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Archive for 16 julio 2017

Esta bitácora suma ya más de doce años de vida. Fue en 2005 cuando la abrí; desde entonces, he escrito en ella con regularidad, procurando despertar el interés de los lectores, quienes a veces me han premiado con su fidelidad y comentarios.

La decisión que voy a anunciar viene dictada por la evolución lógica de las cosas. Ha llegado la hora de poner fin a El tonel del cínico. Los motivos del cierre nada tienen de especial. Son muchas mis ocupaciones y poca la atención que puedo prestar al blog, aparte de que este medio hace tiempo que está en declive.

Creo que he sido un autor constante y fiel a unos principios, y he tratado de ser coherente. Allí donde esté, seguiré abogando por la libertad individual, la economía de mercado y el gobierno limitado en el marco de la Constitución española. Por otra parte, la unidad de la nación y la igualdad jurídica de los españoles son pilares de la convivencia que deben ser salvaguardados. No voy a dejar de escribir y de defender mis convicciones. Como afirmaba una canción de los años ochenta, “Never surrender to the clouds inside your mind / Never retreat from who you are, no”.

Si alguien desea repasar la historia del blog, puede leer el artículo que escribí con ocasión de su décimo aniversario. Aunque allí ya expresé diversos reconocimientos, no puedo por menos que volver a referirme a Octopusmagnificens, que, si no me equivoco, es el único superviviente del grupo que empezó a dar guerra allá por 2005. Su blog es el mejor de cuantos he conocido, sin duda, y ahora también está en activo en Tumblr y Twitter, con publicaciones siempre recomendables.

La experiencia vivida con El tonel del cínico ha sido edificante en muchos sentidos, ya sea como ejercicio intelectual, como espacio de debate, como forma de desahogo… Pienso que, dentro de mis modestas posibilidades, he realizado aportaciones valiosas. Lo dejo sin melancolía, con la sensación de haberlo hecho razonablemente bien. A fe que lo he disfrutado.

Diógenes Laercio recogió en Vida de los filósofos ilustres las diferentes versiones que circularon sobre la muerte de Diógenes de Sinope, el cínico. Pudo morir de un cólico tras ingerir un pulpo entero o como consecuencia del ataque de unos perros con los que compartió un pulpo. También se decía que se había suicidado conteniendo la respiración. En cualquier caso, todas estas muertes expresan su peculiar filosofía.

El final del Espantapájaros como personaje es más abierto y lo enlazo con las palabras que cerraban una de mis películas favoritas: “And the Road Warrior? That was the last we ever saw of him. He lives now… only in my memories”.

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