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Archive for 29 enero 2017

El Ayuntamiento de Madrid está promoviendo la participación ciudadana. Así, ha jugueteado ya con presupuestos participativos y con consultas a los vecinos sobre ciertos temas. ¿Hasta qué punto pueden funcionar o ser saludables estas fórmulas?

Es grande mi escepticismo. En una democracia representativa, la toma de decisiones corresponde a los representantes, tarea para la que han sido elegidos. Consultar de forma constante a la ciudadanía no es sino una vía de eludir responsabilidades por parte de los políticos. Si algo sale mal a posteriori, siempre podrán poner como excusa que el pueblo decidió. La trampa radica en que las más de las veces los ciudadanos no cuentan ni con la capacidad ni con la información necesarias para enfrentarse a esas decisiones, de manera que se deja guiar por lo inmediato, lo visceral o lo más apetecible a corto plazo. La opinión pública es sumamente voluble.

Las últimas iniciativas del Ayuntamiento gobernado por la enajenada Manuela Carmena ejemplifican lo expuesto hasta ahora. En una carta dirigida a los vecinos, un tal Gregorio Planchuelo, alto cargo municipal, llama a votar sobre varias propuestas (una de ellas es un catálogo de disparates ecologistas concebido por un grupo de presión verde). Las deficiencias de esta supuesta invitación a participar son múltiples.

Por lo pronto, considero una grosería que el señor Planchuelo trate de tú al vecino en su carta, en vez de usar el tratamiento de usted, que es el más respetuoso en español y el que cabría esperar de una Administración que se dirige al ciudadano. En segundo lugar, la información sobre ambas propuestas sometidas a consulta es incompleta, ya que ni en la carta ni en la página abierta en Internet se precisa o al menos estima el coste presupuestario que tendría su implementación: esta clase participación ciudadana es fraudulenta, porque no se puede decidir únicamente sobre la base de unas proclamas muy adornadas pero probablemente costosas. Por último, los muy someros informes sobre la competencia del Ayuntamiento adolecen de imprecisión (por ejemplo, se asegura con total ligereza que el Ayuntamiento “puede  intentar  llevar  a  cabo  la  mayoría  de  las  iniciativas, aunque probablemente no todas sean ejecutables a nivel municipal”), lo que pone de relieve que no se trata tanto de conseguir resultados, sino de vender humor al ciudadano.

Todo esto, además, no sale gratis al contribuyente. Detrás de los cauces participativos hay dinero público financiando personal, instalaciones, páginas en Internet, correspondencia, votaciones… Por tanto, la participación diseñada por Carmena es tan engañosa como gravosa.

Creo que los políticos o representantes deben dedicarse a su papel, el de adoptar decisiones que posteriormente serán examinadas en las urnas, y dejar en paz a los ciudadanos en la medida de lo posible. La participación directa, siempre bajo la premisa de que se proporcione toda la información relevante, debe quedar reservada a casos excepcionales (en los términos del art. 92 de la Constitución).

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Toda película con el sello Star Wars siempre genera las más altas expectativas. En el caso de Rogue One: A Star Wars Story (2016), los adelantos pusieron el listón muy alto y, a mi entender, el hecho de que no perteneciese a una trilogía incrementaba el interés por ella, en la medida en que sería una entrega con menos ataduras.

Debo decir que Rogue One no me decepcionó, aunque tenga algunos defectos. No parece necesario compararla con The Force Awakens (2015), que perseguía una finalidad distinta y estaba obligada a sentar las bases de una nueva trilogía, en tanto que Rogue One se desarrolla en un contexto ya conocido por el espectador.

El filme se abre con una brillante escena que me recuerda al inicio de Malditos bastardos (2009). El ambicioso director Orson Krennic (Ben Mendelsohn) exige la ayuda —voluntaria o, si no, a la fuerza— del científico Galen Erso (Mads Mikkelsen), un antiguo colaborador renegado, para completar una poderosa arma de destrucción masiva que garantice la paz en la galaxia, aunque sea la paz de los cementerios. Se produce un tiroteo y la hija de Galen, Jyn, contempla la muerte de su madre y el rapto de su padre. Ella consigue escapar, pero su infancia ha terminado.

La trama, como es de sobra conocido, gira en torno al robo de los planos de la Estrella de la Muerte. Sin llegar tener tanto peso en la trama, este mismo tema —aquí se trataba de los planos de la segunda Estrella de la Muerte— aparecía en la novela Shadows of the Empire (1996), de Steve Perry. En cualquier caso, la misión implica un tour de force harto gozoso (con el consiguiente desfile de nuevas unidades militares y vehículos, tanto imperiales como rebeldes).

Rogue One es, sobre todo, una película bélica que no escatima tiros ni explosiones, amén de presentar un aceptable body count. Son numerosos los aciertos, como la apuesta por el tono sombrío y serio, las apariciones estelares de personajes míticos, el final heroico y la trabazón con el episodio cuatro. Lo peor es que sobran explicaciones en el último tramo y que de los adelantos a la película se han perdido varias escenas prometedoras.

Un problema puesto de relieve por varios críticos es que los personajes no tienen una buena caracterización, lo que se debe a un ritmo acelerado, a un elenco numeroso y a la sucesión de batallas. Es cierto que Jyn (Felicity Jones) es algo fría y que Cassian Andor (Diego Luna) no da mucho de sí, pero, a pesar de todo, su gesta contra el Imperio es emocionante y hay en ellos un cierto halo fatalista que a mí me seduce. Por su parte, el androide K-2SO (Alan Tudyk) es encantador.

En cuanto al villano, ninguna objeción. Después de muchos Sith, era conveniente alguien más normal, más humano. Krennic no es más que un burócrata que pretende ascender en la jerarquía imperial gracias a un proyecto colosal, la Estrella de la Muerte. Pero su camino a la cima se ve obstaculizado por figuras más principales… En este sentido, creo que es un personaje interesante, pues permite explorar nuevos ángulos de la lucha por el poder en el Imperio.

En última instancia, en Rogue One confluyen la esperanza en que Jyn transforma su rencor, pagando un alto precio, y las aspiraciones que finalmente ahogan a Krennic. La conflagración resultante es digna de verse. Una aportación, en definitiva, más que destacable al Universo Star Wars

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