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Archive for 25 agosto 2013

  Como si fuera un tertuliano recalcitrante, el Fútbol Club Barcelona se está especializando en comentar (y desacreditar) las maniobras y asuntos del Real Madrid. Éste, por su parte, se está especializando en no replicar con los argumentos adecuados. El último episodio se ha producido a cuenta del fichaje de Gareth Bale, que ha sido tachado por la Tata de Messi de falta de respeto global. 

  Nada nuevo… Ya con la llegada de Cristiano Ronaldo hubo ocasión de sufrir un rosario de declaraciones que insistían en lo mismo: el precio excesivo, inmoral. Intervino Zapatero, la amojamada Salgado y hasta Sistach, el arzobispo nacionalista de Barcelona. Comprendí que toda esa gente desconocía o fingía desconocer las reglas básicas de un mercado libre… Y ahora he vuelto a asistir con estupefacción a las palabras de la Tata, aún no bien contrarrestadas por nadie del Real Madrid. 

  No hay ni puede haber en una compraventa tal precio excesivo o un precio justo. Simplemente hay un precio: el acordado libremente por las partes. Tras un proceso de negociación, habrá acuerdo en cuanto a cosa y precio, y eso es lo esencial. Si el comprador acepta un precio de 100 millones de euros, es porque, pura y simplemente, piensa que va a salir beneficiado, es decir, que lo que compra vale más de lo que cuesta. En el supuesto de un jugador de fútbol, el acierto o no sólo se demostrará a la larga, pero su no rentabilidad tampoco determinaría la inmoralidad del precio, sino tan sólo que el comprador hizo un mal negocio.   Por ejemplo, Sylvester Stallone se ha negado a pagar a Bruce Willis una cantidad que entendía desmesurada por su participación en The Expendables 3. Sly paga y Sly decide, no los gobernantes, los arzobispos o, peor aún, la competencia.   

  En un una economía libre, nada vale sino lo que el mercado está dispuesto a pagar por ello. Bale vale lo que vale, al margen de cualquier consideración, porque hay alguien que así lo considera. Ciertamente, es caro en comparación con otros. ¿Tiene esta evidencia implicación alguna para terceros? Para mí, no debería. Siguiendo los tórpidos razonamientos de quienes se quejan del precio alcanzado y proclaman que ellos lo hacen mejor, habría que concluir que el que debe fijar cuánto gasta el Real Madrid es alguien ajeno al contrato, quizá el propio Barcelona, pues nadie duda de sus valores y compromiso moral, a pesar de que a su estrella más rutilante se le haya imputado un delito contra la Hacienda Pública de no pequeña cuantía. 

  Naturalmente, la antedicha es una conclusión estúpida, por no hablar de otros problemas relacionados con la lógica. En caso de que el Real Madrid gastara 100 millones de euros en cuatro jugadores distintos en vez de en uno, ¿sería menos excesivo o irrespetuoso su modo de obrar? Es más, ¿empeora en algo la crisis económica que padece España que un club de fútbol desembolse 100 millones?     El único propósito de declaraciones como las de la Tata de Messi es, por supuesto, dañar al Real Madrid y volver al pueblo llano en su contra. No creo, sinceramente, que para resolver cuestiones morales debamos ponernos en manos de un equipo al servicio del excluyente y totalitario nacionalismo catalán y capaz de apropiarse de los colores de la Corona de Aragón, demostrando poco sentido del ridículo y derrochando cantidades ingentes de fanatismo.  

  En cuanto a los que compran y venden, lo deseable es que actúen con libertad. Libertad para acertar o para equivocarse; para gastar su dinero limpiamente ganado como deseen.  Confieso, como nota personal, que ver un partido de fútbol me aburre sobremanera. En cambio, encuentro interesantes los aspectos de este deporte que se entremezclan con la política y los negocios: a veces dan para ofrecer modestas lecciones que despejen las confusiones que, con mala fe, difunden ciertos mequetrefes del pensamiento.

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Sueños

  Encontré el guión (mejor con tilde) de Pulp Fiction en una mesa de la biblioteca pública donde cualquiera puede dejar libros o, como suele ser mi caso, llevárselos. Era un ejemplar en buen estado, sólo levemente desgastado, con el valor añadido de ser una primera edición (1994) en inglés.

  Al abrirlo, me llevé una pequeña sorpresa. Había una nota manuscrita en la página de respeto, una dedicatoria que rezaba así: “Algún día Tarantino se fijará en ti, pero hasta entonces creo que tendrás que conformarte con leer sus guiones. Por algo se empieza, ¿no? Muchas felicidades. Elena”.

  Mi curiosidad se activó de inmediato. ¿Quién era Elena? ¿Novia? ¿Amiga? ¿Familiar? ¿Y quién era el destinatario de la dedicatoria, o a qué se dedicaba o pensaba dedicarse cuando recibió el guión? Parece claro que al cine… ¿Tal vez como guionista? Compuse la imagen de un ser encerrado en su cuarto, escribiendo a máquina delirantes guiones a imitación de Tarantino y enviándolos a productoras españolas que, invariablemente, los rechazarían, porque en España –sobre todo en los noventa– sólo se hacen comedias con tetas, dramas con tetas y panfletos frentepopulistas sobre la Guerra Civil.

  Y ahora, supongo que muchos años después, guión y dedicatoria habían terminado en la mesa de la biblioteca donde la gente abandona los libros que, a su entender, no valen el espacio que ocupan. El paso que va del regalo con buenas intenciones a la res derelictae esconde, en este caso, un inocultable fracaso.

  “Por algo se empieza, ¿no?”… Está visto que, a veces, sólo se empieza. Y es que, como aseguraba Jardiel Poncela, pocos sueños se cumplen y la gran mayoría se roncan.

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