausos de los borregos, Zapatero ha berreado hoy mismo dos afirmaciones inaceptables y que merecen una contundente contestación. Y ninguna tiene que ver con Cataluña. En ese aspecto, lo que sostiene Zapatero no es que sea inaceptable, es que es la suma de la ridiculez y de la farsa, si bien, tratándose de la política catalana, que es una política de campanario, no desentona.

  El presidente del Gobierno, de entrada, ha explicado a sus fieles que el culpable de que la crisis haya golpeado más fuertemente a España es el PP, ya que basó su modelo de crecimiento en la construcción. Zapatero, en su borrachera de poder, piensa que el poder político puede cambiar o alterar sustancialmente el modelo de producción con ideas de saldo como la de la economía sostenible. Aun aceptando que el PP hubiera creado y planificado la burbuja inmobiliaria, nada dijo o hizo Zapatero contra ella hasta el instante en que no le quedó más remedio que aceptar la existencia de la crisis. Sólo entonces se empezó a hablar de cambiar el modelo.

  Después, ha venido a decir que todas las mejoras sociales y bienestar de los españoles han llevado la firma del PSOE. Hasta aquí llegó. De ninguna manera hay por qué seguir tolerando la fatal arrogancia socialista que entiende que, si los ciudadanos viven bien y con desahogo, es gracias a su acción y a su bondad. Hay que desterrar la superstición política denunciada por Herbert Spencer, la creencia de que el poder político todo lo puede y todo lo ha de hacer. Naturalmente, el Estado tiene su esfera de competencias; es necesario para garantizar la seguridad y el cumplimiento de las leyes, y es decisiva una política fiscal y presupuestaria acertada. Pero, por lo demás, son los individuos los que deben procurarse su propio bienestar, es decir, ganarse la vida en un marco que, obviamente, será mejor o peor y que es donde deben actuar los políticos.

  No es admisible esa tendencia socialista que lleva a la dependencia, al pesebre, que no hace sino conducir a la esclavitud. "Cuanto más se extiende la acción gubernativa, tanto más cunde entre los individuos la creencia de que todo debe hacerse para ellos y nada por ellos": la frase de Spencer no podría ser más adecuada al caso ni estar más cargada de razón.

  Así pues, cuando Zapatero se crezca y olvide que allí donde vaya va a ser abucheado y despreciado con toda justicia, hay repetir sin descanso que él y los suyos negaron la crisis y trataron de engañar a los españoles con una contumacia nunca vista. Que, una vez asumida la crisis, la consigna fue no hacer nada, y no hubo ninguna reforma seria hasta 2010; en el ínterin sólo se malgastó dinero público a espuertas, con las consecuencias conocidas. Y, last but not least, que ha impuesto –obligado desde fuera– unos ajustes insuficientes en algún caso, mal planteados en otros y, en todos los casos, sin acuerdo con la oposición, o sea, realizados a golpe de decreto-ley. Así se las gasta el paladín del diálogo.

  Y todavía habrá que darle las gracias por prometer que el Papa no impondrá leyes en España. ¡Es justo lo que necesitábamos oír de su divino verbo!

Fdo. El Espantapájaros.

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  Como era de esperar, el Gobierno y el PSOE ya están en campaña electoral y –no es la primera ni será la última vez— el gran argumento contra el PP es el argumento del miedo. El miedo a una derecha que no debe gobernar jamás y que debe ser aislada mediante un cordón sanitario. El miedo a una derecha con una agenda oculta y perversa con la que tratará de desmantelar el Estado de Bienestar. En este sentido, la última entrevista a Mariano Rajoy en El País ha suministrado munición a Rubalcaba y sus palmeros, sin que haya aportado mucho a la causa de su partido. Rajoy sigue cayendo en las trampas más burdas y no ha perdido sus esencias.

  Aunque tenga las encuestas a su favor, el líder del PP, contra lo que comenta el entrevistador, sigue siendo muy dubitativo, muy inescrutable. En parte, es bueno que no muestre todas sus cartas. Haga lo que haga, el PSOE le va atacar, bien por tener una agenda oculta, bien por querer destruir cualquier atisbo de política social. Así pues, ya habrá tiempo para explicarse en la campaña de 2012.

  Rajoy, que tiene días buenos y días malos (y tocaba malo), se deja acorralar demasiadas veces por el afilado entrevistador. Frente a la atractiva bajada de impuestos que plantea, en concreto del IS y del IVA, antepone el entrevistador la resobada objeción de que cómo va a ser posible reducir el déficit si a la caja de la Hacienda Pública entran menos ingresos provenientes de la tributación. Falacias ya aducidas por los socialistas en tiempos pasados y que fueron refutadas por la fuerza de los hechos: de lo que se trata es de estimular la actividad económica, de que el ciudadano tenga más dinero en el bolsillo, de que se generen nuevos puestos trabajos y de que, en consecuencia, haya quien pueda pagar impuestos (razonables). De esta forma sí se puede combatir el déficit, ya que ahora, como no hay de dónde sacar dinero, la recaudación es forzosamente baja. Los socialistas mienten cuando sostienen que no se pueden bajar los impuestos sin grave quebranto para la Hacienda. Puede hacerse con responsabilidad y en el momento preciso. Y aunque Rajoy lo dice, no sólo lo hace con poca convicción, sino que se deja llevar por el entrevistador, que le acosa con sus absurdas inquietudes sobre cuánto se dejará de recaudar.

  En su mejor estilo, Rajoy alberga ideas un tanto peregrinas. Por ejemplo, la prohibición del déficit por ley me parece de dudosa eficacia. Otra cosa es que, en el marco del Estado autonómico, se haga necesario incentivar la responsabilidad fiscal. Pero aquí se vuelve a caer en el error de pensar que la legislación tiene propiedades mágicas y que va a convertir a unos políticos derrochadores en unos austeros administradores. También se echa en falta más valentía en algunos aspectos. Ya he alabado su prudencia más arriba, pero podría mencionar alguna propuesta de reforma del sistema educativo, del Poder Judicial, del mercado de trabajo…

  Respecto a nuevos ajustes y recortes, lo que no puede hacer Rajoy es alabar a Cameron y asegurar que haría algo similar en España y, acto seguido, dedicarse a desmentirlo explícita o implícitamente. Todo lo que propone es light, poco comprometido. Le pido a Rajoy que sea mínimamente coherente.

  Dos años atrás pensaba que era imposible que Rajoy llegará a La Moncloa. Hoy día, puede conseguirlo. Va a depender mucho de la recuperación de la economía y de su capacidad de aguante. Su ventaja personal es su amplia experiencia, haber resistido y superado muchas crisis y el hecho de que es un hombre cabal, moderado, previsible… Este perfil lo está haciendo valer el propio interesado, y es uno de sus aciertos. España necesita un gestor eficaz curado de ocurrencias y delirios. Además, tiene a su lado a Cristóbal Montoro, que es un economista solvente capaz de revisar "todos los papeles económicos" y presentar "un programa como Dios manda para cuatro años". Por lo demás, Rajoy sigue sobreviviendo gracias a sus arrebatos y a una política que "se sustenta en el silencio y la paciencia", como ha escrito Martín Ferrand. Al final, lo va a lograr a su manera.

Fdo. El Espantapájaros.

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