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Archive for 24 julio 2016

Durante demasiado tiempo, Europa ha dejado entrar a millones de inmigrantes tercermundistas, ya sea por incapacidad de proteger las fronteras (Italia) o por voluntad expresa (Suecia). Parece evidente que buena parte de esta población está interesada en nuestro bienestar material, no así en nuestra tolerancia, (ausencia de) valores, respeto por la libertad ajena e instituciones. Tienen una cultura diametralmente opuesta a la occidental. Y aunque la primera generación no dé problemas, es probable que la siguiente sí, porque vuelve a sus raíces o porque debido a su juventud es más susceptible de radicalizarse.

La entrada masiva de refugiados viene a agravar este problema. No se ha tenido en cuenta el impacto sobre la seguridad y los recursos. Y no es fácil atender a tanta gente a la vez que se procura su integración. Menos aún cuando ellos llegan con la impresión de que Europa les debe algo. Si se les deja, se van a comportar como conquistadores.

Hoy son atentados, ataques aislados como el del refugiado afgano del hacha, agresiones sexuales y barrios fuera de control (por ejemplo, en Bruselas, Estocolmo y ciudades dormitorio francesas). Mañana será peor. Por alguna razón, los países musulmanes no funcionan bien, anida en ellos una violencia terrible. Lo más llamativo es que muchos de los que escapan de allí quieren reproducir aquí esa misma situación.

Con ocasión del salvaje atentado de Niza, mucho se ha especulado con la vinculación del terrorista al Estado Islámico. Sea ésta mayor o menor, no hay que perder de vista lo esencial, que no es otra cosa que se ha producido un aumento de los ataques protagonizados por musulmanes, con una motivación religiosa o ideológica y buscando sembrar el terror en suelo europeo.

Obviamente, el Estado Islámico tratará de atribuirse todos y cada uno de estos atentados o asesinatos. No termino de comprender las bromas sobre este asunto. Como ya dije en su día, el peligro que encierra esa organización terrorista no es su capacidad operativa real, cada vez más mermada, sino el hecho de que se convierta en un referente para muchos jóvenes musulmanes que viven en Europa cargando con diversas frustraciones y que pueden llegar a albergar la idea de imponer su religión.

En lugar de dedicar tantos discursos vanos a presentar al Islam como una religión de paz o a alabar las bondades de la inmigración, los dirigentes europeos deberían poner todos sus esfuerzos al servicio de la seguridad y libertad de sus ciudadanos. Ello exige control de las fronteras y una mayor y mejor vigilancia doméstica. No se puede mirar a otro lado si hay mezquitas adoctrinando, o simplemente si hay lugares donde una mujer no puede pasear con falda corta.

La lista de cadáveres va creciendo y nada indica que las cosas vayan a mejorar gracias a las lágrimas, rezos o apelaciones vacuas al Estado de Derecho de tantos y tantos perdedores. Donald Trump fue claro: “When will we get tough, smart and vigilant?”. Esto no puede continuar así.

No seamos ingenuos o víctimas del discurso políticamente correcto. Si seguimos inermes, quizá pasemos nuestra jubilación rezando cinco veces al día en dirección a La Meca.

Hay que levantar un muro, real o metafórico, o ambas cosas a la vez, y defender la única civilización, que es la occidental.

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