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Archive for 11 junio 2017

Con cada nuevo atentado islamista en suelo europeo, se repiten las mismas escenas y declaraciones. Los ciudadanos lloran, impotentes, y muchos políticos afirman que debemos seguir viviendo igual y, en especial, no ligar Islam y terrorismo ni criticar la religión favorita de no pocos izquierdistas.

A lo largo de la Historia, y por poner un ejemplo claro, la Iglesia católica sufrió un proceso de cuestionamiento y se establecieron límites a su influencia. “Écrasez l’infâme!”, decía Voltaire. ¿Hoy le dejarían decir lo mismo sobre el Islam? Si cualquier crítica es tachada de discurso del odio y se intenta censurar, difícilmente podrá esa religión evolucionar e integrarse plenamente en las sociedades occidentales.

Porque es evidente la relación entre Islam y terrorismo. Existe un sistema de creencias que alimenta la intolerancia, la imposición y, en última instancia, el radicalismo. Frente a las justificaciones del Papa, que habla de injusticia y pobreza, el terrorismo no necesita una excusa válida para asesinar. Nos quieren matar porque somos infieles. No hay más.

Aun siendo el mayor, el terrorismo no es el único problema vinculado a la inmigración musulmana. Hay guetos, comportamientos vandálicos y prácticas contrarias a los valores propios de Occidente. Quien lo dude puede darse un paseo por ciertos barrios de Estocolmo o por Molenbeek, en Bruselas.

He de insistir. Sin crítica y exigencia, no hay reforma posible. Pretender que grupos ingentes de personas con una cultura y valores radicalmente distintos a los occidentales se integren dejándoles a su aire es tan ingenuo como peligroso. Fernando Savater lo ha manifestado sin cortapisas: “Hay que respetar la parte de las religiones compatible con una vida civil democrática”.

El problema se agrava por mor de la fascinación que el Islam ejerce sobre la izquierda. Como escribí hace un tiempo, las razones de este fenómeno “hay que buscarlas en el odio a Occidente que anida en buena parte de la izquierda, en complejos históricos y en cierta inclinación tercermundista como último recurso frente a la sociedad abierta, capitalista y consumista que no pueden soportar los iluminados de turno”. En el fondo, es natural que a la izquierda le atraiga una religión cuyo nombre significa “sumisión”.

De esta forma, Pedro Sánchez y el pijo Agarzón, furiosos laicistas cuando se trata del catolicismo, celebran públicamente el Ramadán con cursis palabras, mientras concejales de Ahora Madrid se manifiestan contra el rechazo al Islam junto a un nutrido grupo de hombres musulmanes (las mujeres estarían en casa, donde les corresponde). También recuerdo a García-Page, del PSOE, partido que se define como feminista, entregando un premio a una mujer ataviada con un burka, símbolo de la opresión a la mujer.

Con semejante izquierda no se puede contar para lograr un Islam moderado e integrado en Europa, si es que tal cosa es posible. Con lo que sea que representa Merkel y compañía, que no lo sé, tampoco, eso por descontado. ¿No hay, pues, esperanza? Quizá sí, a tenor de algunas reacciones. La gente va tomando conciencia de la magnitud del reto, aunque no faltan pusilánimes, ungidos y engañabobos que invitan a comportamientos suicidas. De momento, guardémonos las espaldas y sigamos denunciando lo que ocurre.

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